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Si no avanzamos, retrocedemos

“Hoy en día la política nos envuelve como una serpiente enroscada de la que uno no puede escapar, no importa cuánto lo intente. Por lo tanto, deseo luchar contra esa serpiente” .

Mahatma Gandhi

En Octubre hizo cien años que se promulgó en nuestro país el Decreto que establecía la jornada de 8 horas. Fue un logro histórico y emblemático del Movimiento Obrero, por eso, con la perspectiva que da el paso del tiempo quiero someter a consideración unas notas para “El Obrero”, donde expondré que es tan necesario como entonces, continuar luchando ante las nuevas formas de explotación que nos amenazan, las desregulaciones de todo tipo, con que pretenden desmovilizarnos y las artimañas arteras que utiliza el neoliberalismo para asfixiarnos a fin de que no demos respuestas comunes a problemas comunes.

Vivimos tiempos de globalización. El pensamiento único no cesa de esgrimir su recetario pretendiendo que el Planeta ha de regirse por sus dictámenes. La globalización no es unívoca sino equívoca. Al igual que el dios Jano, tiene dos caras. Una siniestra e inhumana… pero otra en la que todavía es posible la solidaridad, el entendimiento, luchar por la justicia social y evitar la degradación medioambiental irreversible.

¿Qué importancia tuvo la conquista de la Jornada de 8 horas? Desde mi punto de vista, crucial. La victoria alcanzada con el protagonismo innegable de los sindicatos de clase y de los partidos políticos, que consideraban que el Estado, debe regular las relaciones laborales y las condiciones en que estas deben desarrollarse sirvió, entre otras cosas, para abrir caminos hacia la consecución de mayores cotas de igualdad y de justicia social.

Tengo un libro en las manos. Lleva por título La jornada de ocho horas, su autor es Ricardo Revenga y apareció en una fecha tan temprana como 1903. La Fundación Largo Caballero está realizando una meritoria labor editando facsímiles de una serie de textos, que fueron ampliamente leídos y comentados y que en su día formaban parte de la cuidada biblioteca de la Casa del Pueblo de la calle Piamonte de Madrid.

¿Quién fue Ricardo Revenga? Un ilustrado y sagaz funcionario del Instituto Geográfico y Estadístico, autor, también, de La mortalidad en Madrid. Da muestras, sobradamente, de un carácter progresista y reformista. Defiende la jornada de 8 horas, tanto desde un punto de vista económico como moral. Es un documento de incuestionable valor para quienes deseen conocer la lucha que el Movimiento Obrero protagonizó internacionalmente hasta hacer realidad tan importante conquista.

Podríamos preguntarnos ¿para qué sirven las reformas?, para ayudar a resolver los conflictos, anticipándose a soluciones más drásticas. Nadie regaló nada y fue la lucha tenaz, la que permitió lograr ese objetivo y otros que se plantearon posteriormente.

No es posible descender a excesivos detalles. No obstante, creo que es de justicia señalar el apoyo que esta lucha tuvo por parte de algunos intelectuales, historiadores y políticos como Nicolás Salmerón, tercer Presidente de la Primera República, el destacado miembro de la Institución Libre de Enseñanza Gumersindo de Azcárate o José Canalejas, que prologó el libro de Revenga y que se muestra, asimismo, un decidido partidario de apoyar estas reformas. Tampoco, debe echarse en saco roto la labor y algunos informes del Instituto de Reformas Sociales, que hizo lo que pudo, arrimando el hombro para crear un estado de opinión favorable.

Es mi intención combatir el desanimo, que de forma pertinaz, pretenden inocularnos. Hemos de recuperar la “conciencia de clase” porque actúa como una fuerza magnética que empuja a la lucha por los derechos y las libertades que son justos… pero que, quizás sin darnos cuenta, vamos perdiendo cada día mediante una serie concatenada de retrocesos, perfectamente planificados.

Se ha instalado un pesimismo generalizado. La filiación a los sindicatos de clase no es la que debería ser y cada día, puede observarse como el capitalismo financiero y especulativo tiene como estrategia debilitar a los sindicatos, creando espejismos que pretenden borrar el principio de que la unión hace la fuerza.

En el siglo XIX, el hambre y unas condiciones de vida inhumanas, propias de una explotación feroz, con frecuencia era un acicate que movía a la lucha, a no resignarse y a procurar unas condiciones salariales, laborales y de vida, más dignas para sí y para sus descendientes.

La solidaridad es el mejor antídoto para no perderse en las tinieblas del individualismo. Quienes se ven condenados a la escasez cuando no a la miseria, encuentran en la ira y en la rabia instrumentos para rebelarse y para proseguir la conquista de derechos que los dignifiquen.

Es cierto que la angustia conduce a la parálisis, pero una fuerza vital impulsa a dejar atrás la pasividad y a defender lo que es nuestro, porque es de todos.

Hoy vivimos una explotación que a menudo conlleva a situaciones próximas a nuevos tipos de esclavismo.

Me ha impresionado el film galardonado en el Festival de San Sebastián con el Premio del Público a mejor Película Europea Sorry we missed you del director británico Ken Loach, que mostró con tanta lucidez, el desmantelamiento feroz que Margaret Thatcher llevó a cabo de los sindicatos como paso previo a establecer condiciones laborales y salariales precarias e indignas.

En Sorry we missed you, encontramos desde los efectos nocivos que provoca la desregulación del mercado laboral, a los falsos autónomos, a jornadas de 10 y 12 horas de trabajo, en unas condiciones de presión que acaban agotando y destruyendo y que afectan, como no podía ser menos, a la vida personal y familiar.

Precisamente por eso, conviene recordar el triunfo que supuso una jornada de 8 horas al día o de 48 horas semanales, que se implantó en España en octubre de 1919.

Socialistas utópicos como Robert Owen ya habían defendido el principio de “8 hours labour, 8 hours recreation, 8 hours rest”.

El esfuerzo no fue baldío. Costó, eso sí, sufrimientos, sangre, represiones, despidos… pero paulatinamente se fueron estableciendo reformas en salud e higiene, en el trabajo de las mujeres, en el infantil y en la reducción de la jornada laboral a 14, 12, 10 y, por fin, las 8 horas emblemáticas. Ni que decir tiene, que el instrumento principal fue la combinación de huelgas… seguidas de negociaciones, para continuar avanzando y que propiciaron mejoras en vivienda y educación, por ejemplo.

En nuestro país el Decreto que regulaba la jornada de 8 horas, estuvo precedido por “la huelga de la canadiense” en Barcelona, a la que se adhirieron más de cien mil trabajadores o las presiones que ejerció Largo Caballero al frente de la UGT y que convirtieron a España en un referente de la lucha política y sindical, pues fue nada menos que el segundo país que la implantó.

Me gusta recordar, en los tiempos que corren, que el término sindicato y sindicalista provienen del griego y significan, nada más y nada menos, que el que hace justicia. ¿Por qué digo esto? Porque hay que rearmarse siendo plenamente conscientes de que los derechos y libertades conquistados con tanto esfuerzo corren peligro.

Por consiguiente, hay que hacer una intensa pedagogía social y estar dispuestos a defender nuestros derechos tanto en el Parlamento como en la calle.

Como los hechos constatan a diario poco o nada se puede esperar de la derecha. Sigue manejando los hilos, la Escuela de Chicago, con sus tesis antisociales y reaccionarias. Uno de sus “gurús” predilectos Milton Friedman, ya en 1970 formulaba, con una increíble soltura de cuerpo, que “la responsabilidad social de la empresa es crear beneficios”. Así que ya sabemos a qué atenernos. Todos los esfuerzos que hagamos por mejorar la negociación colectiva serán fundamentales para el fortalecimiento y defensa de los más débiles.

Hemos de ser conscientes de dónde venimos y lo que debemos a quienes nos han precedido. Me merece mucho respeto la Segunda Internacional, llamada por algunos, con cierta sorna, socialista o socialdemócrata. Conviene no olvidar que prestó servicios colectivos a la causa de los trabajadores, como declarar el 1º de mayo Día Internacional de la Clase Obrera o el 8 de marzo Día de la Mujer Trabajadora. Entre sus logros más destacados, cabe citar el haber culminado la consecución de la jornada de ocho horas. La inquina de la derecha y de las fuerzas reaccionarias, explican perfectamente que el 1º de mayo estuviera prohibido durante la dictadura franquista y que los “grises” apalearan a quienes intentaban manifestarse. Así como que en Estados Unidos y en algunos países anglosajones, tampoco se conmemore este día reivindicativo y festivo.

Este ensayo va tocando a su fin. No me parece oportuno, sin embargo, concluirlo sin señalar que una seña de identidad de la izquierda actual es luchar contra los efectos del cambio climático, dar pasos firmes por lo que respecta a una democracia económica, así como abrirse sin reparos, a las medidas y estrategias de la economía circular.

En cómo evolucione la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas tenemos una buena piedra de toque, no sólo para saber que vamos en la dirección adecuada, sino para evaluar lo que hayamos logrado.

Dedicaré sólo un par de líneas para poner de relieve que es básico y crucial que la Carta Social Europea gane espacio y terreno, que se cumplan sus objetivos básicos y que la Unión Europea deje de ser un espacio burocrático para convertirse en un espacio social donde se tengan en cuenta los principios rectores de los derechos humanos. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.