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Científica gallega emigrada: "No solo importa don dinero, la ciencia también"

  • Escrito por Ana González
  • Publicado en Nacional

Nacida en Pontevedra, Mónica lleva casi treinta años viviendo fuera de Galicia. A sus 55, reside en la ciudad canadiense de Montreal. Es directiva en una empresa de biocomponentes y tiene claro que, con el coronavirus, todo ha cambiado, incluso el ser humano, pues "la crisis nos recuerda que no solo don dinero es importante, que la ciencia, el conocimiento, importa".

La crisis sanitaria originada por el covid-19 ha aflorado emociones atosigadas por el trabajo y la falta de tiempo y ha revelado lo importantes que son los abrazos y la cercanía, según los testimonios de varios gallegos emigrados recogidos por la serie de podcast "Testigos en el tiempo", realizada por la Fundación Luis Seoane, que documenta con un archivo sonoro la etapa de confinamiento vivida y las reflexiones sobre la pandemia en diferentes lugares del mundo.

La historia de Mónica se suma a la de Juan Pedro, coruñés directivo de una empresa de maquinaria en México, y a la de María Soledad, abogada fiscalista en Los Ángeles. Ellos forman el episodio "América del norte", cuyo hilo de unión es la pertenencia a una generación nacida entre 1965 y 1980 que exploró en el extranjero su ascenso laboral.

A su huella se suman las de Antón, Duarte y Alejandro, los tres jóvenes protagonistas del capítulo "Mundo Anglosajón", que se fueron de Galicia en tiempos de crisis y representan el resultado de un proceso de formación internacional, la búsqueda de la oportunidad y su desarrollo profesional.

"El mundo despertó al hecho de que la especie más poderosa de la tierra, el hombre, es trágicamente vulnerable al organismo más pequeño, sencillo y numeroso del planeta", discurre Mónica, que no ha dejado de trabajar desde que el coronavirus se acercó a su vida.

Su principal desafío profesional ha sido diseñar protocolos sanitarios para evitar que el virus se propagase en su compañía de cien empleados. Con todas las dificultades relata que, en el lugar que habita, la gente ha sido responsable, haciendo caso en todo momento a cualquier recomendación sanitaria.

Y es que la provincia de Québec ya sufrió una grave crisis en 1998 a raíz de una gran tormenta de hielo, lo que les ha proporcionado, a su juicio, estoicidad para afrontar momentos difíciles. Esta pontevedresa emigrada, que todavía regresa a Galicia dos o tres veces al año, comparte la pérdida de seres queridos con esta pandemia.

"Me gustaría pensar que esta crisis podría dar lugar a un mundo más respetuoso", enfatiza Mónica, que quiere que la humanidad se transforme para "ser conscientes de nuestra fragilidad, de la importancia de cuidar nuestro entorno, de las desigualdades en muchas partes del mundo y dentro de tu país".

"Puede que olvidemos todo en poco tiempo o puede que no", abunda. En el mismo continente, pero en Ciudad de México, vive desde 2016 el coruñés Juan Pedro, que relata su historia en este podcast.

A sus 45 años, es directivo de una empresa de maquinaria y se marchó de la comunidad gallega en 1999. Elogia su país de adopción, admira sus tradiciones, sus creencias, su amabilidad, el respeto, la permanencia de culturas indígenas, la variedad gastronómica e incluso los tequilas.

"Comprender e identificarse con la sociedad de aquí es bastante fácil", afirma Álvarez, que destaca la "humildad" como el principal valor de su gente. En México, señala, no hubo confinamiento obligatorio por parte de las autoridades, pero los habitantes mantuvieron una cuarentena voluntaria y se comenzó a teletrabajar, aunque la mayor parte de la población no podía ejercer su empleo desde casa y se veían obligados a exponerse al virus.

No es su caso, pues pudo cesar los viajes de su empresa y quedarse en casa con su familia. De hecho, para Juan Pedro el confinamiento fue una "maravilla". "Compartir el día a día como no podíamos hacer antes porque yo estaba viajando la mayor parte del tiempo para nosotros fue una ventaja", asegura.

De esta experiencia, opina, se pueden sacar "ideas", a nivel empresarial, para que las compañías sean más "productivas". Cree que pasar más tiempo con la familia y no usar tanto tiempo para trabajar contribuye en el bienestar de las personas que, al final, redunda en una mayor productividad.

"Si quieres abrazar a alguien, hazlo ahora, no lo dejes para mañana", ha sido una de sus principales reflexiones. Al otro lado del charco, el también coruñés Antón estudia un doctorado de Cosmología en Cambridge.

A sus 27 años, lleva una decena lejos de su tierra natal, pues después cursó el bachillerato en Canadá y la carrera de Física en Estados Unidos. Este joven emigrado impulsó una iniciativa solidaria desde el confinamiento para crear un grupo de voluntarios que ayudasen a quienes lo necesitaban y esto le hizo integrarse en la ciudad universitaria que habita.

En Cambridge apenas conocía a nadie antes del confinamiento, pero hizo un grupo de whatsapp para difundir la iniciativa, en el que mucha gente se ofreció a ayudar a personas con movilidad reducida, a llevarles la compra o prestarles el servicio que necesitasen.

"Lo que más recuerdo van a ser las redes que surgieron esporádicamente para ayudarnos los unos a los otros", asegura este coruñés, que cuenta que "realmente fue muy bonito". Sin embargo el confinamiento también hizo que aflorase en él la morriña y se acordase de sus raíces mientras estaba encerrado.

"Aprendí a bailar muñeira por Skype", celebra Antón, quien tuvo tiempo también para plantar unas "doscientas patatas". Inspirándose en las emisiones radiofónicas realizadas por Luis Seoane en el exilio, el proyecto "Testigos en el tiempo" aspira a "hacer historia a través de las historias". EFE.