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Antonio Manuel Moral Roncal

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Las dos Españas ante el Anchluss (1938)

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

A comienzos de 1938, la España franquista había logrado cierta aceptación por parte de las potencias occidentales, especialmente Gran Bretaña, mientras sus servicios diplomáticos mantenían un difícil equilibrio con Alemania e Italia ya que necesitaban su ayuda militar y económica en la guerra. El Anchluss -incorporación de Austria a Alemania el 13 marzo- supuso un sobresalto para Burgos. La anexión de Austria podía crear problemas entre Alemania e Italia debido al apoyo de Mussolini al Gobierno austriaco materializado en el llamado Frente de Stressa en 1935, de acuerdo con Londres y París. Por otra parte la Santa Sede, al apoyar la independencia de Austria, bastión católico frente al expansionismo nazi, creó una tensión con los estados totalitarios que podía afectar a la política exterior de la España nacional, y Franco necesitaba el apoyo diplomático e ideológico total de la Santa Sede como cobertura moral, por dos decisivos motivos: por la afinidad de sus bases sociales católicas, muchos de cuyos líderes recelaban de los totalitarismos paganos, y por la presión que ejercían sobre El Vaticano ciertos sectores de la prensa católica, especialmente francesa y belga, contra la España nacional al considerarla alineada políticamente con las directrices del fascismo. Por su parte, la España republicana intentó que París y Londres modificaran su actitud hacia ella, promoviendo una mayor colaboración militar y política, utilizando el miedo a la expansión del nazismo sobre Europa, al calor de los sucesos austriacos.

Austria ante la Guerra Civil española

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Al estallar la Guerra Civil Española, el Cuerpo Diplomático que se encontraba en Madrid decidió reunirse de manera periódica para realizar tareas humanitarias, siendo su primer acto oficial colectivo el amparo a 60 ciudadanos austriacos que no tenían ningún diplomático que les protegiera. El hecho fue comunicado a la Legación de Austria en París que respondió acreditando al doctor Walter Brünner, cónsul honorario, como su representante en Madrid.

¿Qué fue el Jaimismo?

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El jaimismo fue el carlismo que se autotituló de esta manera debido a que su pretendiente al trono se llamó don Jaime de Borbón (1870-1931). Se desarrolló entre 1909 -fecha de la muerte de su padre, el pretendiente Carlos VII- y 1931, por lo que, prácticamente, fue paralelo al reinado efectivo de su primo Alfonso XIII.

El carlismo tras su segunda derrota bélica (1840-1861)

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Carlos VI, el segundo pretendiente carlista, no pudo reunirse con sus defensores durante la Segunda Guerra Carlista (1846-1849), siendo detenido por las autoridades francesas en la frontera de los Pirineos. Tras su vuelta a Gran Bretaña, tuvo una aventura amorosa y romántica, propia de la época, con una joven inglesa, Adeline Horsey. Los rumores de su posible matrimonio morganático y el descuido en sus tareas políticas provocaron más de una preocupación a sus más cercanos amigos y familiares. El conde de Montemolín -título con que fue conocido-, llevado por su pasión amorosa, decidió abdicar sus derechos en su hermano el infante don Juan, el cual se había casado en 1847 con la archiduquesa María Beatriz de Austria-Este. Con ella había tenido dos hijos, Carlos y Alfonso, que aseguraron la sucesión dinástica. Ante el escándalo de los consejeros del Pretendiente, don Juan decidió no aceptar la renuncia de su hermanok y esperar unos días. Tuvo intuición pues, o bien por rechazo de la joven dama o bien por realismo político, al cabo de unas semanas, Montemolín se olvidó de su abdicación y abandonó Inglaterra.

Cuba: de la caída de la dictadura de Machado a los primeros pasos de Batista

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Como finalizamos en otro artículo anterior, tras la caída de la dictadura de Machado en Cuba, el 13 de agosto de 1933 asumió los destinos del país un nuevo gobierno diseñado a la carrera por Welles, presidido por el doctor Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, hijo del prócer que iniciara la guerra contra España en 1868. A pesar de ser considerado una figura limpia de corrupción -políticamente sobre todo- y con un gran prestigio como diplomático, el nuevo líder nacional no pudo controlar la situación. Dentro del ejército las viejas querellas entre la alta oficialidad y los escalones más bajos se hicieron sentir cada vez más. Las Fuerzas Armadas, ignoradas hasta ese momento como fuerza política, iniciaron un proceso de reconocimiento de su protagonismo en el acontecer de los sucesos. Al mes siguiente, un grupo de sargentos protagonizó un movimiento militar que puso fin al gobierno de Céspedes, anunciándose la instauración de una Junta de Gobierno o Comisión Ejecutiva que sería conocida como la Pentarquía, integrada por Ramón Grau de San Martín y Guillermo Portela, profesores universitarios, el periodista Sergio Carbó, el abogado José M. Irisarri y el banquero Porfirio Franca. El líder de la insurrección de los sargentos, Fulgencio Batista, ascendió -saltándose el escalafón- al grado de coronel.

La Oficina Pro Cautivos de Alfonso XIII durante la Primera Guerra Mundial

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Al estallar la Gran Guerra en la Europa de 1914, el gobierno español adoptó una política de neutralidad, aprovechando que la nación no se encontraba atada a ninguna de las grandes alianzas de los países beligerantes. Ni tenía compromisos internacionales con la Entente ruso-franco-británica ni con los Imperios Centrales. Conforme fue alargándose en el tiempo un conflicto que había generado muertos, desaparecidos y prisioneros, llegaron cientos de cartas de familias al palacio real de Madrid -la mayoría escritas en francés- solicitando la ayuda de Alfonso XIII para saber la situación de sus seres queridos, de los que desconocían su suerte en el campo de batalla. En enero de 1915 llegaron unos 1.800 telegramas o cartas, aumentando a 3.000 solicitudes en febrero, 5.000 en junio y 8.000 en julio.

Una dictadura de Entreguerras: la Cuba de Machado

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Tras su independencia de España, Cuba estuvo sometida a una tutela militar norteamericana (1898-1902), cuyo final no supuso la plena libertad de la isla en cuanto la enmienda Platt proporcionó a los Estados Unidos el derecho de intervención sobre la misma, una medida propia de lo que, entonces, se llamó “imperialismo filantrópico yankee”.

Cuando España reconoció al Estado de Israel

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El 1 de enero de 1986, se anunció oficialmente que el Gobierno español establecería relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. Una semana después, el 10 de enero, el presidente socialista Felipe González envió una amistosa carta a los embajadores de las naciones árabes -acreditadas ante España- para adelantarse a su reacción, asegurándoles que el reconocimiento de Israel entraba dentro del plan de universalización trazado por España desde el inicio de la Transición.

El pronunciamiento republicano de Villacampa y el indulto de la reina

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En 1886, la redacción del diario “El Progreso” se fraguó un intento de golpe de Estado contra la Monarquía, organizado por la Asociación Republicana Militar con algunas figuras civiles. Alcanzar el poder mediante un pronunciamiento militar tenía larga tradición en la vida política del siglo XIX, y no sólo en España sino en Europa e Hispanoamérica.

Debates en torno a la constitución de 1812: liberales y realistas

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Con el telón de fondo de la guerra de la Independencia (1808-1814), en 1811 una comisión de las Cortes, encargada de realizar una constitución, presentó sus primeras propuestas que fueron debatidas por los miembros de la Cámara reunida en Cádiz. que fueron sometidos a debate por los diputados. Lo que se iba a confrontar no era puramente un pacto que pondría las antiguas leyes fundamentales al día, sino la creación de una nueva base jurídica sustitutoria de la anterior. Los diputados más exaltados salvaguardaron el concepto de que las Cortes Extraordinarias eran Constituyentes, con poderes ilimitados. La minoría de revolucionarios liberales logró el control de la Cámara, mientras los realistas -partidarios de atender sólo a los asuntos urgentes relacionados con la guerra- quedaron en minoría. Al no haber ido con la intención de desarrollar sus propias ideas sobre las mejoras concretas, tuvieron que mantener en los debates una postura defensiva ante el proyecto revolucionario. Aun así, su escasa resistencia activa a la reforma constitucional aún asombra a los historiadores: apenas una docena de diputados realistas participaron con elocuencia en los debates.

Las Cortes de Cádiz ante la cuestión religiosa

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Los liberales de 1812 asumieron como misión prioritaria la organización un nueva relación Iglesia y la España que estaban diseñando. Así, la Iglesia debía abstenerse de ejercer funciones administrativas y judiciales temporales y debía transformar profundamente sus estructuras económicas, convirtiéndose en una institución liberada de intereses materiales. Su misión debía circunscribirse a la actividad pastoral y su organización debía quedar estructurada en torno a dos centros: los obispos y los curas párrocos, para todo lo relativo al cumplimiento de su misión salvadora, y el Estado en todo lo concerniente a las cuestiones materiales.

Madrid: escenario bélico en 1808

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

A comienzos del siglo XIX, Madrid se encontraba cerrada por una muralla que era una simple tapia de ladrillos con recuadros de adobe, incapaz de resistir ningún ataque importante, ni proyectar ninguna resistencia. No era una plaza fortificada, si bien albergaba una pequeña guarnición militar, además de las tropas de la Casa Real. Hacia mayo de 1808, la capital contaba con unos 160.000 habitantes pero, en suma, pese a ser capital de un vasto imperio ultramarino, no era una plaza preparada para resistir un sitio y, aunque albergaba tropas, la misma topografía hacía muy difícil su defensa, pues si los asaltantes ocupaban en las afueras los puntos dominantes e interceptaban los caminos por donde pudieran llegar refuerzos exteriores, ninguna fuerza interior podría sólidamente mantenerse en estado de resistencia mucho tiempo, una vez establecido el dominio militar del enemigo sobre la Puerta del Sol y las grandes irradiaciones.

Sorolla y su homenaje a la medicina

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Uno de los más populares artistas del impresionismo español, Joaquín Sorolla, pintó en 1897, en su estudio madrileño, una escena del laboratorio del doctor Luis Simarro, valenciano como el artista, amigo y médico de su familia, además de uno de los más importantes estudiosos de la neurohistología y la psicología experimental. Debe tenerse en cuenta que, en aquella época, el médico era observado como un personaje que -por su profesión y talente- debía representar no sólo la Ciencia sino, en general, el Progreso. Las Artes, especialmente la pintura, ayudaron a divulgar esa idea de este profesional, cuya imagen se ligó a un siglo XIX de grandes avances en la cienca médica: las vacunas contra la la viruela se difundieron, se expandió el higienismo, se promovió la creación de facultades de Medicina, se avanzó en la prevención y lucha contra numerosas enfermedades como el cólera.

El origen del Hospital de la Princesa en Madrid

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Era costumbre tradicional de las reinas de España que, repuestas de un parto, dieran gracias a la imagen de Nuestra Señora de Atocha en la capilla del palacio real de Madrid. Posteriormente se trasladaban a la basílica que, en la capital, se encontraba en las afueras, camino de Vallecas, para asistir a un tedeum oficial, demostrando la sintonía de la Corona con las devociones populares más arraigadas. Tras el nacimiento de la princesa Isabel, su madre, la reina Isabel II, se dispuso el 2 de febrero de 1852 a realizar el rito tradicional. Además de los invitados a la ceremonia, otras muchas personas que no hallaron cabida en aquel templo presenciaron el paso del cortejo en las galerías del palacio. Exteriormente, en la plaza de Oriente y en las calles, se agolpaba una multitud organizada por las fuerzas públicas.

Navidad sangrienta en la primera guerra carlista

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Desde la muerte del rey Fernando VII, en el otoño de 1833, se había desatado en España una guerra civil, conocida como la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Dos bandos se enfrentaron: los carlistas o defensores del Antiguo Régimen y los isabelinos o partidarios de una vía reformista -incluso liberal- para alcanzar la deseada meta de la modernización del reino. La reina regente, María Cristina, se había casado en segundas nupcias, clandestinamente, con Fernando Muñoz. De saberse públicamente, la reina viuda perdería la regencia, lo que no desea, pero se trataba de un secreto a voces entre la clase política, que no dudó en amenazarla con la divulgación de la noticia si se desviaba de sus deseos, a favor de una transformación -moderada o radical- del Antiguo Régimen.

Novelistas católicos en la Gran Bretaña de entresiglos

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entre el final de la época victoria y los reinados de Eduardo VII y Jorge V, en la Gran Bretaña anglicana se reforzó el catolicismo intelectualmente, gracias, especialmente, a una serie de pensadores y escritores. Cabe recordar a Robert Hugh Benson cuya adhesión al catolicismo fue considerada un escándalo, al ser hijo del primado anglicano.

  • Publicado en Cultura

María Cristina de Habsburgo, los primeros años de una regente

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El 25 de noviembre de 1885 falleció el joven rey Alfonso XII. El presidente del gobierno, Antonio Cánovas, presentó su dimisión a la nueva reina regente, María Cristina de Habsburgo, madre de dos hijas, y le aconsejó que llamara al poder al Partido Liberal. Así lo hizo y el sistema constitucional de 1876 no se derrumbó pese a la enorme crisis que supuso la muerte del monarca.

Catolicismo y renovación cultural en la segunda mitad del siglo XX

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En anteriores artículos hemos recordado los movimientos de renovación cultural católica en Francia, España e Italia, tanto en el campo de la literatura como en el artístico. En la segunda mitad del siglo XX -a diferencia de la primera- no surgieron grandes grupos y redes de escritores, artistas e intelectuales debido, quizá, al avance del proceso de secularización, al cambio de paradigma cultural desde los sucesos de mayo del 68, al debate sobre el Concilio Vaticano II en el catolicismo, la expansión del estructuralismo y el deconstruccionismo, etc. Hubo, por supuesto, bastantes buenos escritores de inspiración católica, pero más bien aislados, sin apoyo de la jerarquía religiosa, más preocupada por la crisis de vocaciones y la reorganización interna.

La visión militar de la independencia de los Estados Unidos

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El primer derramamiento de sangre que produjo el proceso bélico de separación de las 13 colonias de Norteamérica de Gran Bretaña se produjo en Lexington, cerca de Boston, el 19 de abril de 1775. Sin embargo, no sería hasta el 4 de julio del año siguiente cuando los representantes de las colonias insurgentes, en su Segundo Congreso Continental, aprobaran la declaración de Independencia, que se alcanzaría por medio de una victoria en los campos de batalla con las fuerzas británicas o unionistas.

La importancia histórica del concilio Vaticano II (1962-1965)

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Hasta ahora, en el debate historiográfico sobre un acontecimiento clave de la Historia -no sólo del siglo XX- como fue el Concilio Vaticano II, los historiadores se han posicionado en dos tendencias. Por una parte aquellos que observan que su celebración enriqueció la teología cristiana, al recoger las mejores aportaciones que se habían hecho en la primera mitad del siglo. Además, fue un encuentro más abierto con la modernidad, afianzando la idea de cambiar la postura defensiva por el acercamiento. Se pretendió retornar a las fuentes del cristianismo, flexibilizar la organización interna de la Iglesia y cerrar la época de la Iglesia trentina, abierta en el siglo XVI. En definitiva, La Iglesia católica puso los cimientos para mejorar su adaptación al mundo moderno.

Cambios y permanencias en la Iglesia católica ante el siglo XIX

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Tras la desaparición del Imperio napoleónico en 1815, algunos sectores de la Iglesia católica pensaron que se restauraría la situación anterior a 1789 en los diversos reinos europeos, pero no fue así. Si bien se divulgó la idea de la unión sagrada entre el Trono y el Altar, lo cierto es que numerosos monarcas europeos mantuvieron ideas regalistas, favorables a un control gubernamental del cosmos eclesiástico. De ahí que Roma intentara firmar concordatos con los Estados europeos para regularizar sus relaciones y, sobre todo, dejar claro los límites, derechos y marco de acción de los católicos.

América, la Gran Guerra y el socialismo para Alfonso XIII

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Roberto Levillier fue un historiador y diplomático argentino (1886-1969) que pasó numerosas temporadas en España, investigando en el Archivo de Indias en Sevilla. Se interesó por analizar la conquista, evangelización y colonización del cono sur de América, especialmente de la zona de Tucumán. Durante una de sus estancias, solicitó audiencia con el rey Alfonso XIII, para entregarle alguno de sus libros y comentarle su interés por la correspondencia que se estableció entre los oficiales reales y el cabildo de Buenos Aires con la Corona. Pero, al mismo tiempo, se atrevió a preguntar al monarca sobre algunas cuestiones de actualidad, resultado de lo cual fue un artículo publicado en el diario argentino “La Nación” el 2 de septiembre de 1915 y, posteriormente, en el limeño “El Comercio”, el 21 de enero de 1916.

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