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Almudena Grandes: “En los 50, las mujeres eran imbéciles legales”

Almudena Grandes vuelve con “La madre de Frankenstein”, novela en la que cuenta los años centrales de la década de los 50, y quinto volumen de la serie “Episodios de una guerra interminable”.

Concepción Arenal, ética y filosofía de la compasión

La escritora, crítica y profesora de literatura Anna Caballé acaba de obtener el premio Nacional de Historia de España por su biografía sobre Concepción Arenal.

Rebeca Grynspan: “Me hice feminista para luchar porque todas podamos llegar”

Rebeca Grynspan asegura que se hizo feminista cuando, al asumir el puesto de viceministra de Hacienda, se dio cuenta que había llegado hasta allí gracias a la lucha de muchas mujeres antes.

Silvia Gil: “A las mujeres no se nos da la autoridad, tenemos que pelearlar”

Conocimos a Silvia Gil cuando le entregaron un premio. Enfundada en su impecable uniforme, con el tricornio bajo el brazo, cruzó el patio que conduce al salón de actos del CSIC con determinación y paso firme.

María Eugenia Gay: “Las mujeres debemos reivindicar lo que nos corresponde”

“Una luchadora nata”, así se define María Eugenia Gay, decana del Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB) y una de las mujeres que más reivindica en el mundo de la justicia la igualdad.

Lita Cabellut: “En el pueblo gitano hay una generación con hambre de liberarse”

Lita Cabellut es una de las artistas españolas más cotizadas del mundo, con una vida y obra únicas. Afincada en La Haya (Holanda) ha visitado Madrid recientemente para participar en un debate sobre “Mujeres excepcionales”.

Anna Ferrer, 50 años ayudando a los “intocables”

A Anna Ferrer se le humedecen los ojos al contar que miles de personas han aprendido a “escribir su destino”, a “dudar de que la casta superior nazca así” o a “tener nombre y dirección”.

Mabel Lozano: “Soy abolicionista porque soy feminista”

Abolicionista, así se declara Mabel Lozano a quien el activismo y el cine le han servido para dedicar su vida a luchar contra la explotación sexual.

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Simeon Solomon, condenado al ostracismo


La persecución de la homosexualidad en la Inglaterra victoriana fue implacable. Pocos se libraron de ella. El prerrafaelista Simeon Solomon, como Oscar Wulde, fue una de sus víctimas

Simeon Solomon (1840-1905) fue un pintor prerrafaelita inglés. Nació en Londres en el seno de una familia judía y allí comenzó a recibir lecciones de pintura de su hermano Abraham. Su hermana Rebecca exhibió sus primeras obras en la Royal Academy de Londres en 1858. Siendo estudiante de la Royal Academy, Simeon conoció a Dante Gabriel Rosseti y otros miembros del círculo prerrafaelita. Durante mucho tiempo fue el más valorado de los autores prerrafaelitas, elogiado por Dante Gabriel Rossetti, Algernon Swinburne, Walter Pater o Edward Burne-Jones, expuso en las mejores galerías inglesas entre 1858 y 1872. No renunció jamás a su identidad judía, mezclando en sus obras temas bíblicos con temas clásicos helénicos, desde un prima siempre homoerótico.

Sin embargo, en 1873 su carrera fue bruscamente interrumpida al ser arrestado en unos urinarios públicos de Londres, encerrado con George Roberts, un hombre de sesenta años. Ambos fueron acusados de conducta indecente y de intento de sodomía, y fue sentenciado a dieciocho meses de trabajos forzados en prisión, aunque posteriormente la pena fue reducida y liberado bajo vigilancia policial.

Su carrera se había visto truncada en el momento de mayor prestigio artístico, de modo que marchó a Francia, aunque volvieron a arrestarle por los mismo motivos y le condenaron a tres meses de prisión. Su actividad artística se resintió por el escándalo, siendo criticado, abandonado e incluso rechazado tanto por sus clientes como por sus compañeros artistas.

En su obra encontramos representaciones de la Biblia, que nos dan una visión muy distinta de la que los sectores religiosos han intentado ofrecer durante siglos. Por ejemplo, Simeon Solomon retrata a Daniel, Ananias, Misael y Azarias como esclavos sexuales al servicio de Nabucodonosor.

En 1866 pintó uno de sus más conocidas obras, en la cual representa al Emperador romano Heliogábalo como sumo-sacerdote del sol. Heliogábalo solicitó a los médicos que intentaran hacer en él una vaginoplastia (s.II dC).

Arruinado, desprestigiado, abandonado por amigos y conocidos, alcoholizado y enfermo, murió sin un centavo en el bolsillo en un hogar de acogida para artistas sin recursos. Su único pecado fue haber procesado el amor que no se atreve a decir su nombre. Simeon Solomon murió en el olvido, como en el olvido quedó toda su obra. Tuvieron que pasar casi cien años antes de que volviera a valorarse a este brillante artista anglo-judío.

Oscar Wilde, amigo suyo, una vez preso lamentó tener que vender las pinturas suyas. Hoy están expuestas en el prestigioso Victoria and Albert Museum de Londres.