HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

Tendencias familiares en la España del Siglo XXI


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

La Real Academia define a la familia como un “conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje” y/o “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. Dos perspectivas bajo el denominador común de la vinculación derivada del parentesco que une a los diversos miembros integrantes de la misma. Incluyendo a la familia tradicional (nuclear biparental: padre, madre e hijos), pero también a las tipologías familiares que han surgido en las últimas décadas en los países occidentales (familias monoparentales, familias reconstruidas…) y otras muy recientes como las integradas por personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+.

La mutación de valores que ha tenido lugar en nuestro país en el último medio siglo tiene su reflejo en las estructuras y relaciones familiares. Paradigmático al caso es observar la situación laboral/familiar de las mujeres en la etapa franquista, comparándola con la de nuestros días (a pesar de lo que aún queda por alcanzar).

En aquel periodo, las Reglamentaciones de Trabajo estaban inspiradas en el nacional-catolicismo, según el cual la mujer estaba subordinada al varón. Sirva de ejemplo que la Ley de 14 de diciembre de 1942 de Contrato de Trabajo. art. 11 decía que que “la mujer casada, con autorización de su marido, salvo el caso de separación de derecho o, de hecho, en el que se reputará concedida por ministerio de la Ley para todos los efectos derivados del contrato, incluso el percibo de la remuneración”.

Estableciendo el Estado diferencias entre los salarios de las mujeres y los hombres. Por poner un ejemplo, en las Reglamentaciones de botones, artículos de vestido y tocado, farmacias, hostelería, textil y algodón, entre otras, su sueldo ascendía al 80% del de los varones para los mismos puestos.

Un acontecimiento singular de aquel periodo, que delata cómo era concebida la familia ideal se concretaba anualmente en los Premios Nacionales a la Natalidad, iniciados en el año 1954 hasta el final del régimen. Para Franco, con una población en aquel momento de 25 millones de españoles, era necesario llegar a 40 millones para construir el “nuevo Imperio” y “… Para esta noble tarea contamos con la fecundidad de la mujer española”. Coincidiendo con la festividad de San José el primero fue concedido en el año 1954 a Francisca Castillo Gancedo, quien con su esposo Feliciano Castillo Obregón tuvieron diecinueve hijos. Empatados con este matrimonio quedaron José Madero Martínez y María García Rodríguez. Las mujeres asumían su rol de madres y esposas, el objetivo de sus vidas era tener descendencia y cuidar a sus esposos, así lo habían visto en su madres y abuelas, subordinándose a los varones en una estructura familiar plenamente patriarcal.

El nuevo papel asumido por las mujeres en sociedades avanzadas como la nuestra, tras su progresiva incorporación al sistema educativo y al mundo laboral, ha sido uno de los principales factores del cambio social al que hemos asistido en el último medio siglo, con evidentes efectos en las familias. Las mujeres han ido desvinculándose económica y emocionalmente de sus esposos/parejas, han tomado las riendas de sus vidas, compatibilizando ser madres y esposas/parejas con su actividad profesional; no sin costes derivados de la falta de apoyos institucionales, que hayan hecho posible una conciliación familiar plena.

Los factores que han afectado a los cambios familiares se asocian, por un lado, a la evolución que han seguido los valores sociales/axiológicos (libertad, individualismo, igualitarismo, democratización, pluralismo, secularización, etc) y, por otro, a los cambios en la lógica económica (desarrollo versus crisis), a la intermediación de variables de orden demográfico (aumento de la esperanza media de vida, bajas tasas de fecundidad, etc.), a factores científico-tecnológicos (concretamente, la utilización de anticonceptivos) y a las coyunturas políticas, concretadas en las diversas leyes que sobre la familia han impulsado los sucesivos gobiernos en el poder. Entre las más recientes: la Ley 40/2003 de Protección a las familias numerosas, la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio y el proyecto de la Ley de Familias 2023.

Lo anterior se ha traducido en que las familias españolas actuales son más reducidas que las de hace unas décadas y que la familia nuclear biparental ha dado paso a otras alternativas más plurales. El incremento de las familias monoparentales, de los matrimonios/ parejas con un solo hijo o sin hijos, de las familias integradas por personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ y de los hogares unipersonales muestran la evolución acaecida. Precisamente son las familias monoparentales (fundamentalmente, las madres con hijos a su cargo), las familias integradas por personas mayores de 65 años (en particular, los hogares con mujeres viudas) y las familias numerosas las que se encuentran en circunstancias más desventajosas, situándose, bastantes de ellas, en los límites de la pobreza y la exclusión social.

Además, el hecho de que las familias sean cada vez más reducidas es en sí mismo un dato inquietante de cara al futuro, en la medida en que se dispone de menos apoyos vitales, a la par que la soledad tiene mayor probabilidad de hacer aparición.

Por otro lado, las relaciones familiares (entre los integrantes de la pareja e intergeneracionales) han ido avanzando hacia su democratización, a pesar de los episodios de violencia de género (siempre han existido, aunque invisibilizados), detrás de los cuales cabe interpretar que los varones que la ejercen no aceptan el nuevo papel social de las mujeres y reaccionan violentamente hacia ellas y sus propios hijos, utilizando su dimensión más primaria y cruel.

¿Cuál es el futuro de las familias españolas? Previsiblemente se asentarán las tendencias apuntadas con anterioridad. De ser así, los cambios podrían alterar muchos de los supuestos de funcionamiento de nuestra sociedad, haciéndose del todo necesario que el Estado asuma mayor responsabilidad en su protección. Por ello habría que desarrollar un derecho de ciudadanía que garantizará el acceso universal de servicios de ayuda familiar (los Municipios han de jugar un papel muy significado) ampliando el número de escuelas de infancia (red de guarderías hasta 3 años), potenciando las prestaciones para las personas mayores y/o dependientes (ayuda a domicilio, residencias, centros de día, etc), apoyando a los jóvenes (becas, viviendas públicas, acceso primer trabajo, etc.), así como mejorar las pensiones y salarios mínimos o de inserción. En los últimos años se han dado pasos de gigante en este sentido y hemos de seguir avanzando en esta dirección. Cuando se alcance se estará más cerca de una igualdad real entre mujeres y hombres, al tiempo que las familias mejoraran su nivel de bienestar.

De no andar por esa senda podríamos entrar en una fase de crisis de sociabilidad, que llegaría a comprometernos como sociedad.