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Filósofo: "Vivimos en un orden social que es como un castillo de naipes"

  • Escrito por Jose Carlos Rodríguez
  • Publicado en Nacional

El filósofo y escritor compostelano Ignacio Castro critica el mundo superficial en el que vivimos en su último libro, "Lluvia oblicua" (Pre-textos), que califica de "profético": "Vivimos en un orden social que es como un castillo de naipes porque puede derribarse en cualquier momento", piensa.

Su libro, cuya idea surgió en su mente dando clases de psicología mientras hablaba de las emociones, la memoria o la percepción, intenta “demostrar que no sabemos lo que es el hombre, y menos todavía la mujer”, explica en una entrevista con Efe.

“Tenemos muy poca escucha y muy pocos ojos para la vida elemental, en la cual nos jugamos la vida”, afirma el autor, que asegura que la experiencia del coronavirus y el confinamiento “ha puesto a prueba al ser humano” y ha demostrado que somos mucho más frágiles de lo que creíamos.

“Ha sobrevivido bien con o sin enfermedad la gente que ha sabido poner en pie tecnologías más o menos elementales de superviviencia, que tienen que ver más con los sentidos y la intuición”, asegura.

El título de su obra, “Lluvia oblicua”, viene de un poema de Maiakovski, que habla de un tipo de precipitación “para la cual no tenemos paraguas, porque es demasiado sesgada”. Y es que el libro estudia cómo el sistema actual, el capitalismo, “funciona de una manera alternativa” ante la cual el ser humano no tiene manera de defenderse.

“Es una crítica de lo alternativo como corazón del sistema. Habla de un tipo de poder, un tipo de presión que nos deja desarmados porque no funciona como el régimen autoritario de antes, sino con la incitación, la implosión, la sonrisa y la participación y esto nos convierte en monigotes de un poder más uterino que patriarcal y más seductor que autoritario”, afirma.

Dividido en diez capítulos que hablan de temas como la inteligencia artificial, el darwinismo y su uso perverso en el capitalismo, el idealismo, el arte y la percepción o las religiones, “Lluvia oblicua” puede leerse por el final, por el medio o por el principio, ya que, según Castro “todo el libro cabe en un solo capítulo”.

“Cada capítulo, en cierto modo, como se dice que ocurre en ‘Rayuela’, de Cortázar, es una versión de todo el libro. Son capítulos muy distintos pero cada uno de ellos basta para explicar el conjunto del libro”, sostiene.

Castro apunta a que su libro es “desgraciadamente profético” porque critica una especie de “huida” de la cultura occidental hacia las superestructuras globales o las ideas globales, el contagio general, la información y las noticias y consignas generalistas.

En cambio, reivindica la atención a lo micro, a los pequeños detalles en los que “nos jugamos la vida”. “El libro es más comprensible ahora, tras la pandemia, después de este susto que hemos tenido y que no ha terminado todavía.

Es profético porque en cierto modo dibuja toda la sociedad y lo tecnológico en una especie de castillo de naipes que se puede derribar al segundo golpe de viento, que es lo que nos ha ocurrido”.

Sin embargo, Castro apunta a que “Lluvia oblicua” emplea un lenguaje “relativamente común”, más dirigido “al sentido común de las personas normales que a los expertos en filosofía”.

Por tanto, es un libro que puede leer “cualquiera que se haga preguntas difíciles”; cualquiera, joven o mayor, mujer u hombre, “que haya tenido en la vida heridas o dificultades”. Porque en cierto modo, subraya, el libro defiende la tesis de que “en afrontar la angustia de cierto desamparo en la condición humana está la solución” y no, en cambio, en la búsqueda de una “perpetua cobertura o conexión y perpetua dependencia”, tendencia que Castro teme que vaya a verse “todavía más reforzada” a raíz de estos meses de crisis sanitaria.

“Todo este andamiaje aparentemente nos protege, pero en realidad nos desarma como una prótesis que es usada demasiado tiempo en una pierna o brazo y que vicia”, afirma. Castro terminó “Luvia oblicua” en el mes de diciembre, antes de la emergencia.

Sin embargo tiene, en palabras suyas, “una óptica un poco dura” y que en en cierto modo “preveía lo que podía ocurrir”, ya fuera una catástrofe como la que se vive o de otro tipo.

“El libro dibuja al ciudadano moderno perpetuamente conectado y sociodependiente, como un personaje muy endeble y muy vulnerable. Nunca pensé que me iba a dar tanto la razón la realidad como ha ocurrido en estos meses. Ojalá no hubiese sido así”. EFE.