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Claudia Piñeiro: “Penalizar el aborto es someter a la mujer a un estado de esclavitud”


  • Escrito por Cristina Bazán
  • Publicado en La Zurda
La escritora Claudia Piñeiro en una foto de archivo. La escritora Claudia Piñeiro en una foto de archivo.

Tras la aprobación en Argentina de la ley para la interrupción voluntaria del embarazo, la escritora Claudia Piñeiro cree que esta norma debe replicarse en toda la región, pues, en su opinión, seguir penalizando el aborto es dejar “a la mujer en un estado de esclavitud“.

“Me parece que hay muchas otras leyes que nos están faltando, pero si no pasamos por esta ley (la del aborto), que es la que tiene que ver con el cuerpo de las mujeres, es como que dejamos a la mujer en un estado de esclavitud. Había que pasar por esta ley, que era fundamental, y ahora tiene que replicarse”, afirma Piñeiro en una entrevista con Efeminista.

La autora (Buenos Aires, 1960) militante del movimiento feminista que impulsó el debate del proyecto para el aborto legal, seguro y gratuito, aborda este tema con crudeza en su último libro con el título ‘Catedrales’ (Alfaguara). Una novela que acaba de publicar en España y América y en la que mezcla el fanatismo religioso, el pecado, la culpa, las violencias machistas y los secretos de una familia que se parte tras el hallazgo del cuerpo descuartizado de una de sus integrantes en un terreno baldío de su barrio.

La ley del aborto en Argentina

Pregunta: Usted fue una de las caras visibles de la campaña a favor de la ley del aborto en Argentina, ¿la historia de ‘Catedrales’ responde a la coyuntura?

Repuesta: Yo fui una militante de la causa, pero el aborto está presente desde mi primera novela. El tema del aborto, de las distintas violencias a la mujer, del lugar de la mujer en el mundo está presente en casi todas mis novelas. Lo que pasa es que cuando yo escribía sin tener una militancia activa, la gente no sabía cuál era mi opinión y aparecían los temas de las novelas y los personajes los resolvían como los resuelven las personas.

Lo que cambió, no es tanto que yo incluyera estos temas en la novela, sino que la gente, al saber como opino y como milité este tema, hacen una relación mucho más directa. Antes nadie me preguntaba qué era lo que yo opinaba sobre esto.

P: Y ahora que ha pasado casi dos meses desde la aprobación de la ley, ¿ cómo recuerda esos días entre el Congreso y el Senado?

R: Para nosotros fue una situación trascendente en un año tremendo. Teníamos la promesa de campaña de Alberto Fernández, de que iba enviar su propia ley al Congreso. Ya estaba la ley de la campaña por el aborto legal, pero era muy probable que, habiendo un gesto político semejante, tuviéramos muchas posibilidades de que esta ley saliera en el 2020.

Cuando empezó la pandemia nos preocupamos y pensamos que tampoco iba a pasar en 2021, por ser año electoral, y que sería en el 2022. Pero en cuanto los números de la pandemia lo permitieron y empezamos a ver que el Congreso sesionaba mitad virtual, mitad presencial, desde las distintas organizaciones empezamos a presionar para que esta ley fuera tratada ese año. Y así fue y realmente fue muy emocionante estar en las vigilias, primero en diputados y luego la espera en el Senado.

Estábamos muy ilusionadas de que de que iba a salir y por suerte lo pudimos festejar.

La influencia de la Iglesia

P: ¿Estaba segura de que iba a salir?

R: Yo estaba confiada de que podía salir, pero hasta que esto no sucede nunca tienes la certeza. Porque además hay muchas presiones de lugares que tienen más influencia que nosotras como movimiento, como pueden ser la Iglesia Católica y Evangélica. Han influido en el 2018 mucho, entonces la seguridad no la teníamos nunca.

Además, fíjate que en situaciones de graves crisis económicas y sanitarias como tenemos ahora en la Argentina muchas veces las iglesias ayudan con sus comedores, con su acción social y después eso lo usan de manera de intercambio. “¿Pero yo te estoy ayudando con esto y me vas a sacar la ley del aborto?”, como si tuviera algo que ver, como si las mujeres pudiéramos convertirnos en una moneda de cambio. Todavía en Latinoamérica estas ideas se le cruzan por la cabeza a algunos personajes del poder.

P: La religión es otro tema que toca con fuerza en ‘Catedrales’, ¿ cuánta influencia cree que tiene la religión en la Latinoamérica?

R: Yo creo que la Iglesia Católica tiene mucho peso como institución en Latinoamérica. Una de las luchas que tenemos por delante es la separación de la Iglesia y el Estado, porque si bien en la Constitución Argentina se proclama laico todavía hay muchos fondos e interrelaciones con la Iglesia.

Y yo creo que la Iglesia Católica también se ocupó del tema del aborto, porque sabe que el movimiento feminista no entiende de fronteras. Me parece que la sensación que tenían es: “bueno, si esto se aprueba en la Argentina va a haber réplicas en otros países”, que de hecho está pasando. Ya se estuvo debatiendo en Chile hace hace unas semanas y seguramente va a seguir en otros países. 

“Legislar para un pueblo que incluye a las mujeres”

P: ¿Con la historia de ‘Catedrales’ le interesaba poner en discusión la cercanía entre la religión y la penalización social del aborto?

R: A mí las historias me aparecen muchas veces como familias. No lo pienso tanto en términos de qué es lo que yo quiero decir con respecto a determinado tema, pero esos mensajes muchas veces se incluyen sin que uno los piense, siempre están por debajo.

Sin embargo, a partir de 2018 este tema de la situación de la Iglesia opinando sobre la vida de todas nosotras estuvo mucho más presente en mi actividad de militancia y me parece que eso sí se reforzó en la novela.

En muchas ocasiones yo tuve que ir con grupos a hablar con senadores o diputados para explicarles por qué nosotros considerábamos que tenía que ser aprobada la ley. Y la respuesta era “ah sí, yo estoy totalmente de acuerdo, pero no la puedo votar porque si no el obispo después me llama y me reta“. O “no la puedo votar porque vuelvo a mi pueblo y voy a misa con mis hijos y en la misma misa el Padre habla mal de mí delante de mis hijos”.

Entonces tu dices: bueno, pero este señor tiene que legislar de acuerdo a lo mejor para el pueblo que incluye a las mujeres y está pensando en si el obispo lo reta o si el cura habla mal de él en la misa. Entonces empezaron a haber en mi realidad contradicciones con respecto al rol de la Iglesia sobre todos nosotros.

“Cada uno tiene que pensar cuál es su catedral”

P: ¿Y por qué decidió ponerle ‘Catedrales’?

R: Es una suma de cosas. En el mismo libro hay un homenaje a un cuento de (Raymond) Carver que se llama Catedral. En ese cuento hay un no evidente que le pide a alguien que le explique qué es una catedral y esta persona no encuentra las palabras para explicárselo. Entonces deciden dibujar catedrales juntos. Y esto lo replican en la novela Alfredo, que es el padre de Ana, y Mateo, que es el sobrino de Ana y nieto de Alfredo.

Y está también la cita de Borges que está en uno de los capítulos de la novela: que cada hombre construya su catedral, y que habla de eso, de cuántas catedrales hemos construido a lo largo de los siglos para distintos dioses y que a lo mejor cada uno en su propia vida tendría que pensar en cuál es su catedral. Qué eso que lo sostiene, qué es eso que es como las vigas o el armazón que sostiene tu vida. Para algunos puede ser la amistad, la familia, los libros, las palabras. Cada personaje de la novela tiene su propia catedral y no necesariamente es una catedral pensando en un dios, sino en los propios sostenes.

Los retos del feminismo

P: ¿Cuál cree que son los retos que le esperan al feminismo en la región?

R: Me parece que hay muchas otras leyes que nos están faltando como por ejemplo las leyes de cuidado. En la Argentina, por ejemplo, uno de los últimos números que tenemos es que el 20 % del Producto Bruto Interno lo aporta el trabajo gratuito de las mujeres en el cuidado.

Esto quiere decir: las mujeres que se ocupan de hacer trabajos gratuitos en sus casas, para sus hijos, para sus maridos, para sus padres y que durante muchos años, muchos siglos, nos han convencido de que eso es amor y no trabajo gratuito. Uno puede querer y amar a todas estas personas y sin embargo reconocer que ahí hay un trabajo gratuito que muchas veces no es compartido.

La violencia de género, por supuesto, porque a pesar de todos los cambios que hicimos en la Argentina en el 2020, los índices de feminicidios siguen siendo altísimos y los primeros meses del año más alto que los años anteriores. Y después hay otras causas en las cuales se están metiendo mucho el feminismo, que me parece que son de las más trascendentes, como es la del cuidado del planeta.