HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

El poder absoluto del individualismo


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El individualismo entendido como actitud básica de las personas, se ha impuesto de manera avasalladora. Más allá de lo político o ideológico, la cultura de lo personal ha ganado la partida tanto a derecha como a izquierda. No sé si la tendencia al individualismo es innata como afirmarían los padres del liberalismo y gran parte de los defensores acérrimos de la mayor utilidad del egoísmo individual respecto a pulsiones colaborativas.

Más allá de lo que dijeran Locke, Smith, Hayek o Popper, lo cierto es que es una visión de la condición humana que ha triunfado tanto a nivel doctrinario como de forma fáctica. Esto se ha convertido en casi una estimación incuestionable y absoluta en las últimas décadas, dado que se logró romper amarras del capitalismo social, un capitalismo de “rostro humano” que se había impuesto después de la Segunda Guerra Mundial. La combinación de más de tres décadas de hegemonía de un liberalismo extremo en el ámbito económico y político, conjuntado con su alter ego que es la tecnología digital nos ha llevado a lo que algunos analistas consideran una fase anarquista del capitalismo, ya que no habría más regla que un instinto desenfrenado de enriquecimiento y victoria individual. Cualquier noción del colectivo habría quedado así desplazada y el liderazgo tendría que ver con los nuevos “caballeros errantes” de la tecnología computacional, que dirimen su reinado en batallas de ganador único, de todo o nada. El capitalismo actual no propone representación activa alguna, sino sólo el juego brutal e independiente de la economía entendida como la pulsión elemental de la acumulación.

Desde un punto de vista social, uno de los efectos más evidentes de la digitalización es la existencia de una sociedad centrada en el “yo”. El proceso de individualización ha sido radical y se ha desdibujado el sentido de pertenencia a la comunidad. El espacio, el trabajo o la familia ya no definen apenas nada y nuestro caudal viene más vinculado a intereses, valores individuales o proyectos personales. Existe cierta tendencia a la desaparición de la sociedad civil y resulta preocupante la emergencia de un ciudadano desempoderado. Hacerse muy rico parece uno de los pocos objetivos que merecen la pena, aunque resulte escasamente plausible para la mayoría conseguirlo. El individualismo deriva en soledad y aislamiento. Las grandes plataformas que nos permiten acceder a todo tipo de productos de forma inmediata, como Uber o Amazon, son para personas aisladas, más o menos acomodadas de Occidente. Para Olivia Laing, las ciudades dejan de ser lugares de contacto e interacción entre gente diversa para convertirse en lugares que parecen salas de aislamiento, espacios en los que se cierran los iguales con sus iguales.

Solos y conectados; es lo que caracteriza al individualismo inducido por una competencia feroz. El competidor siempre se convierte en contrincante mientras se incrementa el estado de angustia. El entramado de red se articula en torno a espacios individualizados donde cada sujeto está delante de una pantalla. De hecho, las pantallas en sí están pensadas para una sola persona. Espacios productivos que vistos en perspectiva nos devuelven la imagen de una multitud de personas solas siempre conectadas; soledad con control y vigilancia. Soledad e individualismo no son lo mismo que antes de la era de internet. Ahora existe la posibilidad de aislarse sin sentirse completamente solo, lo que se va normalizando como una forma de vida social. Lo virtual supone un control mucho mayor, significa crearse un mundo donde existe un margen de postproducción para dar la mejor versión de nosotros mismos, una imagen filtrada y mejorada. Lo peor es que todo el mundo sabe que es falsario, puramente irreal.

El pleno ejercicio de los derechos políticos ha exigido siempre la existencia de una ciudadanía libre y con un acceso adecuado a la información, pero también con el desarrollo de espacios de sociabilidad y ámbitos de deliberación, discusión y establecimiento de consensos. Democracia, más que elecciones, es ciudadanía informada y debate reflexivo. Las urnas son el ámbito de culminación de la relación política, no el origen ni el único aspecto constitutivo de la democracia. Hemos derivado, y todavía parece que no hemos llegado a su fin, a una evolución hacia la postpolítica. La actividad política se ha convertido en una dimensión entre denostada y poco considerada por una ciudadanía, que o bien se desentiende y la rehúye, o bien sirve como lugar donde expresar sus frustraciones practicando el voto en negativo. Una postpolítica en la que el carácter de espectáculo combinado con la debilidad tanto de ideologías como de proyectos de futuro induce a conformar una especie de teatro de variedades donde los vínculos del elector son más bien tenues y cambiantes. La inconsistencia de la nueva ciudadanía digital, como la capacidad de sesgo y control de las grandes compañías tecnológicas, están facilitando el triunfo de una democracia iliberal.

 

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR