LA ZURDA

La ley de la eutanasia será de las primeras que aprobará el gobierno: vive y deja morir

Así lo adelantaba Rac1 esta mañana: “una de las primeras leyes que aprobará el nuevo gobierno de Pedro Sánchez es la de la eutanasia”. En las próximas semanas está previsto que se ponga en marcha una reforma que despenalice el suicidio asistido en caso de enfermedad grave e incurable que conlleve un gran sufrimiento. La propuesta ya está en el horno, ya está redactada y y se espera que su aprobación en el Consejo de Ministros sea eficaz, a finales de enero o principios de febrero como muy tarde.

Será seguramente la primera gran ley que marque el paso de lo que se espera con ganas por la mayoría social de este país, que ha perdido ya tanto que casi no se ha dado cuenta intentando sobrevivir.

Tener derecho a una muerte digna es tan importante como tener derecho a una vida digna. Y de ello tiene que encargarse este nuevo gobierno, quizás podría resumirse su acometido en esta frase.

Vivir y dejar morir, como diría la canción. Y es que, para vivir, necesitamos tener sanidad pública de calidad. Y ayer veíamos cómo se derrumbaba el techo de los laboratorios del Hospital Público Ramón y Cajal de Madrid.

Las plantas que se han cerrado a corte de guadaña han de ser abiertas, el personal sanitario ha de tener también derecho a vivir, a trabajar y sobre todo a vivir. Porque la situación del personal de la sanidad pública es lamentable y en muchas de las condiciones que se encuentran es materialmente imposible que puedan dar un servicio de calidad a sus pacientes. Y aún así, lo hacen, a costa de su propia energía, de su propio tiempo y de multiplicar “el pan y los peces”.

Vivir es tener acceso a una educación pública de calidad. Porque el derecho a elegir escuela debe explicarse mucho mejor. Una cosa es que nadie te impida llevar a tus hijos al colegio que consideres mejor (en caso de que quieras llevarlos a un colegio por el que vas a pagar), y otra cosa, que la calidad de la educación pública deba ser excelente para que a los niños, les toque el cole que les toque, tengan garantizada su educación en las mejores condiciones, con los mejores profesionales y sin tener que estar, como están ahora muchos centros, pasando verdaderas dificultades. Desde lo material, como tener que ir a escuelas donde no hay ni calefacción, o en el ámbito rural, más difícil todavía: por no haber, no hay ni escuelas. Hasta lo profesional: la situación de interinidad de demasiados maestros y maestras es otra de las cuestiones que hay que abordar. Toda una vida profesional acumulando años de docencia sin ningún tipo de seguridad ni de perspectiva que pueda facilitar la vida (otra vez la vida) de nuestros maestros y maestras.

Vivir es sentir que cuando consumes, cuando compras, cuando vistes, cuando comes, cuando pagas por cualquier servicio, no te estén tomando el pelo. Y esto, por desgracia, pasa de manera tristemente generalizada a día de hoy en España. Los abusos de las empresas de distintos sectores, como el eléctrico, el de las telecomunicaciones es aberrante. La cantidad de gente que está siendo sometida a abusos por estas compañías, a acosos constantes, que se encuentra desinformada e indefensa tiene que terminar ya. Acceder a derechos básicos para poder vivir (otra vez vivir) en condiciones mínimamente aceptables debe ser una realidad posible en este siglo y en este país.

Vivir significa sentirte defendido ante injusticias, significa poder confiar en los jueces cuando uno acude a ellos. Jueces que deben tratar asuntos que merezcan su atención, que no estén manchados por política ni politiqueo (en todas las instancias). Fiscales, secretarios judiciales, que actúen realmente en beneficio del ciudadano y no del cargo político de turno. Porque haberlos, haylos, y esto es insoportable.

Vivir significa salir a la calle, abrir la ventana de tu casa y poder respirar. Algo que cada día cuesta más trabajo hacer sin sufrir las consecuencias del aire absolutamente irrespirable en distintos lugares de España. Como bañarse en un río, como poder disfrutar de un entorno que no esté siendo masacrado. Porque para vivir, necesitamos precisamente un planeta cuidado y limpio.

Y para vivir, en definitiva, necesitamos comer, necesitamos ser felices también, porque para eso vivimos. Y tener de alguna manera garantizada nuestra seguridad, nuestra manera de poder pagar las facturas necesarias para que la rueda siga girando.

También necesitamos poder morir cuando consideremos que es el momento. Y parece mentira que haya tanta tarea por hacer, cuando en realidad una puede tener más la sensación de que se han dedicado a amargarnos la vida y a hacernos sufrir hasta la extenuación.

Abogada.