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Erna Caveson, la última sefardí que da voz al ladino en Bosnia


  • Escrito por Nedim Hasic
  • Publicado en La Zurda

La vida de Erna Caveson Debevec supera cualquier ficción. Nació súbdita del reino que fue luego la Yugoslavia socialista. Fue perseguida por los nazis.

Y a sus 88 años es probablemente la única mujer que habla ladino en Bosnia, a donde los judíos expulsados de España trajeron ese idioma hace siglos. Cuando recuerda ese camino, le parece como si hubiera vivido cinco vidas. Y está feliz. Sólo lamenta no conocer el lugar de origen exacto de su familia.

"Sabemos que, tras la expulsión de España (a partir de 1492) se fueron al Imperio otomano, que pasaron un tiempo en Novi Pazar, en la actual Serbia, y luego llegaron a Sarajevo", relata a Efe la mujer, cuyo apellido, Caveson, tiene sus raíces en la palabra "cabeza".

"Creíamos que quizás nuestro apellido quería decir 'listo' o algo así, pero al final alguien nos explicó que significa 'obstinado'", cuenta Erna Caveson, que asegura tener un gran afecto por España.

"Han pasado siglos desde la expulsión de los judíos españoles, pero yo siento aún algo bonito por ese país", asegura.

LA ÚNICA HABLANTE DEL LADINO

"Yo no sé si soy la única mujer que avla judeoespañol (en lo que fue Yugoslavia). No sé si hay algunas en otras sivdades, yo penso que no, ma akí (en Sarajevo) yo soy la única que avlo", dice en ladino. Explica que sus antepasados no usaban ese nombre para el idioma judeoespañol, sino el "jidio".

"Avla mi in jidio", significa "háblame en judío", traduce Caveson, quien es jurista de profesión. De pequeñas, ella y su hermana, ya fallecida, no hablaban "jidio" en casa sino serbocroata, ya que sus padres "usaban el ladino solo cuando había algo que las niñas no teníamos que saber".

Pero absorbían el idioma, palabras, proverbios, expresiones. Empezaron a hablarlo siendo adultas y charlaban entre ellas en cualquier ocasión "sacando las palabras de las partes remotas del cerebro".

A eso ayudó que sus padres vivieron muchos años. "Muchos judíos no tenían esa suerte. Se quedaron huérfanos (en el Holocausto perpetrado por los nazis) sin familia. Asesinadas y víctimas de los campos de concentración. El idioma se perdió, no había nadie que lo hablara", lamenta.

UN IDIOMA QUE DESAPARECE

Cinco siglos después de la expulsión de los judíos de España, el ladino es un idioma arcaico que va desapareciendo de los Balcanes y antiguos territorios del Imperio otomano.

Caveson ha visitado varias veces España, donde su hijo, que es presidente del Tribunal de Bosnia-Herzegovina, vivió en la década de 1990 y donde hoy vive una sobrina. Gracias al conocimiento del ladino pudo comunicarse allí sin problemas.

"Una vez, cuando visitaba a mi hijo, un vecino en medio de la charla me preguntó: '¿Es usted sefardí?' En pocos minutos reconoció mi idioma. Y es normal, porque aún es español", señala.

El judeoespañol, mezclado con el turco y el serbocroata, se habló extensamente en Bosnia durante varios siglos, sobre todo desde finales del XIX, cuando prosperó la población sefardí en Sarajevo, hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando los croatas fascistas aliados de la Alemania nazi ocuparon la ciudad y persiguieron a los judíos de la ciudad.

En el Holocausto fueron asesinados la mayoría de los más de 12.000 judíos bosnios. Ahora sólo quedan 800, unos 600 de ellos en Sarajevo. Sólo tres personas hablan ladino. Sólo una, Erna, es mujer.

SUPERVIVIENTE DE LA GUERRA

Caveson nació en 1933 en el Reino de Yugoslavia. Tuvo una infancia despreocupada, como nieta de un acomodado fabricante de dulces e hija de un matrimonio de intelectuales.

Cuando tenía ocho años, los fascistas croatas empezaron a matar a los judíos en Sarajevo y a llevarlos a los campos de exterminio, donde sus abuelos y seis de sus ocho tíos paternos fueron asesinados.

Caveson huyó con su madre a Mostar, ocupada por los fascistas italianos y donde había cierta tolerancia hacia los judíos. Luego, ya reunidos con su padre, la familia estuvo con otros refugiados judíos en el campo de concentración de la isla de Rab, donde había una escuela para los niños presos.

"Lo llamaban Campor. Estaba en la cima de la isla. Los italianos no nos mataban. Sus dirigentes eran fascistas, sí, pero tenían un poco de consideración hacia nosotros", recuerda.

Allí vivió hasta la capitulación de Italia en 1943, cuando fueron evacuados por los partisanos antifascistas del mariscal Tito, futuro fundador de la Yugoslavia socialista.

"Si hubiesen llegado los alemanes, todos hubiésemos sido asesinados", asegura Caveson.

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