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Casado, o cómo mirar al centro y a la derecha al mismo tiempo


El PP de Pablo Casado ha declarado que ha vuelto y que se ha acabado su "travesía en el desierto" y, tras exhibir músculo, se marca el reto de armar una mayoría para gobernar en solitario, con mensajes a derecha e izquierda con los que crecer como "centro fuerte".

Terminada la convención nacional del PP, su líder se marcó un objetivo: lograr un Gobierno unicolor con acuerdos puntuales a derecha y a izquierda. O lo que es lo mismo, alcanzar una posición en la que ni Vox esté en condiciones de exigir nada, ni Pedro Sánchez pueda armar de nuevo un pacto a varias bandas para mantenerse en Moncloa.

Para lograrlo el PP tiene una doble estrategia. Que vuelvan los que se fueron y atraer votos prestados de la socialdemocracia, es decir, a votantes que se sitúan más al centro que su propia formación, de centroderecha.

Ante los liberales que optaron por Ciudadanos y los que, decepcionados con Mariano Rajoy, se fueron a Vox, Casado apela al voto útil y promete una "revolución de las promesas cumplidas", con las autonomías donde el PP gobierna como vanguardia. Mientras que en Ciudadanos suma el fichaje de dirigentes y exdirigentes naranjas, un proceso que no cesa.

Y a los votantes que fluctúan entre bloques y que apoyaron a Rajoy en su primera legislatura, les dice que son los verdaderos socialdemócratas frente al "sanchismo". Alérgicos a los pactos con el independentismo o EH Bildu, los que no ven en Unidas Podemos como un socio fiable, a todos ellos apela Casado.

Un mensaje a dos bandas que entraña una complejidad evidente, que se suele ilustrar con el dilema de la manta corta, donde hay que elegir entre taparse la cabeza o los pies, porque las dos opciones al mismo tiempo son imposibles.

Casado cree que ese dilema tiene solución, que hay ideas que movilizan a ambos lados del arco parlamentario, como la unidad de España o la prisión permanente revisable. También la gestión ante la crisis, donde se ofrece como solución a una "España quebrada".

Además, ha buscado plantear una batalla cultural con políticas "en positivo" y por ejemplo habla de cultura de la vida, pero de ayudas a la maternidad y no sobre el aborto. Pero en su discurso, que pretende ser de centro fuerte, conviven mensajes contradictorios. Incluye alusiones a la inmigración ilegal y después defiende el estado autonómico -una de cal y otra de arena para quienes se sitúan junto a Vox- o propugna una liberalización del suelo y una baja fiscalidad, que no casa con los intereses socialdemócratas.

Casado cree que sus ideas caben bajo un mismo paraguas, el del "constitucionalismo militante" y en la propuesta de un nuevo contrato social, que adquiere ecos reconstituyentes cuando lo compara con 1977. Un objetivo más que ambicioso para el que le tienen que salir los números.

En los dígitos el modelo es Madrid. Es la victoria que Isabel Díaz Ayuso logró el pasado 4 de mayo: más diputados que el conjunto de la izquierda, con Vox obligado a votar con sus contrarios para frenar políticas al PP. Aunque también ha aludido Casado a la legislatura en minoría en la que Rajoy necesitó del apoyo del PNV y de la abstención del PSOE -salida de Pedro Sánchez mediante- para gobernar.

Sin embargo, ni España es Madrid, ni 2021, y mucho menos 2023, es 2016. En Madrid hay dos bandos, izquierda y derecha; en el Congreso también cuentan nacionalistas e independentistas.

Cuando el PNV se alineó con Rajoy, Vox, que repele al resto de partidos, no tenía representación parlamentaria. Y cuando el PSOE sacrificó a su líder para pasar del 'no es no' a la abstención, Sánchez no había tocado el poder que da el Consejo de Ministros.

El mensaje de Casado da además por hecho que Vox se conformará, como hasta ahora, con ser un socio externo del Gobierno, pero su líder, Santiago Abascal, ha endurecido sus mensajes contra el presidente del PP, al que ha tachado de "burdo relevo" del PSOE y de quien ha dicho que es "mentira" que vaya a llegar a ningún Gobierno.

Ante estas críticas, el PP se ha limitado a señalar que Vox no es su adversario, y a seguir en la táctica de no confrontar con Abascal.

Pues, de cumplirse las encuestas, que se sitúan en un empate técnico, Vox podría tener la llave entre un Gobierno del PP o la repetición electoral, máxime cuando tanto el PSOE como el PP han hecho bandera de su rechazo a una gran coalición.

Es este contexto de polarización donde Casado pretende hablar a izquierda y a derecha y que en ambos espacios entiendan su mensaje, sin parecer perdido ni contradictorio. Por delante le quedan dos años para comprobar si es posible.

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