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El pequeño comercio reivindica su papel en la crisis del coronavirus

  • Escrito por Ana Márquez
  • Publicado en Economía
MADRID, 29/03/2020.- Un hombre espera su turno en una frutería del Mercado de Antón Martín en Madrid. Las colas para comprar en los supermercados se han vuelto parte del paisaje urbano ante el estado de alarma por la pandemia del coronavirus, pero las tiendas de alimentación de barrio y los mercados municipales reivindican su papel y logran mantener a la clientela pese a las dificultades. EFE/ Ana Márquez MADRID, 29/03/2020.- Un hombre espera su turno en una frutería del Mercado de Antón Martín en Madrid. Las colas para comprar en los supermercados se han vuelto parte del paisaje urbano ante el estado de alarma por la pandemia del coronavirus, pero las tiendas de alimentación de barrio y los mercados municipales reivindican su papel y logran mantener a la clientela pese a las dificultades. EFE/ Ana Márquez

Las colas para comprar en los supermercados se han vuelto parte del paisaje urbano ante el estado de alarma por la pandemia del coronavirus, pero las tiendas de alimentación de barrio y los mercados municipales reivindican su papel y logran mantener a la clientela pese a las dificultades.

"Yo no voy a ir a los supermercados que esos, por mucha crisis que haya, no tienen pérdidas, pero los comercios de toda la vida sí", dice Vicente mientras le pide a Cristina, la frutera, que le ponga dos kilos más de tomates porque "tiene antojo de gazpacho" en estos primeros días de primavera en Madrid.

La frutería de Cristina es uno de los puestos exteriores del mercado municipal de Antón Martín, junto al Cine Doré de la capital, y desde que empezó la crisis del coronavirus ha visto cómo han aumentado las ventas.

"Además de los clientes habituales, viene mucha más gente. Creemos que al ser un puesto al aire libre prefieren venir aquí que encerrarse en los supermercados", comenta Cristina.

Desde hace treinta años, Juanjo trabaja en su puesto de ultramarinos, en el interior, y asegura que nunca había visto así el mercado "con una atmósfera extraña" en la que siguen acudiendo clientes a hacer sus compras en un entorno que ha perdido "su esencia".

Cuando comenzaron las medidas extraordinarias de confinamiento recuerda cómo la gente compraba cantidades ingentes de comida, "no podían ni con las bolsas", pero ya se ha normalizado y acuden personas que no habían visto nunca.

"A todos los que pregunto me dicen que es porque prefieren dar su dinero al pequeño comercio que a multinacionales", comenta.

Los 45 mercados municipales continúan abiertos para hacer la compra de manera presencial. Además, en algunos casos es posible hacer los pedidos por teléfono o internet con entrega a domicilio para evitar desplazamientos.

José Manuel prepara un paquete con filetes de ternera para enviarlo a la casa de un cliente: "Los pedidos son, sobre todo, para personas mayores que prefieren no salir de casa".

Aunque este mercado municipal mantiene una extraña rutina durante el estado de alarma, el de San Fernando, en el barrio de Lavapiés, tiene la mayoría de sus verjas bajadas, ya que la mayoría de los puestos son bares que permanecen cerrados desde el 13 de marzo, lo que ha provocado una caída en las ventas.

"Sólo estamos abiertos los puestos de abastos. Viene gente pero mucha menos. Este mercado se mantiene vivo por los bares porque venían a tomar una cerveza y aprovechaban para hacer la compra", señala José Medina, quien regenta una pollería.

María lleva su carrito de la compra -que ha enfundado con plástico- cargado de verduras que ha comprado en el mercado: "Mira, vengo al mercado porque lo he hecho toda la vida, y a las tiendas de ultramarinos. Lo que no podemos hacer es dejar de comprar aquí porque los mercados y las pequeñas tiendas son las que dan vida al barrio".

"Por favor, échate desinfectante antes de entrar", reza un mensaje sobre un bote colocado en la puerta de la tienda Distrito Vegano, en la calle Ave María de Lavapiés, atestada de restaurantes indios que ya no emanan olor a comino y cúrcuma en el barrio por el cierre de locales.

"Queremos cuidar la salud de nuestros clientes, al igual que ellos nos cuidan a nosotros. Sabemos que tenemos un público muy específico y por eso agradecemos que sigan viniendo a pesar de toda la locura que estamos viviendo", asegura su dependienta.

En la panadería artesanal Panifiesto, en el mismo barrio, también se suceden las colas y no para comprar el pan cada día: "Vengo aquí porque el pan dura varios días. También se lo compro a mi vecina Aurora y así no tenemos que salir tan seguido", argumenta Paco.

A última hora de la mañana las estanterías de esta panadería están vacías y, uno de los dueños, Ander, agradece a los vecinos que sigan manteniendo el comercio local.

"Con todos los que hablo me dicen que intentan comprar en las tiendas de barrio. Muchos bajarán las ventas, por suerte no es nuestro caso, pero esta mierda del coronavirus nos está demostrando que nos preocupamos más por el prójimo de lo que creíamos", dice esperanzado. EFE.