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Concepción Arenal: una mujer vestida de hombre


Retrato de la abogada y escritora, Concepción Arenal (1820-1893), pintado por Vicente Díaz y González. Retrato de la abogada y escritora, Concepción Arenal (1820-1893), pintado por Vicente Díaz y González.

Concepción Arenal, ha sido una de las mujeres de mayor influencia en la conciencia y puesta en valor de la circunstancia femenina y de sus derechos. Ella ha ejercido una huella ineludible en los escritores más liberales del XIX aunque, estos, nunca lo reconocieran. Con su vida y su ejemplo luchador e insurrecto de su pluma, cambió el pensamiento de algunos coetáneos e influyó decididamente por un cambio potente y responsable en diversos aspectos: “Si la ley civil mira a la mujer como un ser inferior al hombre, -escribe Arenal- moral e intelectualmente considerada, ¿por qué la ley criminal le impone iguales penas cuando delinque?1

Las determinaciones legales, o el "estatus" de la mujer en el siglo XIX, no parecen ser el resultado de una reflexión particular sobre la condición de la mujer. Ni su "incapacidad jurídica", ni las sanciones que pesan sobre su mala conducta parecen estar vinculadas nada más que a un consenso implícito en torno a las ideas recibidas del antiguo Régimen que se puede caracterizar esquemáticamente en dos puntos: autoridad ( basta con sustituir el poder del derecho divino, generador de toda autoridad antes de 1789 por una referencia a la naturaleza humana); reconocimiento de la función económica de la familia (desde la lejana llegada del oro de América: la autorización de los padres en la constitución del matrimonio, garantía esencial de la propiedad familiar, sólo apareció en el Concilio de Trento). Es en estos puntos fundamentales donde Arenal cuestiona fervientemente los principios más reaccionarios de un contexto donde a duras penas podría calar como se hubiera requerido.

En el siglo XIX, el crecimiento de las luchas de las mujeres es debido a las acciones de las activistas que denunciaron la situación social, económica y política de su tiempo en un contexto misógino dominante. No fue hasta el siglo XX, donde la emancipación de las mujeres se hace tangible a través de políticas y legislación avanzada en el lugar que las mujeres más derechos y garantías de la libertad.

La idea común más significativa de los diferentes proyectos e ideologías decimonónicas -como sabemos- es el progreso, Arenal lo sabía muy bien e ideó un horizonte hacia el que se encaminaron muchos esfuerzos de las últimas décadas del siglo XIX y aún del XX. Aquellos logros, pocos, sabemos que no se distribuyeron por igual entre el conjunto de la población, lógicamente. Las mujeres, cualquiera que fuera el grupo social en el que estuvieran enmarcadas, iban a ser la parte más numerosa de la sociedad que apenas se beneficiaría de los vientos de progreso que se levantaron. Las mujeres necesitaban defensa. Ella lo hizo.

Al igual que en otros momentos de la historia, no coincidieron las fases del progreso para los hombres y para las mujeres. Siempre se ha dado una discordancia por razón del sexo en la relación entre estructuras que se modifican y el acceso a las posibilidades materiales que ofrecen a todos los que forman parte de ellas. Discordancia entre el planteamiento de nuevos principios y derechos que formalmente lo son para el conjunto de la ciudadanía, y el cambio de la mentalidad colectiva sobre su aplicación generalizada en la práctica cotidiana. Y así fue una vez más. Los criterios seleccionados para marcar la cadencia de los cambios sociales no incluyeron a las mujeres.

En aquel contexto decimonónico androcéntrico, era previsible que se produjera un desajuste entre las oportunidades que ofrecía el nuevo horizonte histórico a la población masculina de las clases medias y acomodadas, y la muy generalizada actitud inmovilista existente en lo que se consideraba la natural condición biológica y social femenina. El referente sociocultural de las mujeres estaba delimitado por una serie de restricciones e impedimentos que mantenían una discriminación legal, una desigualdad política y educacional y una segregación en el acceso al trabajo. Existía todo un conjunto de mecanismos formales e informales de control social de las mujeres y de las relaciones de poder entre los sexos que, reforzándose recíprocamente, contribuían a la permanencia tanto de una asimetría codificada e institucionalizada en sistemas normativos por parte del Estado, como de una presión ideológica respecto de determinados valores destinados a regular, muy especialmente, el comportamiento femenino. Pero también es verdad que la dinámica social, aun en su habitual lentitud, fue más fuerte que la mentalidad que se resistía a incorporar lo que todavía eran vestigios de un nuevo orden en el que las mujeres, lo mismo que los hombres, estaban llamadas a participar. La contribución a ese régimen diferente exigía otros modos de presencia y, por lo tanto, necesitaba una tipo de educación para las mujeres que no lo impidiera. Difundir su urgencia y poner de manifiesto las contradicciones que respecto de esta situación se vivían, fue una constante de quienes sintonizaban con el malestar femenino que paulatinamente se había estado generando.2

La vida no le pertenece a la mujer cuya impotencia ante los límites marcados por quienes mantienen unas relaciones jerarquizadas, le hace permanecer todavía más en una condena mayor si cabe al ostracismo. Si la educación se limita a ser ejercida en una parte de la humanidad, ¿qué sucederá con la historia?. Gumersindo de Azcárate -entre otros- de formación krausista, desarrolló una importante labor de reconsideración social e histórica de la mujer. Se propuso convencer a sus lectores de la necesidad de garantizar un proceso histórico con acciones que no crearan desventaja, que hicieran posible una igualdad de oportunidades, de posibilidades y de protagonismo a través de una mejor educación para las mujeres: "Convénzanse todos de que la instrucción es un arma poderosa y legítima que estamos obligados a poner en manos de la mujer para que ejerza en la vida individual y social un benéfico influjo"3.

Durante los primeros años de la Revolución del 68 Concepción Arenal colaboró en algunas iniciativas llevadas a cabo por los krausistas, que recobran sus puestos después del destierro obligado que les llevó su defensa de la libertad de cátedra en 1864. Mantendrá una gran amistad con Francisco Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate, especialmente. De esta forma se hará eco de las famosas Conferencias Dominicales para la Mujer, pronunciadas en el paraninfo de la Universidad Central de Madrid durante el curso de 1869-70, actividad propiciada por Fernando de Castro, rector en ese momento de la institución universitaria o de la creación a iniciativa del propio Castro de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y la Escuela de Institutrices en 1871. Es el momento que elige para publicar La mujer del porvenir (1869), su primera obra de carácter feminista -en realidad había sido redactada en 1861- y a la que seguirán, años más tarde, trabajos como La mujer en su casa (1881), Estado actual de la mujer en España (1884) o La educación de la mujer (1892). Obras en las que Concepción Arenal se propone no sólo disipar los errores que sobre la mujer han arraigado en la opinión de la mayor parte de la sociedad, sino también reivindicar la capacidad intelectual de la mujer y su derecho a recibir una educación que le permita desempeñar cualquier profesión en condiciones iguales a la del hombre.4

La posición adoptada por esta mujer, abogada, escritora, fue una lucha a contracorriente. En ocasiones se considera a Emilia Pardo Bazán como la primera “feminista”, pero sin duda Concepción Arenal la aventajó en su posicionamiento y debate con los hombres y la sociedad patriarcal en la que por desgracia le tocó vivir. Durante los cursos de 1842-43, 1843-44 y 1844-45 Concepción Arenal asistirá vestida de hombre a algunas clases de Derecho en la Universidad. Evidentemente no cursó la carrera, ni hizo exámenes, ni alcanzó ningún título, pues en este momento histórico las aulas universitarias estaban reservadas exclusivamente para los varones, pero sin duda enriqueció y afianzó su interés por las cuestiones penales y jurídicas y sus cuestionamientos en los libros que escribió y en las conferencias que impartió. A ella le debemos todo el pensamiento y reconocimiento del liberalismo en la mujer, de las ideas de cambio en España y de todo lo que tenemos hoy, aunque la lucha no ha terminado.

1Arenal, C: La mujer del porvenir, Vigo, Indo, 2000. pág. 14.

2Joaquín María Sanromá (Barcelona, 1828-Madrid 1895) era Catedrático de la Universidad Central y Diputado. En 1891 fue nombrado Consejero de Instrucción Pública. Considerado entre los primeros que estudió en España los problemas sociales, trabajó para introducir reformas en el trabajo de las mujeres y de la infancia. En una de las conferencias de 1869, ponía de manifiesto esta galopante cuestión social: Os repito que la sociedad estará fraccionada en tanto que la mujer figure como un tipo raro y excéntrico en todas las cosas serias y dignas que estén fuera de la vida doméstica. En la misma línea, pero desde quien está soportando personalmente y como grupo las consecuencias, la escritora Faustina Sáez de Melgar, mujer sensibilizada que en 1864 había fundado en Madrid el primer Liceo Femenino, pedía -casi suplicaba- pocos años después, una mayor instrucción para las mujeres desde la Revista de la que entonces era Directora: La Mujer. Revista de Instrucción General para el bello sexo, donde se pueden leer párrafos como este: La mujer mitad de la humanidad vive todavía a oscuras en el siglo de las luces; ilustradla, iluminad su entendimiento. Aspira el hombre a disiparlas (las tinieblas) por sí solo, rechazando el concurso que pudiera ofrecerle el sexo débil, si su educación se completara, si se atendiera a su instrucción como lo reclaman ya imperiosamente las necesidades de nuestro siglo. ¡Luz, señores, luz para la mujer, es lo que anhela la que deplora con toda su alma la oscuridad en que vive. (Nº 1, 8-6-1871, pp. 7-8) Esa luz nos recuerda mucho al proceso de intelectualización al que lleva esta cuestión a la dramatización de Electra, donde el camino hacia la luz es buscado por la protagonista de la mano "electrizante" de Máximo, su hilo conductor. Esta problemático es desarrollada por Consuelo Flecha García en, Las primeras universitarias en España, Madrid. Narcea, 1996, de cuyo estudio señalamos estas citas.

3Gurmensindo de Azcárate: "La instrucción de la mujer y la educación del hombre", en Instrucción para la mujer, Madrid, nº 2, 16-3-1882, página 21.

4Ayala, A: http://www.cervantesvirtual.com/portales/concepcion_arenal/autora_biografia/

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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