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Superar la fractura


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Hace pocos días recordábamos las lamentables sesiones parlamentarias de los días 6 y 7 de septiembre de 2017. En ellas se vulneró el Reglamento del Parlament de Catalunya, se desoyeron los criterios de los letrados de la Cámara y del Consell de Garantías Estatutarias de Catalunya, se pisotearon los derechos de los diputados y grupos de la oposición, se conculcó el Estatuto de Autonomía y se rompió el marco constitucional. Mientras los independentistas pretendían que tales desmanes se produjesen en un abrir y cerrar de ojos y pasasen desapercibidos, la tenacidad de la oposición y brillantes discursos como el Joan Coscubiela sirvieron para poner en evidencia tamaño despropósito.

La salida del hemiciclo de los grupos parlamentarios de Ciudadanos, Socialistas y Populares pusieron en evidencia la insalvable fractura que la irresponsabilidad independentista estaba provocando. Nos hallábamos ante un Parlamento roto y una división social que iba en aumento. Advertimos de los riesgos y no se nos hizo caso. Y el resultado está a la vista de todos.

La reciente celebración de la Diada Nacional de Catalunya y el empecinamiento del gobierno independentista en convertir los actos institucionales en instrumentos de propaganda partidista, ponen en evidencia un grave riesgo de perpetuar una división de la que nada bueno puede derivarse. Los socialistas no vamos a resignarnos a la consolidación de una división en bloques incapaces de dialogar y de buscar una solución acordada.

No me cansaré de repetirlo: el principal problema que tenemos no es de relación entre Cataluña y el resto de España, el principal problema es que no existe en estos momentos un acuerdo lo suficientemente amplio y sólido entre los propios catalanes.

Ya desde 1979, y lo ratificamos en 2006, los catalanes decidimos que la introducción de cambios en nuestro sistema institucional requería de un acuerdo que contase como mínimo con el apoyo de 2/3 de los miembros del Parlament de Cataluña. Sin alcanzar un consenso así, cualquier iniciativa está condenada al fracaso. Y aún más si pretende desarrollarse por vías unilaterales e ilegales.

Para superar la fractura necesitamos construir un espacio para el encuentro, necesitamos una estrategia nacional compartida, necesitamos una labor transversal que busque amplias coincidencias políticas y sociales. En ese esfuerzo por encontrar un terreno común, propongo seis líneas de actuación que permitirían superar el actual callejón sin salida en el que se halla la política catalana.

1.- Propongo un compromiso en defensa de la democracia, de la legalidad, del rigor jurídico, del respeto a normas y reglamentos, del respeto también a los procedimientos y mayorías necesarios para cambiarlos, recordando permanentemente que el respeto a la ley es la mejor garantía de los derechos de todos.

2.- Propongo un compromiso de respeto por todas las ideas, que es la mejor garantía de convivencia. Debemos combatir toda violencia, toda muestra de intolerancia o intimidación. Solo desde la aceptación plena de la diversidad de ideas, de la plena legitimidad de todos los proyectos políticos que se defienden en el marco del sistema democrático, seremos capaces de avanzar en la senda del diálogo político.

3.- Propongo un compromiso contra el frentismo que combata de forma incesante la división de la sociedad catalana en dos bloques enfrentados. La mitad no puede ni debe imponerse sobre la otra mitad. Las cuestiones identitarias no pueden resolverse por la regla de la mayoría. Debemos hacer un gran esfuerzo de empatía para abrir caminos para el entendimiento.

4.-Propongo un compromiso para restablecer un amplio consenso catalanista. Un catalanismo social e integrador, la defensa de una identidad plural, la defensa y la promoción de nuestra lengua y nuestra cultura, de nuestro autogobierno, de nuestra unidad civil y de la cohesión y el progreso de nuestra sociedad. Debemos recuperar el consenso en los ámbitos de la lengua, la escuela y la reivindicación de nuestro autogobierno y una financiación justa. Rehaciendo los entuertos causados por quienes buscando la independencia lo único que han conseguido es erosionar el autogobierno y dividir a la sociedad. Buscando un Estado corren el riesgo de fracturar la nación.

5.- Propongo un compromiso para la búsqueda permanente de soluciones acordadas. Si aceptamos que es imposible encontrar una solución en la que una mitad se imponga sobre la otra mitad, la solución solo puede llegar a través de un proceso de diálogo, negociación y pacto. Alcanzado un amplio consenso, capaz de concitar el acuerdo de 2/3 del Parlament, será el voto ciudadano el que, en última instancia, ratifique o no las propuestas que se sometan a referéndum.

6.- Propongo un compromiso de impulso a las políticas sociales, para que la política vuelva a ser un instrumento de mejora de la calidad de vida de la gente y de construcción de una sociedad cada vez más libre y más segura, más próspera y más justa.

Estos seis compromisos podrían ser la base de un espacio de trabajo compartido para aquellos que no nos resignamos a que Catalunya siga dividida, estancada, desorientada e incapaz de asegurar un futuro mejor para sus ciudadanos y ciudadanas.

Primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya.