Quantcast
ÚNETE

Comparecer en el hartazgo

Mariano Rajoy se someterá mañana, aunque esta vez en sesión extraordinaria, a la enésima dosis de preguntas-reprimenda de la Oposición a cuenta de la trama Gürtel.

El formato ha sido posible gracias a un tibio PNV, que no ha querido que el voto de sus diputados impida el que han definido, sin ocultar cierta displicencia, "un acto de legítimo control institucional". Los nacionalistas vascos han advertido de que, no obstante, lo que ocurrirá este miércoles no será más que otro duro rifirrafe parlamentario de agrias réplicas y dúplicas. Rajoy no responderá a nada y, además, dirá la última palabra. Antes, el PP habrá regado el Hemiciclo de y tú más, eres y venezuelas, incómodos invitados a la sesión extraordinaria. Y, con toda seguridad, habrá quien, al albur de la algarada, asegure que tan dantesca escena no se vivirá en una Cataluña independiente. En definitiva, la comparecencia de Rajoy en el Congreso se resumirá mañana en otra poco edificante sucesión de improperios difundida por tierra, mar y Twitter. Ni se habrá rozado el objetivo perseguido: la verdad. La pena de telediario se servirá, en todo caso, fría y al gusto de todos.

Menos para el PSOE, en ausencia de Pedro Sánchez, Margarita Robles -o quien hable en nombre de los socialistas- ejercerá de acompañante de Podemos, toda vez que la formación morada ha sabido atribuir, sin resistencia, ese rol al Grupo Parlamentario Socialista, al suscribir Pedro Sánchez la agenda de Pablo Iglesias frente al Partido Popular.

La izquierda parlamentaria debería escuchar a los otros partidos que también forman la Oposición y unir fuerzas para acorralar a Rajoy y todo el PP, de verdad. La oportunidad está en la incómoda comisión de investigación de la Gürtel. Es donde debe responder, una por una, a todas las preguntas que el líder popular logró eludir cuando declaró ante el tribunal que ya juzga el caso. También a otras tantas, muy necesarias, que no se han formulado. La Oposición en su conjunto debe lograr que la comisión de investigación sea un juicio político real, pues ese debe ser su objetivo en el Congreso. Los grupos parlamentarios contra la corrupción están obligados a superar el mero descalificativo y establecer ante la ciudadanía que las mentiras del Presidente del Gobierno, y su participación -por acción u omisión- en la trama de su partido, están devastando la política española, impidiendo una acción de Gobierno para la ciudadanía, y lastrando la imagen de nuestro país ante los ojos del mundo.

Los españoles merecen algo más que un rosario de reproches en una frenética carrera por liderar la Oposición. La resistencia del Partido Popular descansa, en gran medida, en el hartazgo de los electores.