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Al menos tres muertos y un herido en unas nuevas explosiones por donde huyen los rohinyás

Una familia de la etnia musulmana rohinyá entra a Bangladesh después de huir de Birmania por el paso de Teknaf (Bangladesh) este viernes. Al menos 270.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá han llegado a Bangladesh desde que hace dos semanas estallara una oleada de violencia. EFE Una familia de la etnia musulmana rohinyá entra a Bangladesh después de huir de Birmania por el paso de Teknaf (Bangladesh) este viernes. Al menos 270.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá han llegado a Bangladesh desde que hace dos semanas estallara una oleada de violencia. EFE

Al menos tres personas han muerto y otra ha resultado herida al producirse hoy nuevas explosiones de minas colocadas en la frontera entre Birmania y Bangladesh, por donde al menos 290.000 rohinyás han huido del territorio birmano.

Amnistía Internacional (AI) denunció que durante este domingo se han registrado al menos dos explosiones en el oeste de Birmania y que hay un mínimo de tres localizaciones donde el Ejército birmano ha plantado minas para frenar el éxodo de los rohinyás.

"Escuchamos el sonido de una explosión a unos 100 metros de la frontera la noche del sábado. Un superviviente que resultó herido nos dijo que tres personas murieron en el lugar", declaró a Efe el teniente coronel Manzurul Hasan Khan, apostado en el sureste de Bangladesh.

AI señaló ayer directamente al Tatmadaw, como se conoce a las Fuerzas Armadas birmanas, de colocar los artefactos explosivos en los caminos que llevan a la frontera y "que tienen como objetivo deliberado a los refugiados rohinyás".

"Esta es una manera cruel e insensible de aumentar la miseria de las personas que huyen de una campaña sistemática de persecución", dijo hoy Tirana Hassan, directora de AI para la Respuesta de Crisis Internacionales.

Según fotografías y vídeos a los que ha tenido acceso AI, los dispositivos utilizados son del tipo PMN-1, fabricados en la década de los 50 por la extinta Unión Soviética (por entonces aliada de la Junta militar que gobernó Birmania hasta 2011).

Este artefacto, que contiene una carga de unos 249 gramos de explosivo, está diseñado para causar la amputación de los miembros de la persona que la activa.

Hasta la fecha, el Ejército birmano ni ha confirmado ni desmentido las informaciones, aunque el portavoz de la Oficina que ocupa la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, líder de facto del Gobierno y a cargo de la Consejería de Estado, negó esta semana que los efectivos gubernamentales hayan colocado las minas.

El portavoz gubernamental además señaló a los insurgentes rohinyás, a quienes calificó de "terroristas", como responsables de plantar los explosivos.

El Gobierno de Dacca ha elevado una queja formal ante las autoridades de Naipyidó sobre este asunto.

El éxodo de los rohinyás, a quienes el Gobierno de Birmania no concede la ciudadanía, se intensificó el 25 de agosto tras el asalto armado del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA) contra una treintena de puestos policiales.

El Ejército birmano respondió con una "operación de limpieza" en la que ya han muerto 414 personas, la gran mayoría rohinyás, según la cifra oficial, que podría ser mucho más abultada conforme denuncian organizaciones en favor de los derechos humanos.

El ARSA declaró anoche un alto el fuego de un mes para permitir la entrada de asistencia humanitaria a la región, que fue rechazado por el director de la Oficina de Suu Kyi.

Se estima que más de un millón de rohinyás vivían en Rakhine (antigua Arakán) víctimas de una creciente discriminación desde el brote de violencia sectaria de 2012, que causó al menos 160 muertos y dejó a unos 120.000 de ellos confinados en 67 campos de desplazados.

Las autoridades birmanas no reconocen la ciudadanía a los rohinyá, ya que les considera inmigrantes bengalíes, y les impone múltiples restricciones, incluida la privación de movimientos.