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Buscando a Augusto Pérez por parte de esta amiga de Unamuno


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Hoy, mientras caminaba por las calles adoquinadas de la ciudad, algo extraordinario sucedió: me encontré con Augusto Pérez. Sí, el mismo Augusto que habita las páginas de la inmortal obra Niebla de Miguel de Unamuno. Aunque parezca increíble, allí estaba él, como si hubiera emergido de entre las líneas de un libro para caminar a mi lado.

Sus ojos, cargados de un pesar profundo y una búsqueda constante de sentido, me observaron con curiosidad mientras entablábamos una conversación. No pude evitar sentir una mezcla de admiración y compasión por este personaje atormentado por su lucha contra los confines de su existencia literaria. Su voz, llena de dudas y anhelos, resonaba en mis oídos como si fuera real, como si hubiera escapado de la ficción para explorar el mundo tangible. No, en verdad, era real.

Hablamos de sus anhelos y sus luchas internas, de cómo enfrenta la paradoja de su propia naturaleza literaria. Parecía sentirse atrapado entre la voluntad del autor y su deseo de libertad, un dilema que me conmovió profundamente. A medida que intercambiábamos palabras, su búsqueda desesperada de autenticidad y su sed de trascendencia se volvían palpables en cada frase que pronunciaba.

El encuentro me dejó una sensación de asombro y reflexión. Augusto Pérez, un ser que vive en la intersección entre lo real y lo imaginario, me recordó la poderosa influencia que la literatura puede tener en nuestras vidas. Su presencia efímera pero impactante me recordó que los personajes literarios pueden trascender sus páginas para habitar nuestras experiencias, desafiando los límites de lo que consideramos posible.

Ahora, mientras miro hacia atrás en ese encuentro inusual, siento una conexión única con Augusto Pérez y su lucha por la autenticidad y la identidad en un mundo lleno de incertidumbre. En cierto sentido, él se ha convertido en más que un personaje literario; es un eco de las preguntas eternas que todos enfrentamos en nuestras vidas.

Apenas si sentía el contacto del asiento sobre que descansaba ni el peso de su propio cuerpo. ¿Será verdad que no existo realmente? -se decía-. ¿Tendrá razón este hombre al decir que no soy más que un producto de su fantasía, un puro ente de ficción?

Tristísima, dolorosísima había sido últimamente su vida, pero le era mucho más triste, le era más doloroso pensar que todo ello no hubiese sido sino sueño, y no sueño de él, sino sueño del autor. La nada le parecía más pavorosa que el dolor. ¡Soñar uno que vive..., pase; pero que le sueñe otro!...

"Y ¿por qué no he de existir yo? -se decía- ¿Por qué? Yo he hablado con él, con Augusto y si no fuera por estos encuentros, la vida se me hace difícil, conociendo a Unamuno como le conozco, sufro con él y con mis personajes también.

Esa es la razón, escribir es un hecho espiritual y cada vez que leemos, reorganizamos el cosmos del creador juntamente con él, lo vivificamos. ¡Ahora tú que eres el primero o la primera ya lo has hecho ya has creado la realidad que previamente desde mi mundo había imaginado-creado yo para que tú la hicieras en el tuyo realidad!

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.