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Felipe González en la Conferencia de los Partidos Socialistas del Sur europeo (1976)


Felipe González y Michel Rocard en un congreso de los partidos socialistas europeos en París el 25 de enero de 1976, Francia. / Foto de Alain MINGAM. Felipe González y Michel Rocard en un congreso de los partidos socialistas europeos en París el 25 de enero de 1976, Francia. / Foto de Alain MINGAM.

En 1976 se celebró en París la Conferencia de los Partidos Socialistas del Sur de Europa para examinar las características comunes y la posibilidad de incrementar la coordinación y colaboración entre los mismos. Allí estuvieron representados los Partidos Socialistas de Francia, Italia, Portugal, Bélgica y el PSOE, además de asistir como observadores los socialistas de Luxemburgo, el PASOK griego, el SPD y Hans Janichek, como secretario de la Internacional Socialista. Este artículo gira en relación con la intervención de Felipe González. En uno siguiente nos detendremos en el informe presentado por el PSOE.

El secretario general del PSOE dividió su intervención en dos partes: una primera en general sobre el socialismo y la construcción de Europa, y una segunda, más destacada, en clave española.

González comenzó subrayando que era una manipulación el supuesto divorcio entre el socialismo del norte y el sur de Europa. Para todos era fundamental la construcción de una Europa que estuviera marcada por la orientación del socialismo democrático. Esa construcción debía tener una gran importancia frente al reparto del mundo en bloques de influencia, y como referencia para el Tercer Mundo y todos los movimientos de liberación, para los países que aspirasen a la construcción de una sociedad socialista.

Por otro lado, González subrayó la importancia que tenía para el socialismo que los partidos comunistas se estuvieran despegando de la URSS porque eso suponía un fortalecimiento de la lucha por la construcción de una sociedad democrática, sin olvidar esa democracia en su propia estructura interna.

Pero, sin lugar a dudas, su discurso se centró en España y en la actitud socialista a los pocos meses de la muerte de Franco.

España vivía una situación especial porque seguía en dictadura, la última de Europa. Por eso el papel del socialismo español era distinto al que realizaban los partidos homólogos. La tarea era reconquistar la democracia, y no defenderla o reforzarla como se podía hacer en Francia, Bélgica o Italia. Pero, también es cierto, siempre en opinión de González, que España iba a jugar un papel decisivo en el último cuarto del siglo XX para la evolución de Europa, general, y del Sur, en particular. Además, González relacionaba entre sí la potencialidad socialista en la alternativa democrática española y el crecimiento de la influencia de los partidos socialistas del sur europeo. Debemos entender que este discurso es del final del invierno de 1976 y, sin lugar a dudas, esta idea terminaría por hacerse realidad, con la potencia socialista electoral en España, y su evidente influencia en el seno del socialismo del sur y del resto de Europa como nunca, seguramente, había tenido en su larga historia pasada.

La necesidad del socialismo español era quebrar las instituciones que componían la “superestructura” política de la dictadura. Y eso condicionaba la política de alianzas, condicionaba al PSOE. Por eso era inapelable el compromiso de todas las fuerzas que luchaban por la ruptura democrática. Y González apelaba a la importancia de la izquierda en este camino. En esta frase no hablaba de socialismo, sino de izquierda.

González expresaba que las relaciones de poder en España, claramente a favor de la derecha industrial y financiera, con una potente ultraderecha, podían modificarse en el curso de los acontecimientos y era de esperar que en el cambio democrático los socialistas pudieran avanzar en la construcción de una sociedad socialista. Si, anteriormente, González vaticinaba un crecimiento del PSOE en la sociedad española, y por ende, en el contexto socialista europeo, ahora cabría preguntarse, en nuestra opinión, la dimensión del concepto de sociedad socialista. Aún se defendía la lucha de clases y el marxismo; el cambio llegaría unos pocos años después.

La defensa de la concertación con otras fuerzas venía dada por la resolución del XIII Congreso del PSOE, que afirmaba la necesidad de llegar a una alianza entre todas las fuerzas que luchaban contra la “ruptura democrática”. Felipe González explicó que no se trataba de construir un programa común de izquierdas sino de llegar a la democracia donde cada fuerza política ya vería la influencia que tenía entre la población española. También consideraba que aún alcanzando el 51% de los votos la izquierda española no podría gobernar con un frente o unidad popular porque la derecha gozaba de apoyos muy sólidos en el ejército que, realmente, tenía poder real. Esto condicionaba la estrategia de la izquierda y la actitud del PSOE, y por eso eran necesarias las alianzas que superasen la simple mayoría para poder acceder al poder.

González afirmaba que las dificultades del proceso en España eran considerables. Había un clima de confusión política. El gobierno trataba de dividir a las fuerzas democráticas que estaban luchando por la ruptura, y ese mismo gobierno estaba proclamando la exclusión en ese futuro democrático de alguna de las fuerzas, pero, por otro lado, alguna de esas mismas fuerzas estaba manipulando el proyecto del gobierno para su propio beneficio contribuyendo a desunir a la izquierda. No cabe duda que estaba aludiendo al PCE. Ante la posición gubernamental, el PSOE adoptaba una postura bien clara, y que pasaba por no aceptar ningún compromiso con el poder que comportase la exclusión de la vida política de cualquier fuerza democrática. La alternativa socialista defendía llegar a un compromiso con los partidos políticos y organizaciones sindicales, sin olvidar los organismos que operaban en las distintas “nacionalidades del país”.

González no quería dejar de explicar que el camino no iba a ser fácil ni rápido.

La intervención de Felipe González terminó dejando clara que la posición del PSOE era la de la ruptura, y no sólo por razones tácticas sino por razones profundamente ideológicas. La alternativa democrática, por lo tanto, pasaba por esa unión de fuerzas democráticas, con su reflejo político, pero también sindical, en clave de defensa de los intereses como clase de los trabajadores.

El discurso fue publicado en el número de 10 de marzo de 1976 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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