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Las moscas: un circo aéreo de enemigos


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En los cálidos días del verano, cuando el sol derrama su luz dorada, sobre todo, nuestras vidas se llenan de actividades y momentos de relajación. Sin embargo, este escenario idílico a menudo se ve interrumpido por un visitante persistente e irritante: las moscas. Así como en el poema "Las Moscas" de Antonio Machado, estas criaturas revolotean sin tregua, recordándonos que incluso en medio de nuestros momentos más preciosos, la realidad de la incomodidad siempre está presente.

Estas pequeñas y cerdas compañeras de verano se convierten en un recordatorio vívido de la dualidad de la existencia. Mientras disfrutamos de picnics en el parque, tardes en la playa o siestas en la hamaca, las moscas zumban a nuestro alrededor, rompiendo la armonía con su presencia insistente. La cosa va mucho más allá. Aprovechas el verano porque quieres descansar. ¡Esas mañanas a las 7 cuando sale el sol y entran como torpedos a por ti, puede incitar al asesinato fácilmente! Es mi caso. No son problemas cotidianos que enfrentamos en la vida, son inconvenientes que como psicóloga ya le digo yo al lector, que me producen TOC de nivel superior. Y que no soy la única, biensûr. Pueden eclipsar nuestras alegrías y momentos especiales.

A veces, nos imaginamos que son nuestros enemigos, una patrulla, una tribu invisible porque creo que los enemigos se hacen solos. Para mí la excepción es tener amigos. Es decir, vivo en un mundo enemigo total y quizá amigos sean…los grillos, por ejemplo, son maravillosos. Dan algo a cambio.

Al mirar más profundamente, podemos encontrar un paralelo con la enseñanza del poema de Machado. Así como las moscas pueden recordarnos la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, también los obstáculos cotidianos pueden recordarnos que nuestra existencia está llena de altibajos, que no siempre podemos controlar todas las circunstancias y que debemos aprender a adaptarnos y seguir adelante. ¡Pues menuda gracia!

Ah, el verano: ese glorioso período del año en el que el sol brilla, las playas nos llaman y la vida florece en todo su esplendor. Pero espera un momento, ¿qué es eso que se posa en tu ensalada recién hecha? ¡Oh, sí, son las moscas! Esas pequeñas maravillas aladas que, sin falta, deciden unirse a cada comida al aire libre como si fueran los invitados más entusiastas y no deseados de la fiesta. ¡Aguanta la pedrá! ¡Qué ascazo!

¿Y qué hacéis vosotros mis queridos lectores? ¿Sois de los que ponen esas tiras odiosas donde se quedan pegadas? ¿tenéis luces ultravioletas que a cada chispazo muere un díptero? Venga de echar insecticida y venga de echar insecticida. ¿Os divierte cascarlas contra la mesa con esas paletas del chino?

Mientras intentamos disfrutar de nuestra relajación estival, las moscas están ahí para recordarnos que no importa cuán perfecto sea el día, siempre hay espacio para un poco de contrariedad. Son como los vendedores ambulantes de problemas, ofreciendo sus zumbidos persistentes y vuelos erráticos a cada momento. De hecho, su habilidad para aterrizar en la nariz en el momento menos esperado debería recibir un premio por el timing más incómodo.

¿Y los ricos? ¿qué diablos hacen con las moscas? ¿Qué hará la Preysler? ¿Y el Rey? ¿Tendrán personal entrenado para cazar semejantes vomitivos bichos?

Pero ¿y si pensamos en las moscas como nuestros asesores personales de actitud? ¿Quizás están aquí para enseñarnos a abrazar los desafíos de la vida con una sonrisa (y tal vez un movimiento ninja con la mano)? Después de todo, cada vez que agitamos los brazos frenéticamente en el aire, estamos practicando un tipo de ejercicio improvisado. ¡Llámalo "cardio mosca-fóbico"!

Y no olvidemos su amor por las sorprendentes acrobacias aéreas cuando estás leyendo tan a gusto. Yo tengo cama con dosel y cierro los tules que acompañan a la misma, pero no como cosa sensual, ¡nada más lejos! Es pura caverna de protección. Lo cierro y de ahí no salgo. La verdad que es como si tuvieran un contrato firmado para audicionar como artistas de circo en tu tranquila escena veraniega. ¡Bravo, moscas, bravo! Si tan solo pudiéramos canalizar su energía creativa en algo más constructivo, como, digamos, resolver nuestros problemas de matemáticas.

¿Qué me decís del moscardón? Por desgracia no podría ir a un juzgado de guardia para denunciarlo, pero iría, claro que iría.

En última instancia, las moscas se han ganado su lugar en el verano como los acompañantes inesperados que nadie solicitó. Pero en su zumbido y su vuelo, también podemos encontrar una lección: la vida no siempre sigue el guion perfecto. Incluso se han ganado su paralelismo humano: ser una mosca cojonera. Yo tenía una cuñada así. ¡Bref! Brindemos por las moscas por recordarnos que, nos pueden, sí, una mosca o un grupo de moscas en pandilla pueden completamente con una legión de personas a cabreo puro, cambian tu rumbo vital.. ¡Salud, moscas, y que el verano os mate para siempre, os reconozco como mis peores enemigos, sin duda!

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.