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Moria, el espíritu de Europa en llamas


  • Escrito por Greenpeace
  • Publicado en Internacional

Todo está en ruinas. 13.000 personas han perdido sus hogares en el incendio de Moria, el campo de refugiados más grande de Europa, en la isla griega de Lesbos. Más bien, lo que tuvieron que llamar “su nuevo hogar” durante meses o incluso años después de huir de sus países de origen.

El nuevo campamento levantado para un máximo de 10.000 personas sigue siendo el mayor campo de refugiados de Europa. Originalmente, el primer campamento fue diseñado para acoger a 3.000 personas, pero en estos momentos más del cuádruple viven en la isla en condiciones infrahumanas. Los médicos habían advertido durante mucho tiempo de la elevada probabilidad de un brote de coronavirus. Cuando esto ocurrió y el primer campamento fue puesto en cuarentena, la situación, ya tensa de por sí, se agravó aún más y el campo acabó en llamas. Estos incendios son también una metáfora: el espíritu europeo de los derechos humanos amenaza con arder no solo en Moria, sino en toda la política de asilo desde aquel voluntarioso “podemos hacerlo” de Merkel en 2015.

Presenciando la catástrofe

Periodistas y representantes de organizaciones de ayuda humanitaria han llamado la atención en repetidas ocasiones sobre las deplorables condiciones en las que se encuentra el campo de Moria, cofinanciado por la UE. Desde su creación, 13.000 personas refugiadas -la mayoría de ellos de mi país natal, Afganistán- viven en la isla griega de Lesbos.

Después de que el fuego destruyera el campamento de Moria, la gente -entre la que había muchas familias con niños pequeños y menores no acompañados– tuvo que vivir en las calles en condiciones calamitosas: dormían al borde de las carreteras, apenas tenían agua templada, no tenían suficiente comida y prácticamente no tenían posibilidad de recibir tratamiento médico.

Incluso ahora, en el nuevo campamento, que es demasiado pequeño para todos los habitantes de Moria, hay muy pocas instalaciones sanitarias, y las mujeres y los niños y niñas en particular, suelen estar indefensos ante agresiones y violaciones. Lamentablemente, el campo de Moria no es un caso aislado, sino el símbolo de un aislamiento estructural de Europa a expensas del sufrimiento humano. Europa está observando cómo la crisis climática y los conflictos armados obligarán a más gente a huir en el futuro. No está cumpliendo los objetivos climáticos de París y Madrid y sigue apoyando las exportaciones de armas que generan inseguridad en países situados más allá de sus fronteras.

Guerras y desastres ambientales como causas de la huida

Los desastres naturales y los conflictos armados obligan cada año a un promedio de 31 millones de personas a abandonar sus hogares y buscar refugio en otro lugar, según el último informe anual del Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos (IDMC) . El número de desplazamientos aumenta cada año y, si continúa el ritmo actual de emisiones de CO2 y de degradación de ecosistemas, la crisis climática global podría obligar a 1.200 millones de personas a abandonar sus hogares durante los próximos 30 años, según el informe del Instituto de Asuntos Económicos y Paz (IEP), ya que los desastres medioambientales provocan migraciones masivas y grandes conflictos armados.

Ninguna región es inmune a los efectos de la crisis climática. Las regiones más afectadas por las consecuencias del calentamiento global son el África subsahariana, el sur de Asia, Oriente Medio y el norte de África. Este último estudio señala que 140 países están expuestos al menos a una amenaza ecológica. 19 de ellos están particularmente afectados y, al mismo tiempo, se encuentran entre los países menos pacíficos del mundo. Entre ellos se encuentran Afganistán, Siria, Irak, Chad, India y Pakistán. Estos países son muy vulnerables a las tensiones provocadas por la escasez de agua, las inundaciones, las sequías, las tormentas, la subida del nivel del mar, el aumento de las temperaturas y la inseguridad alimentaria.

El calentamiento global actúa como un multiplicador de amenazas en regiones donde ya existen tensiones sociales, económicas y políticas. La crisis climática está impulsando cada vez a más personas a migrar dentro de sus propias fronteras nacionales. Y debido a la falta de apoyo y perspectivas en sus países de origen, en muchas ocasiones los desplazados internos se ven obligados a huir atravesando fronteras, recorriendo rutas sumamente peligrosas y convirtiéndose en refugiados.

Por ejemplo, mi país de origen, Afganistán, ha estado inmerso en un conflicto armado durante décadas y los efectos de la crisis climática han empeorado la situación de la población. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Afganistán es actualmente el tercer país del mundo que más refugiados ha emitido.

Las causas de la huida tienen su origen en Europa

Personas de todo el mundo huyen de guerras, conflictos y desastres ambientales como resultado de la crisis climática. Están buscando refugios seguros, pero solo un pequeño número lo encuentra. Otras se encuentran varadas en la tierra de nadie de los campos de refugiados, ni siquiera se tramitan sus solicitudes de asilo y se violan sus derechos más elementales.

Los países de la Unión Europea tienen una significativa parte de responsabilidad en las causas del desplazamiento en todo el mundo. Como países industrializados, su mayor consumo de combustibles fósiles y el consecuente aumento de las emisiones de CO2 han contribuido en gran medida a provocar la actual crisis climática. Por tanto, tienen el deber de elaborar y promover estrategias y soluciones para reducir los efectos de las diversas crisis en las que han desempeñado un papel determinante.

Cuando las personas se ven obligadas a huir debido a la crisis climática o los conflictos armados, es responsabilidad de los países ricos e industrializados proteger a los refugiados en su camino hacia un lugar seguro. Esta es la única estrategia de adaptación para las personas afectadas por los efectos del calentamiento global y la violencia política.

Por tanto, la Unión Europea debe actuar de conformidad con el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho sobre refugiados de la Convención de Ginebra de 1951. Debe garantizar que los derechos de los refugiados se respetan dentro de las fronteras europeas, y asegurar que tanto las personas afectadas como los países de acogida reciben apoyo a través de un proceso de reubicación adecuado y una dotación financiera suficiente. Todo esto debe suceder pronto, porque lleva en llamas ya mucho tiempo.

Post original de Fawad Durrani, experto en cambio climático y migraciones de Greenpeace Alemania, traducido por Javier Raboso