LA ZURDA

Dictaduras

A lo largo del mes de agosto se han sucedido numerosos homenajes, en torno a monolitos, memoriales, placas e incluso lápidas y sepulturas, a multitud de españoles que perdieron su vida defendiendo los valores de la Democracia recientemente instaurada en 1931. Sin apenas tiempo para consolidarse, y sufriendo los embates de las circunstancias de un tiempo histórico tremendamente convulso, se vieron envueltos en un golpe de Estado que devino en una tremenda y sangrienta guerra civil.

En los últimos años varios gobiernos autonómicos han querido complementar la atrevida, pero insuficiente para la mayoría de damnificados y gente sensible a la defensa de los Derechos Humanos, Ley de Memoria Histórica que en el año 2007 aprobó el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

Han nacido desde entonces Leyes y normas que la desarrollan con carácter geográfico más limitado pero que contribuyen a paliar el drama que supone el olvido. Fundamentalmente promoviendo políticas públicas que abran las fosas comunes, pero también impulsando la investigación y la celebración de Jornadas de ámbito académico que recuerden y pongan en valor lo que significó la lucha por la libertad y la pérdida de los valores democráticos durante buena parte del siglo XX.

Dicho esto, consideramos muy interesante justificar la implicación de los socialistas con la Memoria Histórica y Democrática en las diferentes Comunidades Autónomas. Prueba de ello es que siempre nos encontrarán al lado de las víctimas. De los perseguidos por razones de índole político, sexual, de género, religioso, ideológico….

De ahí que pese a que se nos señale como insistentemente reiterativos, una y mil veces condenaremos el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Y fundamentalmente por una razón: porque no nos gustan las Dictaduras. Porque hemos venido a la política hace más de 140 años para luchar por la Democracia. Y, sobre todo, porque, aunque desde sectores de la derecha, en más de una ocasión hayan señalado que hay otros temas más importantes de que ocuparnos, entendemos que esos temas a los que aluden no se podrían discutir si no viviéramos en un régimen democrático como el que los españoles conseguimos con la muerte del Dictador ( que por cierto terminó con aquella breve experiencia, que citábamos al principio del artículo, de intento de vida en Democracia que fue la Segunda República).

Es fundamental, por consiguiente, que demos a conocer todos estos hechos, al menos como una simbólica muestra de reconocimiento y reparación de las víctimas. Y esa es la tarea, por un lado de los historiadores y por otro de los responsables públicos, a través de la Educación.

Ambos parámetros los vamos a implementar decisivamente gracias, por poner tan sólo uno de los ejemplos más recientes, al desarrollo de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Extremadura que la Junta tiene el firme compromiso de poner en marcha en los próximos meses.

Además, no es menos importante resaltar que no se trata únicamente de condenar el golpe de estado del 18 de julio si no también las actuaciones que tuvieron lugar durante la guerra, la inmediata postguerra y hasta bien pasado 1975 (no se puede pasar por alto la dura represión de los universitarios y de los movimientos sociales en la década de los 70 o que el régimen de Franco estuvo asesinando a compatriotas hasta días antes de la muerte del Dictador).

Hay algunas cuestiones que no podemos obviar: la existencia en toda España de fosas comunes todavía con restos humanos de paisanos nuestros en ellas. No podemos permanecer impasibles ante este hecho que junto a la identificación de las víctimas ( con las pruebas de ADN), la retirada de simbología franquista y el cambio de nombres de algunas calles van a contribuir a que gocemos de una convivencia mucho más sana.

Ya nos lo recordaban desde algunas asociaciones memorialistas como la ARMHEX, debemos asumir, recordar y reparar la memoria de las personas, mayoritariamente mujeres, esposas e hijas de los vencidos, que aunque no fueron ejecutadas, sufrieron castigo y represión, humillación pública y repudio institucional de forma sistemática, planificada y con intención ejemplarizante por parte de los responsables del golpe militar en numerosos pueblos de España ( podemos citar casos señeros en Extremadura como el de Badajoz capital o en Valencia de Alcántara la lucha denodada de Conchita Viera, hija del alcalde socialista de esta localidad, asesinado y tirado a una mina junto con decenas de personas más. Afortunadamente estamos en el proceso de rescate e identificación de sus restos, tras una muy compleja tarea de exhumación).

Por último las Leyes de Memoria Histórica y Democrática suelen establecer que se fijará un Día de la Memoria en consenso con las Asociaciones memorialistas. Mientras tanto, la gente de bien, entre los que nos incluimos los socialistas, estaremos en los minutos de silencio, en actos y actividades que se fijen en fechas señaladas, como por ejemplo, cada 18 de julio o en determinadas localidades cuando nos citen para rememorar a las víctimas.

Es tal la importancia de la Memoria Histórica y Democrática para los socialistas que para que lo tengan en cuenta todos aquellos a los que les generan dudas estos temas, como decía Saramago “se empieza por el olvido y se acaba por la indiferencia”.

Tomen nota.

Doctor en Historia. Profesor de Enseñanza Secundaria. Autor de numerosos libros y artículos. Conferenciante, ponente y coordinador de Cursos de Formación. Jefe de Servicio en la Consejería de Educación. Ha recibido premios en Congresos de Historia y formó parte de un equipo de investigadores de la UEX y de otras asociaciones. Miembro de varios Jurados culturales, así como del Consejo Asesor de Publicaciones de la Institución Cultural El Brocense. Secretario de Educación en la Ejecutiva Local del PSOE de Cáceres, de Análisis de Historia del Socialismo en la Provincial de Cáceres y de Memoria Democrática en la Regional de Extremadura. Colaborador habitual en la prensa escrita regional y en medios digitales. Analista político en programas de radio. Diputado autonómico en la IX y en la X Legislatura.