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La paradoja del Govern: discrepancias permanentes, ruptura (casi) descartada


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El Govern de Pere Aragonès celebra mañana martes su última reunión antes del parón veraniego, en medio de las permanentes tensiones entre socios, incapaces de consensuar un plan hacia la independencia y con la herida abierta por la suspensión de Laura Borràs, aunque, paradójicamente, no hay tambores de ruptura.

Estas son las claves del próximo curso político en Cataluña:

PROYECTOS DIVERGENTES

En vísperas del quinto aniversario del referéndum unilateral del 1-O de 2017, el sí a la independencia ha tocado fondo en el último Barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, con un 41 %, reflejo de la desmovilización independentista alimentada por las constantes peleas entre ERC, JxCat y la CUP.

El acuerdo de legislatura sellado en mayo de 2021 por ERC y JxCat contemplaba la creación de un "espacio de coordinación, consenso y dirección estratégica colegiada" del independentismo, donde debería cristalizar una hoja de ruta unitaria, pero ese objetivo está lejos de cuajar, ya que los proyectos están demasiado alejados.

Tras la concesión de los indultos a los presos del 1-O, en junio del año pasado, ERC apostó por encauzar el procés por la vía de la negociación, a través de la mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez, que se reactivó en septiembre de 2021 y volvió a reunirse la semana pasada, sin presencia de consellers de JxCat.

JxCat da ya por enterrada la mesa de diálogo e insiste en defender la "confrontación democrática" con el Estado, si bien en el Plan de Govern la vía dialogada sigue figurando -al menos hasta 2023- como objetivo a cumplir.

BLOQUES AGRIETADOS

Tampoco la CUP, que facilitó la investidura de Pere Aragonès, comparte la estrategia de diálogo de ERC y, de hecho, ya se negó a apoyar los últimos presupuestos de la Generalitat, lo que quebró la "mayoría del 52 %" independentista de las elecciones del pasado año.

El Govern de Aragonès se desliza hacia la superación de los rígidos bloques del procés, al pactar los últimos presupuestos con los comunes y abrirse a volver a hacerlo con las cuentas de 2023.

A ese acuerdo presupuestario podría sumarse incluso el PSC, cuyo primer secretario y jefe de la oposición en Cataluña, Salvador Illa, encabeza ahora mismo las encuestas: los socialistas obtendrían entre 36 y 42 escaños, por delante de los 31-37 de ERC, según el CEO.

Illa ha imprimido un estilo pactista -en contraste con la oposición ejercida por Ciudadanos en la pasada legislatura- y su mano tendida ya ha dado como fruto un acuerdo: la ley que pretende blindar el modelo educativo en Cataluña, con el catalán como lengua vehicular y el castellano reconocido como lengua de uso curricular.

Los acuerdos sobre desjudicialización de la política y protección del catalán, alcanzados en la última reunión de la mesa de diálogo, refuerza este movimiento tectónico -favorecido por ERC, PSC y En Comú Podem- que está agrietando los bloques independentista y no independentista.

TERREMOTO POR BORRÀS

En este contexto de recomposición de estrategias, una nueva sacudida amenazó la semana pasada con zarandear los cimientos del Govern: la suspensión de la presidenta de JxCat, Laura Borràs, como diputada y presidenta del Parlament, con los votos de ERC, la CUP y el PSC en la Mesa de la cámara catalana.

La reacción de Borràs fue furibunda, llegó a acusar a ERC y la CUP de actuar como "jueces hipócritas" y ser "cómplices" de la "guerra sucia" contra el independentismo, mientras el expresidente catalán Quim Torra, muy próximo a ella, invitaba a JxCat a "reflexionar" seriamente sobre su eventual salida del Govern.

Sin embargo, la dirección de JxCat ha reaccionado con prudencia, mostrando su apoyo a Borràs pero ahorrándose cualquier declaración o decisión que suponga una voladura de puentes con ERC.

Los sectores pragmáticos de JxCat, procedentes en buena medida de la antigua Convergència, son reacios a dejarse arrastrar por la estrategia del ala más unilateralista, abanderada por Borràs.

El martes pasado, a puerta cerrada, diversos consellers y altos dirigentes de JxCat pidieron a Borràs que diese un paso al lado para evitar un choque parlamentario; el secretario general, Jordi Turull, intervino el último y, según fuentes del partido consultadas por Efe, buscó un equilibrio: cierre de filas con la presidenta de Junts pero sin poner en cuestión la continuidad de la coalición de Govern.

En otoño, Junts consultará a su militancia sobre continuar o no en el Govern y los partidarios de romper ya piden adelantarla -por el caso Borràs y porque ERC "olvida" amnistía y autodeterminación en la mesa de diálogo-, pero ahora mismo, en vísperas de un año electoral lleno de incertidumbre como 2023, la mayoría de pesos pesados de JxCat no se plantean pasar a la oposición.

 

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