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Pegaso ET-59373-1 retirado del servicio. Misión cumplida

  • Escrito por Noelia López
  • Publicado en Nacional

De los talleres de la Empresa Nacional de Autocamiones ENASA salió en 1975 un Pegaso 3050 que sólo tuvo una misión: transportar el féretro de Francisco Franco desde la Plaza de Oriente a la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos un 23 de noviembre, el día del entierro del dictador.

Su cuentakilómetros se paró en el número 1.344. Ahí están los 1.000 kilómetros del rodaje de prueba a los que ENASA sometía a estos vehículos en la época, pequeños recorridos previos al 23 de noviembre y el centenar de kilómetros que realizó en aquella jornada histórica.

A la ida, con el féretro de Franco en la parte trasera descubierta, sobre un armón tapizado de terciopelo negro; a la vuelta, de vacío. No se sabe por qué no volvió a utilizarse, apunta a Efe el coronel Daniel Durán García en el Parque y Centro de Mantenimiento de Vehículos de Rueda de Torrejón de Ardoz (Madrid), en cuyo desconocido Museo del Automóvil del Ejército está expuesto hoy el Pegaso matrícula ET-59373-1.

Tras aquel servicio de 1975, explica el coronel, estuvo décadas en un hangar de la Agrupación de Transporte de Canillejas; causó baja en 2004 y en 2007 llegó al museo para unirse a la colección de vehículos históricos del Ejército.

Ahí sigue expuesto junto a otras rarezas, como un camión Henschel que los alemanes trajeron consigo durante la Guerra Civil, una autoametralladora Bilbao de las fuerzas de asalto de la República de 1932, el Dodge 3700 que saltó por los aires en el atentado mortal contra el entonces presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco en 1973 o, la última adquisición, un impresionante Cadillac que formaba parte de la escolta del rey.

Entre estas imponentes piezas, el Pegaso 3050 verde oliva resulta modesto, con la carrocería adaptada para colocar y dejar totalmente a la vista el armón sobre el que se ancló el féretro de quien había sido durante 36 años jefe del Estado.

Nadie pensó entonces recurrir a un helicóptero, la fórmula que se plantea el Gobierno para trasladar ahora los restos de Franco desde Cuelgamuros al cementerio de Mingorrubio El Pardo.

Según relata en el libro "Operación Lucero" el general Juan María de Peñaranda, que trabajó de 1962 a 1979 en los servicios de inteligencia vinculados a la Presidencia del Gobierno, se barajó que en un primer tramo, hasta el inicio de la carretera de La Coruña, el féretro fuera sobre un clásico armón de artillería tirado por caballos.

Pero el recorrido incluía subir una cuesta empedrada y los expertos descartaron que ese tramo pudiera ser salvado por un tiro de caballos con el enorme peso del armón. Para evitar el riesgo -y el espectáculo- de que las caballerías resbalasen, se optó por el Pegaso 3050, considerado entonces el vehículo más moderno y ligero del Ejército de Tierra.

La operación técnica para adaptar la carrocería -y para hacerlo con la debida reserva-, relata el general, se encomendó al comandante de Infantería Manuel Martínez Obispo, y de la coordinación para salvar las dificultades que suponía ajustar el ataúd al vehículo se encargó el capitán de Artillería José González Soler.

Martínez Obispo, que era jefe de la Unidad de Automovilismo de Madrid, fue el responsable de conducir el vehículo durante el recorrido fúnebre. Acabada la misión, no hubo más kilómetros.

El camión sigue parado en el museo del cuartel de Torrejón de Ardoz con apenas un retoque: el terciopelo que cubría el armón y dibujaba unas orlas negras en los laterales se ha renovado, ante su evidente deterioro.