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Cero facturación, sectores que tratan población de riesgo, en la cuneta

  • Escrito por M. Rosa Lorca y Luis Enrique Fácil
  • Publicado en Economía
Una mujer camina ante una clínica dental que informa a sus pacientes del cierre de la misma debido al coronavirus en Zaragoza, este miércoles. EFE/ Javier Cebollada Una mujer camina ante una clínica dental que informa a sus pacientes del cierre de la misma debido al coronavirus en Zaragoza, este miércoles. EFE/ Javier Cebollada

Los podólogos y los dentistas son profesionales que han pasado a facturar cero euros en un solo día, las 24 horas que transcurrieron entre una jornada normal y la que siguió a la declaración del estado de alarma para frenar la expansión del coronavirus, profesiones que atienden a un gran porcentaje de población de riesgo y que el COVID-19 ha dejado en un limbo.

Y es que no han podido acogerse al cierre por causa mayor y no pueden dar servicio por el elevado riesgo de contagio. Desde su creación en 2006, la empresa Podoactiva, fundada por el oscense Víctor Alfaro, no había dejado de crecer, entre un 18 y 22 % de media, y con una facturación que en 2019 alcanzó casi los 11 millones de euros, pero que desde el 13 de marzo ha caído en un 99 %, porque el 1 % son urgencias que si no atienden acabarían derivadas a la sanidad pública, como por ejemplo una úlcera de un pié en un diabético.

"No es una situación fácil". Lo explica a Efe por teléfono el propio Alfaro, padre de tres hijos y con 200 trabajadores a su cargo repartidos en 160 clínicas por toda España que ahora han tenido que cerrar porque, advierte, "no tiene sentido" en un periodo de confinamiento decirles a los clientes "que vengan a la clínica".

Lo que más le preocupa son las personas contagiadas por el coronavirus, lo que también le ha hecho replantearse cosas "que tienen mucho más valor", como el tiempo que va a poder disfrutar de su familia "con la que nunca -reconoce- había pasado tanto".

El coste económico le "quita el sueño" por el número de familias afectadas, pero asegura que está en un "segundo plano" y aunque ha presentado un ERTE, tiene claro que no quiere despedir a nadie, pero también porque la pandemia le ha sorprendido "con una gestión ordenada para aguantar contingencias", explica Alfaro.

Por su parte, el odontólogo Jaime Alfonso Maza pasa las mañanas en su clínica dental de Zaragoza a la espera de tener que resolver posibles urgencias, y lamenta que aunque los dentistas sean profesionales de riesgo ante el coronavirus, no se les hagan los test, "que deberían ser obligatorios".

En cualquier caso, desde el jueves pasado sólo dos pacientes se han sentado en su sillón para recibir atención urgente. Sin embargo este profesional, que preside también el Colegio Oficial de Odontólogos de Aragón, está convencido de que las clínicas dentales deben de seguir abiertas, pero sólo para urgencias perentorias como dolor de muelas, rotura de dientes o de mandíbula o heridas, algo que salvo en contadas ocasiones ha sido entendido por sus clientes.

El estado de alerta, añade, ha provocado que los ingresos de estas clínicas hayan bajado en un 99 %, mientras siguen teniendo gastos fijos que atender. Este odontólogo considera que los ERTE en el ámbito de su profesión se deben de conceder de forma automática para evitar que muchos de los trabajadores de estas clínicas queden "en la estacada" a la finalización de la crisis.

Y a estos inconvenientes se suma que carecen de material adecuado de protección para realizar su labor, especialmente mascarillas FFP2 o FFP3 para protegerse del contagio, al que están especialmente expuestos por trabajar sobre la boca de los pacientes. En su clínica se toma la temperatura a los pacientes antes de ser atendidos, y posteriormente, tras cada atención, se limpian y desinfectan todas las superficies y materiales.

A pesar del coste que esta crisis va a tener para las clínicas de podología y odontología, hay margen para el altruismo. Víctor Alfaro ha puesto a trabajar a las impresoras de sus exclusivas plantillas en un prototipo para duplicar la capacidad de los respiradores de las UCI, lo que supondrá una producción de 2.000 piezas cada 48 horas, y que se suma al apoyo prestado a Tecmolde, otra empresa oscense que ha costeado con aportaciones de amigos otras 60.000 máscaras de protección.

Y se toma con sorna aunque decepcionado los 200 euros de multa que se llevó por aparcar el coche junto a una de las clínicas de Huesca cuando iba con su hermano a recoger 8.000 guantes de látex para donarlos.

Un material de protección imprescindible para su labor y que, por ejemplo, Rafael Navarro, presidente del Colegio de Podólogos de Aragón, ya no podía adquirir porque las empresas con el estado de alerta solo lo suministran a Sanidad y es otro de los motivos por los que estos profesionales tampoco han podido continuar su labor. Navarro, cuyos principales clientes son personas mayores que viven en pueblos, no ha tenido más remedio que cerrar la consulta y atender solo urgencias. EFE.