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Tijanóvskaya, la mujer que amenaza con desbancar a Lukashenko

  • Escrito por Ignacio Ortega
  • Publicado en Internacional
La candidata opositora a la presidencia de Bielorrusia, Svetlana Tijanóvskaya.EFE/EPA/TATYANA ZENKOVICH La candidata opositora a la presidencia de Bielorrusia, Svetlana Tijanóvskaya.EFE/EPA/TATYANA ZENKOVICH

Traductora de inglés, ama de casa y esposa del bloguero más popular de Bielorrusia. Svetlana Tijanóvskaya es mucho más que eso. Es la candidata presidencial que puede desbancar el domingo por primera vez en un cuarto de siglo al último dictador europeo, Alexandr Lukashenko.

“He entrado en política no para llegar al poder, sino para buscar justicia”, aseguró Tijanóvskaya, de 37 años, durante un multitudinario mitin.

Y es que su objetivo es ganar las elecciones del domingo y, su misión, liberar a su marido, Serguéi Tijanovski, en prisión por desobediencia a la autoridad y por incitación a desórdenes masivos, cargos que pueden costarle varios años de cárcel.

MUJERES AL PODER

Han tenido que aliarse tres mujeres en torno a la figura de Tijanóvskaya para que Lukashenko, de 65 años, vea amenazada su permanencia en el poder.

Acostumbrado a robar titulares con sus exabruptos sobre el coronavirus, esta vez su afirmación de que una mujer “nunca” será presidenta en Bielorrusia puede salirle muy cara, ya que Tijanóvskaya ha logrado algo nunca visto en este país: que los bielorrusos pierdan el miedo y salgan a la calle.

“Lukashenko tiene miedo a perder el poder. Nunca debió minusvalorar a Svetlana”, comentó a Efe Veronika Tsepkalo, esposa de otro exiliado candidato presidencial y aliada de Tijanóvskaya.

También Tijanóvskaya cuenta con el apoyo de la bielorrusa más famosa en el mundo, la premio Nobel de literatura 2015 Svetlana Alexiévich, quien recordó que cuando escribió un libro sobre el papel de la mujer en la Segunda Guerra Mundial comprendió que éstas son "la vanguardia de la sociedad".

Por ello, la opositora no dudó en pedir a la canciller alemana, Ángela Merkel, que inste a Lukashenko a garantizar unas elecciones libres, ya que el pueblo bielorruso no quiere "una guerra".

UNA CANDIDATA APOLÍTICA

Nunca le interesó la política. Y vivía felizmente en la ignorancia y la indiferencia que comparten una mayoría de ciudadanos del espacio postsoviético. Pero la decisión de su marido de postularse a la Presidencia cambió su destino.

Ella misma reconoce que su esposo nunca le consultó. Ocurre que ella hizo lo mismo. La comisión electoral rechazó la candidatura de su marido y ella, sin pensárselo mucho, decidió estampar su firma.

“Aún ahora no sé si es una tontería o un hito”, admite. Inicialmente, Serguéi no respaldó su decisión, pero ahora la apoya a pies juntillas, consciente de que de ello depende su suerte, incluida la alianza que forjó con Tsepkalo y la representante de Víctor Babariko, el apresado banquero, María Kolésnikova. No todo fue un cuento de hadas.

Nada más presentar las firmas necesarias, recibió una amenaza anónima en la que le advertían de que, si seguía en campaña, podía perder la patria potestad sobre sus dos hijos.

Nada más volver a casa, emitió un vídeo en el que anunció su renuncia. Sus colaboradores le convencieron y ella decidió finalmente no dejar tirados a sus partidarios.

Sus hijos están a salvo en un país de la Unión Europea y ella ha liderado un movimiento sin precedentes y que recuerda tanto a lo ocurrido en Polonia a finales del siglo XX como en la vecina Ucrania en los últimos veinte años.

LA POPULARIDAD ESTÁ EN LA CERCANÍA

Sin llamamientos a la revolución, a la violencia o a la injerencia externa, con la transparencia y la cercanía como bandera ha reunido a decenas de miles de personas de todas las edades, sorprendidas que “uno de los suyos” pueda devolverles la libertad.

“No soy una política. Yo estoy con el pueblo. Los bielorrusos están hartos de vivir en el miedo y la humillación. Quieren sentirse ciudadanos de su propio país”, asegura.

La confianza de su pueblo se la ha ganado a pulso y es que se ha comprometido, en caso de victoria, a liberar a todos los presos políticos y en un plazo de seis meses a convocar unas nuevas elecciones presidenciales. Tijanóvskaya adelantó que en dichos comicios podrá participar el propio Lukashenko.

“Cumpliré mi misión y me haré a un lado. Y Bielorrusia será dirigida por un nuevo y digno presidente”, explicó. Según avanzaba la campaña, Tijanóvskaya fue superando su timidez e incluso retó a Lukashenko a un debate en directo por televisión, aunque este rechazó el guante lanzado.

Aunque los sondeos están prohibidos en este país, los analistas creen que la mitad del electorado está a favor de una candidatura alternativa, por lo que no descartan una sorpresa o, cuanto menos, una segunda vuelta.

INDEPENDENCIA DEL KREMLIN

Se nota que Lukashenko no está cómodo ante una rival como Tijanóvskaya, que defiende los valores familiares y la independencia nacional. “Somos gente pacífica y queremos llevarnos bien con todos, pero sólo en aras de los intereses de nuestro propio país.

Debemos forjar alianzas entre iguales independientemente de 'agujas' gasísticas y crediticias”, proclamó.

Svetlana no habla mucho de política internacional, pero todo el mundo lo ha entendido como un rechazo de la Unión Estatal con Rusia, que significaría, según la oposición, el fin de la soberanía bielorrusa, ya que convertiría a este país en un protectorado del Kremlin.

En respuesta, a Lukashenko no se le ha ocurrido otra cosa que proponer que en un futuro sólo aquellos que hayan completado el servicio militar, es decir, hombres, puedan aspirar a la Presidencia.

Tijanóvskaya también tiene respuesta. Se propone recuperar la Constitución de 1994 con el fin de otorgar más poder al Parlamento y reducir las facultades del jefe del Estado. EFE.