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La diferencia no es enfermedad y no se puede patologizar

Desde tiempos atrás, quizá con Foucault como uno de los autores que más brillantemente lo analizó, sabemos que la salud mental es o puede ser un instrumento de control social y que puede servir como instrumento también de represión y estigmatización, recluyendo a los disidentes o a los diferentes en espacios de sanción social que persigan la diferencia.

Desde hace tiempo, cuando se planeta la ruptura del modelo de reclusión en centros psiquiátricos y se plantean alternativas en lo que denominamos la revolución psiquiátrica, se saca a los pacientes de estos centros. El problema es que en muchas oportunidades al no desarrollarse un adecuado entramado de respuesta alternativa por la falta de recursos se somete a las familias y a los propios usuarios a una presión que solo pueden soportar en muchas oportunidades mediante contenciones químicas que generan los mismos o similares problemas.

Otro elemento más que viene a sumar confusión, critica y problematización tiene que ver con la influencia de la industria farmacéutica en la definición de trastornos y modelos de tratamiento, individualizando, medicalizando, patologizando y estigmatizando la concepción de los trastornos si es que estos existen; así, suelen describirse o crearse trastornos cuando se crean fármacos para responder a los mismos y los tratamientos parecen limitarse en muchos casos a tratamientos farmacológicos que hacen a las personas dependientes.

Y uno más, en similar dirección: la individualización de los problemas abstrayéndolos o separándolos de las causas, aunque lo que está enferma es la situación de desigualdad o discriminación, aunque la causa sea la pobreza o la exclusión del modelo dominante, acaba señalando al individuo como responsable único de su enfermedad y situación, culpabilizándole y re-victimizándole. Lo que hay que cambiar es al sujeto, haciendo que lo lleve mejor, da igual que lo que está verdaderamente enfermo es el contexto que explica lo que le ocurre, lo relevante es que lleve mejor la situación y ¿sonría? Para que las estructuras y contextos no cambien y sigan siendo desiguales o tóxicos o generadores de enfermedad. Un modelo individualizador, centrado en el individualismo, que sitúa a los individuos como únicos agentes de intervención y que lleva consigo como modo de vida otros elementos como la soledad no deseada y la destrucción de redes de apoyo social y espacios comunitarios de respuesta, generando vulnerabilidad y fragilidad, especialmente en las personas mayores y su salud, en general, y su salud mental, en particular.

Tenemos, por tanto, importantes retos por delante, para empezar, reclamar más recursos que completen la red de respuesta institucional, cambiar de paradigma para que sea un enfoque verdaderamente bio- psico- social que contemple al contexto entre sus causas y un elemento clave a cambiar, que se configuren respuestas para construir espacios colectivos de encuentro y que como decíamos, lo normal no se convierta en patológico.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.