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EL PERIÓDICO
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Contrastes


  • Escrito por N. Estévanez
  • Publicado en Poetas

Espléndido salón, bellos tapices,

del Arte y la Natura los primores

en aromas, colores y matices,

de hermosos cuadros y fragantes flores.

 

Consejeros y socios de la Empresa,

en mullidos sillones reclinados,

trabajan sin descanso en una mesa

cubierta de licores y de helados.

 

Entre cuentas y cuentos

ven transcurrir las perdurables horas,

cual fugaces momentos

de risas bienhechoras.

 

Un señor secretario,

más orgulloso que una estatua ecuestre,

va cortando del libro talonario

los gajes del trimestre.

 

Y se va cada cual por donde vino

bendiciendo su sino.

 

Como dantesca sombra se desliza

á la luz resinosa de una tea,

una figura negra que horroriza;

parece un hombre...; dudo que lo sea.

 

Desnudo y encorvado y sudoroso,

famélico y sediento,

se agita sin reposo

en peligro constante de hundimiento,

ahogándose en la estrecha galería

donde un siglo parece cada hora

al que trabaja allí desde la aurora

hasta que muere el día.

 

¡Cuántos parias así viven y mueren

condenados á torpe servidumbre.

porque así lo requieren

la sociedad, la ley y la costumbre!

 

A media noche duerme el accionista

sobre blandos colchones,

y, aun en sueños, le pasan por la vista

dividendos, billetes y cupones.

 

El minero, en su choza miserable,

sobre el jergón dormita,

y en sueño ve pasar su inolvidable,

su constante ilusión: ¡la dinamita!

 

(Vida Socialista, 14 de agosto de 1910)