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La identidad sexual en los adolescentes: una cuestión extremadamente delicada


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Desde que el mundo es mundo, los niños se cuestionan su identidad sexual en base a su identidad sexual, que viene prescrita por su anatomía. El ser humano es un ser de palabra y el niño-bebé, el que aún no habla, debe integrar que su sexo anatómico no le da todas las claves -ni mucho menos- de su "sexuación", es decir, de la forma en que se situará como ser de género en este mundo de la palabra.

A los padres les ocurría a menudo decirse a sí mismos sobre su hijo que hacía tales preguntas que éstas se resolverían espontáneamente... con el tiempo. Y la mayoría de las veces no se equivocaban. Se trata en general de dar al niño la oportunidad de "enfrentarse a los límites de la vida". El niño tiene el tiempo de la infancia para esta confrontación. De modo que no hay nada de patológico en esto; pero en este proceso, en este viaje, lo que ya nos puede hacer entender que la patología podría ser posible, es que el niño se aferra, cueste lo que cueste, a su idea, a la idea que tiene de la realidad -en este caso anatómica- que le corresponde... hasta el punto de llegar a negar esta última.

En los adolescentes, el diagnóstico de disforia de género es sumamente delicado, ya que se encuentran en un periodo de agitación hormonal, cambios físicos y malestar psicológico. De este discernimiento diagnóstico dependerá el manejo pediátrico, endocrinológico e incluso quirúrgico. La confirmación diagnóstica de la incongruencia de género es tanto más importante cuanto que puede conducir a un seguimiento individualizado y personalizado.

¿Cuándo y cómo responder a una posible solicitud de intervención médica?

Hasta que se produce la pubertad, es enormemente complicado, si no inaceptable, realizar cambios irreversibles (como la cirugía, según han expresado algunos especialistas [Duvergeer 2021]. Algunos tipos de tratamiento, los endocrinos por ejemplo (que consisten en "bloquear" la pubertad, no son tan reversibles. Algunos efectos son persistentes, puede haber efectos secundarios... Nunca es inocuo y por lo tanto, no se debería precipitar, aunque haya presiones del joven, de sus padres, etc. Cuando la identidad de género percibida por una persona no se corresponde con su sexo biológico y esta diferencia le causa sufrimiento, se denomina disforia de género. O mejor dicho, "incongruencia de género", explica el profesor Philippe Duverger, psiquiatra infantil y jefe del departamento de psiquiatría infantil y adolescente del CHU de Angers.

La posición del psiquiatra es muy concreta, según diversos psiquiatras. Se puede escuchar y entender este rechazo: la transidentidad no es una patología, entonces ¿por qué hay que ir al psiquiatra y por qué tiene que dar luz verde, sobre todo a una operación quirúrgica? Si se vive así, se puede entender que sea insoportable. Pero hay que pensar que el psiquiatra no está para juzgar, validar o invalidar una elección. Está ahí para acompañar y pensar con el joven. Pensar en los problemas y los efectos de esta transformación, la experiencia, la forma en que los demás les miran, su autoestima... Algunos jóvenes, sobre todo los que están abandonados a su suerte, piensan que cambiar de género resolverá todos sus problemas: "Soy otra persona, así que cambio mi historia y todo lo difícil que he vivido hasta ahora desaparecerá". Pero esta transformación no les hará empezar de cero. Nuestro papel es, pues, acompañar a estos jóvenes con amabilidad en cuestiones importantes que tocan la identidad y que, por tanto, son fundamentales.1

Así, se ha tratado de identificar cómo entender este entrelazamiento de marcos nosológicos en el período de la adolescencia. Hay que tener cuidado cuando la incongruencia de género se encuentra asociada a un trastorno de personalidad o psiquiátrico, cuya inestabilidad puede generar confusión entre los cuidadores. La relación de co-ocurrencia entre el trastorno psiquiátrico y la disforia de género, desde un punto de vista clínico (no estadístico), parece ser particularmente difícil de desentrañar. Sin embargo, una consideración cuidadosa puede conducir a una información adecuada, un diagnóstico preciso y un seguimiento personalizado.

Cualquier cuidador debe tener en cuenta las cuestiones psicológicas vinculadas a esta disconformidad del sexo con el género, al tiempo que garantiza la reducción del sufrimiento resultante.

La mitigación del sufrimiento que se deriva de ella. Deben explorar las formas en que la expresión de la identidad de género, la aceptación del cuerpo, el tratamiento del estigma, la aceptación por parte de los miembros de la familia (y de los compañeros), y las dificultades resultantes de gestión emocional (Bujon, 2012). Más allá de esta progresión diagnóstica teórica, hay que seguir trabajando en la aprehensión de este estado de cosas por parte de la comunidad psiquiátrica, que sólo recientemente ha pasado de la noción de "trastorno" a la de "disforia", de este modo, junto a las asociaciones que trabajan para desestigmatizar esta condición (World Professional Association for (Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero, WPATH SOC-7, 2012). El debate sobre estos términos sigue en marcha.

El objetivo de esta reflexión es considerar la importancia de la precaución médica. Hay que tener cuidado con las representaciones que se hacen de las descritas en estas líneas, para que su confrontación con las de otros actores permitan un debate constructivo. Las recomendaciones relativas a la disforia de género no deben dejarse de lado, pero adaptado a las exigencias personales de los interesados. La resolución de este enfoque integrador garantizará un cuidado y una aproximación personalizada y certera de las necesidades, que siempre serán muy concretas e individualizadas.

 

1Referencias: Drescher J., Byne W. (2012). Gender dysphoric/gender variant (GD/GV) children and adolescents: summarizing what we know and what we have yet to learn. J Homosex., 59, 501-510. Drescher J., Winter S. (2012). Minding the body: situating gender identity diagnoses in the ICD-11. Int Rev Psychiatry, 24, 568. Aitken M. et al. (2015). Evidence for an altered sex ratio in clinic-referred adolescents with gender dysphoria. J. Sex. Med., 12, 756-763. Bockting W. (2015). Internalized transphobia. The International Encyclopedia of Human Sexuality, A. Bolin (Eds), 583-625. Steensma T., Cohen-Kettenis P. (2011). Desisting and persisting gender dysphoria after childhood: A qualitative follow-up study. Clinical Child Psychology and Psychiatry, 16(4), 499-516. Toomey R., Russell S.T. (2010). Gender-nonconforming lesbian, gay, bisexual, and transgender youth: school victimization and young adult psychosocial adjustment. Developmental Psychology, 46(6), 1580-1589. Winter K. (2016). Transgender people: health at the margins of society. The Lancet, 388(10042), 390-400. Wylie S. (2016). Serving transgender people: clinical care considerations and service delivery models in transgender health. The Lancet, 388(10042), 401-411. World Professional Association for Transgender Health, WPATH SOC-7 (2012). Standards of care for the health of transsexual, transgender and gender nonconforming people. Minneapolis, 7th ed. Zucker K. (2008). Enfants avec troubles de l’identité sexuée : Y-a-t-il une pratique la meilleure ? Neuropsychiatrie de l’enfance et de l’adolescence, 56(6), 350-357.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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