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Diego Muñoz-Torrero en la Constitución de Cádiz

El 16 de marzo de 1829 moría Diego Muñoz-Torrero en Portugal a consecuencias de las torturas recibidas, encarcelado por sus ideas liberales, uno de los padres de la Constitución de 1812. En este artículo nos acercamos a su capital papel en las Cortes de Cádiz.

Muñoz-Torrero nació en Cabeza del Buey (Badajoz) en el año 1761, y se destacó como estudiante en Salamanca. Se ordenó sacerdote y alcanzó la cátedra de Filosofía en dicha Universidad en 1784. Tres años después sería elegido rector. Muñoz-Torrero demostró en el ámbito académico un intenso espíritu de reforma en la educación, acorde con los cambios ilustrados. Su labor fue intensa, arreglando conflictos entre Facultades, apostando por aumentar los fondos bibliográficos y por la reforma de los planes de estudios.

Posteriormente, fue canónigo en la Colegiata de Santa María de Villafranca del Bierzo. En el inicio de la Guerra de la Independencia jugó un destacado papel en la resistencia frente a los franceses, planteando ya claramente su ideología liberal, contraria a la invasión y ocupación napoleónica, pero no desde una perspectiva absolutista. Muñoz-Torrero comenzó a ser un protagonista del primer liberalismo español. El país necesitaba importantes cambios y reformas, sin regresar al sistema político anterior.

En el verano de 1810 estaría en la Isla de León, en Cádiz, como diputado por Extremadura. Su elección fue complicada, como muchas que se celebraron en aquel momento de crisis y guerra. Extremadura tenía derecho a nueve representantes por la provincia, uno por la Junta superior de la misma y otro por cada una de las ciudades extremeñas, que hubiesen enviado procuradores a las Cortes de 1789. Después de una sesión complicada sería elegido, pero su elección sería recurrida en la junta electoral. Al parecer, los defensores del recurso temían la ideología liberal de Muñoz Torrero.

En ese momento comenzó su protagonismo indiscutible en las Cortes. En la sesión inaugural de las mismas, celebrada el 23 de julio de 1810, defendió un verdadero programa revolucionario liberal cuyos puntos fundamentales eran los siguientes: soberanía nacional, separación de los poderes, abolición de la Inquisición y la libertad de prensa.

Muñoz-Torrero tuvo éxito en conseguir que las Cortes aprobasen un Decreto sobre la libertad de imprenta. Además, en unión a su compañero por Extremadura, Manuel Luján, dio cuerpo a un texto fundamental sobre la soberanía nacional que suponía el fin de la soberanía real absoluta, y que se consagraría en el famoso Decreto de 24 de octubre de 1810.

El texto legal proclama la soberanía nacional antes que fuera establecida en la Constitución de 1812, al afirmar que “los diputados que componen este Congreso, y que representan la Nación española, se declaran legítimos en Cortes Generales y Extraordinarias y que reside en ellos la soberanía nacional”. Además, obliga al Consejo de Regencia, heredero de la Junta Suprema Central, a reconocer “la soberanía nacional de las Cortes” y a jurar obediencia de lo que de ellos se emanase.

Dicho Decreto pretendía dejar clara la ilegalidad de las abdicaciones de Bayona, por las que Fernando VII, así como su padre, aunque no es citado en el texto, abdicaron y cedieron el trono al hermano mayor de Napoleón, José I. Dicha ilegalidad se basaría, según lo dispuesto, en la violencia que intervino en el hecho pero, fundamentalmente y en consonancia con la soberanía nacional, en que no se realizó con el consentimiento de la nación. Así pues, el nuevo régimen josefino sería ilegítimo, quedando patente que tampoco un rey podía acceder a un trono o dejarlo sin que mediase la voluntad de la nación.

Por último, el Decreto establecía la división de poderes, otro pilar fundamental de la contemporaneidad, de la Revolución liberal. A las Cortes le correspondería el poder legislativo “en toda su extensión”.

El 2 de marzo de 1811 fue nombrado presidente de la Comisión encargada de redactar la Constitución, donde estaría también Agustín Argüelles y Evaristo Pérez de Castro.

Muñoz-Torrero fue detenido con la restauración absolutista de Fernando VII. Por su condición de sacerdote sería internado en el Monasterio de San Francisco de Padrón (A Coruña). Allí se pasó todo el Sexenio Absolutista.

Con el Trienio Liberal volvió a la vida pública. Fue elegido diputado por Extremadura, y las nuevas Cortes le nombraron presidente de la Diputación Permanente. Allí se empeñó en la abolición de la Inquisición. El gobierno liberal le nombra obispo de Guadix, pero Roma no refrendó el nombramiento.

Con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis que repusieron el carácter absolutista de la Monarquía, Muñoz-Torrero decide emprender el camino del exilio rumbo a Portugal. Pero allí sería detenido y brutalmente tratado en la Torre de San Julián de la Barra.

Bibliografía:

González Caballero, Juan Antonio: "Vida de Diego Muñoz-Torrero, mártir del primer liberalismo español", en El comienzo de la Guerra de la Independencia: Congreso Internacional del Bicentenario: Madrid, 8-11 de abril de 2008, Emilio de Diego (dir.) y José Luis Martínez Sanz (coord.). San Sebastián de los Reyes, 2009.

Del mismo autor, “Diego Muñoz-Torrero: La vida y obra de un Diputado liberal en las Cortes de Cádiz”, en Actas de las II Jornadas de Historia de Mérida, La Guerra de la Independencia: Mito y Realidad. Mérida:, 2009, páginas 233-260.

Rubio Llorente, Francisco: "Diego Muñoz-Torrero: un liberal trágico" en Claves de razón práctica, Nº 185, 2008, pags. 46-51.

Vicente Algueró, Felipe-José de. "El catolicismo liberal en España", Madrid, Encuentro, 2012.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.