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Estío de celebraciones: risas, encuentros y axilas valientes


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

¡Ah, el verano! Esa época del año en la que nuestros vestidos se convierten en lienzos en blanco para que los tejidos muestren su personalidad. ¿O debería decir Family armpits? Sí, por qué no, de hecho cuando el termómetro sube, los tejidos de los vestidos también hacen su propia declaración.

Uno podría pensar que, en estos días de calor abrasador, las vestimentas optarían por la ligereza y la transpirabilidad, como si fueran los practicantes del yoga de la moda. Pero no, algunos tejidos son rebeldes. Prefieren el peso, el drama, la opulencia. Salen a la luz los vestidos de tejido ligero pero que son más bien de pana, es como si dijeran: "Sí, soy denso, pero soy denso con estilo". Por ejemplo, en las bodas, te puede dar un telele, la peña se lanza al vino o a lo que sea pensando que se le pasará la caloreta, pero no. Siempre hay uno en la boda que insiste en usar un atuendo más apropiado para un evento en un castillo medieval que para una barbacoa en el patio trasero. No deberían organizar bodas en verano, bueno ni bodas ni nada que signifique masas de población con olor a sobaco. La gente pierde completamente la compostura y tú ahí con cara de asombro como una tortuga común.

Y luego está el debate sobre la transpiración. Esos momentos en los que te das cuenta de que el tejido de tu vestido parece más interesado en atrapar el calor y la humedad que en dejarte respirar. El desodorante no ha servido para nada. Normal, si te has hinchado a gazpacho, pues la transpiración será así, de ajillo. Mientras unos pocos, muy pocos, están en modo "brisa fresca", otros están modo "sauna tropical de curry". Es como si el tejido dijera: "Vamos a hacer una colección exclusiva de gotas de sudor en la parte baja de tu espalda y de otros olorcillos varios de la multitud. ¡Me rallo mazo! ¡Qué encantador!

El calor y los tejidos al final de la reunión, han hecho pandilla. Se unen en ese abrazo amoroso para crear un perfume único que podría llamarse "Eau de Overheat". La ropa veraniega tiene su propio club secreto al que solo pueden unirse otros, tras haber absorbido suficiente fragancia corporal. Es como llevar un recordatorio olfativo de cada momento incómodo de calor intenso.

¿Y esos tejidos sintéticos del todo que se exhiben sin vergüenza ninguna en el terrible cóctel, en esa congregación hostil obligada? Esos valientes soldados de la moda que se niegan a quedarse en segundo plano, incluso cuando el mercurio se dispara. Siempre están listos para un desafío y, a menudo, ese desafío es mantener a raya los sudores y las arrugas.

¿Quién necesita transpirabilidad cuando puedes tener el glamour de un vestido de poliéster en todo su esplendor? Estos tejidos sintéticos se enorgullecen de su resistencia al agua (y por resistencia al agua, quiero decir que, si te atrapan en un chaparrón, te sentirás como si estuvieras llevando una piscina inflable). ¡Puaj! ¡Porqué hay que vestirse, hombre!

Y luego están esos vestidos del mercadillo (digo, los mismos que los de marca pija pero sin timo) que pretenden ser la realeza de la moda, pero a un precio mucho más accesible. Son como las versiones menos presumidas de los diseños de alta costura. Esos vestidos te miran desde su perchero en el puesto del mercado y te susurran: "Sí, podemos no ser de una marca conocida, pero te aseguro que puedes fingir que estamos a la altura de los grandes nombres de la moda". La peste a cebolla malcriada, ahí la tienes.

Pero aquí está el truco: esos vestidos del mercadillo son como una versión de la Ruleta de la Moda. A veces, te hacen sentir como si estuvieras luciendo un atuendo de alta gama, y otras veces, bien, pareces que te has vestido con cortinas viejas. La gente va feliz, menos tú, ósea, yo, que estoy loca y sufro por TOC que nadie tiene, se conoce. Tampoco deben tener olfato, se conoce.

Pero, a pesar de todas las travesuras que los tejidos pueden hacer en el verano, uno no puede evitar amar esa diversidad en la moda. Cada arruga, cada sudor, cada olor peculiar cuenta una historia. Y si nada más, al menos nos brinda la oportunidad de reírnos de nuestras propias luchas veraniegas y de apreciar la valentía de nuestros queridos vestidos y sus tejidos en su búsqueda por destacar, ¡sin importar el calor o los malos olores que se les presenten en el camino!

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.