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Déborah García da voz a mujeres, moriscos y gitanos de la historia de España


  • Escrito por Jose Oliva
  • Publicado en La Zurda

Juana de Castilla, la Gran Redada a los gitanos, el fin de la Guerra de Sucesión o la expulsión de los moriscos son parte de las once fechas clave para revisar el discurso hegemónico de la historia de España.

La historiadora Déborah García Sánchez-Marín utiliza en su obra ‘España es esto y todo lo contrario’ (Temas de hoy) voces que no encontraron su espacio en el transcurso de los siglos para articular un discurso no complaciente con la historia tradicional.

En una entrevista con Efe, la autora señala que en esas fechas hay “un equilibrio entre momentos que vertebran el ‘España es esto’ y otros que lo hacen con el ‘todo lo contrario'”. García asegura que este libro viene “para sumar”, no para sustituir a ningún otro, porque está concebido para “hacer de la historia un ente más caleidoscópico y, por ende, más justo”.

Gitanos y moriscos

En el libro se da voz a otros colectivos a los que se les negó, como los gitanos o los moriscos, cuyas “expulsiones e intentos de aculturación respondían a un deseo de las monarquías de la época de homogeneizar a la sociedad, de imponer un único modelo, el católico”. Y añade: “La religión fue la línea que se hizo en el suelo durante mucho tiempo para saber qué era esto y qué todo lo contrario”.

En el caso de los moriscos, recuerda, las pérdidas económicas e incluso demográficas fueron “irreparables”, como en el Reino de Valencia, que perdió el 33 % de sus gentes; o la expulsión de los judíos de 1492 que fue “la primera fuga de cerebros de la Historia de España”, en la que fueron expulsados los antepasados, por ejemplo, del filósofo Baruch Spinoza.

El rol de la mujer en la historia de España

Sobre la ausencia de la mujer en la historia, la autora señala que “podemos pasar siglos investigando el pasado e intentado rescatar esas voces que quedaron fuera de juego, pero creo que lo más interesante es que al ser conscientes de cómo ha funcionado este entramado en el que la Historia es solo una más, cambiemos las condiciones del juego, ahora, para todos esos cuerpos que no son hombres privilegiados cisgénero y heterosexuales”.

En el caso de la primogénita de los Reyes Católicos, Déborah García piensa que “a través de su figura se puede ver cómo ha funcionado el poder, cómo y desde dónde se ha escrito la Historia”, y la autora prefiere pensar en “la Juana que sí tuvimos, la que se quitó de en medio, la que terminó haciendo lo que quería desde su juventud: retirarse del mundo y dejar de ser un peón en manos de todos”.

Denuncia la historiadora que los relatos y las historias de mujeres protagonistas como Manuela Malasaña o Agustina de Aragón “siempre han estado al servicio de la creación de patrias y España, nunca han sido protagonistas por sí mismas, siempre ‘supeditadas a’, y nunca para contar la Historia de las mujeres y protagonizarla sin ambages”.

Su ejemplo, agrega, “unas en la vanguardia, otras en laretaguardia y otras huyendo a las montañas para no ser violadas”, han acabado vertebrando a la mujer como el sujeto político que es hoy.

Segunda República, Guerra Civil y Transición

García valora los logros de la Segunda República: “La Constitución de 1931 fue la primera en plantear el principio de igualdad entre hombres y mujeres. Pudimos votar, pudimos ser cargos electos, acceder a los mismos trabajos que los hombres, se protegió a las madres, se despenalizó el adulterio, se promulgó el derecho al divorcio; medidas para que la mujer fuera un sujeto activo en la sociedad, que ya lo éramos, no parábamos de cuidar y de trabajar”. “La matriculación de niñas en las escuelas y en la universidad se duplicó, pero el golpe de estado, la Guerra Civil y luego cuarenta años de franquismo borraron esos progresos, esa semilla”.

Apuesta por cambiar la herencia de una Transición imperfecta: “Toda esta Historia escrita y protagonizada por los hombres blancos cisgénero y heteros nos ha traído hasta una crisis sin precedentes en todos los sentidos, económico, ecológico” y han dejado “unas sociedades que han relegado los cuidados a un segundo plano”.

Para Déborah García, es insustancial “seguir planteándonos si las mujeres cazaban o no en la prehistoria”, cuando lo interesante es “poner en el centro otras actividades igual de fundamentales, pero con peor prensa, o con cero prensa, como saber quién plantaba, quién mantenía el fuego vivo o quién daba de mamar”.