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EL PERIÓDICO
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A Teresa y todas las mujeres con coraje que un día vencieron al miedo


Te conocí en días de pandemia,

calles solitarias, risas cautivas,

el desconcierto en la mirada,

apenas susurrada la voz.

Un fino hilo etéreo, invisible

comenzaba a tejer lazos de mariposas

sutiles y, sin embargo, perennes.

Vacilantes palabras trillando un camino

que habríamos de recorrer juntas

tu mano en la mía, alzando el vuelo.

Atrás debían quedar la tristeza y el olvido, la traición y la pena.

Delante, la luz escondida en tu regazo

luchaba por abrirse camino.

Teresa, conquistaste el sol, la luna, el viento y la noche

todo anidaba en ti sin que el espeso velo de sueños rotos te dejara respiro.

Aprendiste a ver los colores del arco iris en cada gota de agua,

a escuchar las melodías más dulces en cada latir de tu alma,

a encarar cada hora con la magia de tu propia vida

y a moverte por ella sin brújulas ni mapas ni varitas mágicas.

En un rincón olvidado encontraste la llave del cofre

lleno de tesoros que te aguardan.

Abriste puertas y ventanas por las que entraron

luminosos rayos de luz,

y fuiste capitana de tu destino.

Tu pisada perdió el miedo a caer,

tus pasos comenzaron a resonar fuertes

sobre el asfalto en el que dejan huella.

Y el mundo fue un pequeño globo terráqueo girando entre tus manos.

Luz Modroño es doctora en psicóloga y profesora de Historia en Secundaria. Pero es, sobre todo, feminista y activista social. Desde la presidencia del Centro Unesco Madrid y antes miembro de diversas organizaciones feministas, de Derechos Humanos y ecologistas (Amigos de la Tierras, Greenpeace) se ha posicionado siempre al lado de los y las que sufren, son perseguidos o víctimas de un mundo tremendamente injusto que no logra universalizar los derechos humanos. Y considera que mientras esto no sea así, no dejarán de ser privilegios. Es ésta una máxima que, tanto desde su actividad profesional como vital, ha marcado su manera de estar en el mundo.

Actualmente en Grecia, recorre los campos de refugiados de este país, llevando ayuda humanitaria y conviviendo con los y las desheredadas de la tierra, con los huidos de la guerra, del hambre o la enfermedad. Con las perseguidas. En definitiva, con las víctimas de esta pequeña parte de la humanidad que conformamos el mundo occidental y que sobrevive a base de machacar al resto. Grecia es hoy un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Las tensiones provocadas por la exclusión de los que se comprometió a acoger y las medidas puestas en marcha para ello están incrementando las tensiones derivadas de la ocupación tres o cuatro veces más de unos campos en los que el hacinamiento y todos los problemas derivados de ello están provocando.