LA ZURDA

¿Quién protege mis sentimientos no religiosos?

Si usted busca en el diccionario qué significa “blasfemia", la definición es la siguiente: Expresión injuriosa contra Dios (demudo mediato o inmediato) que por su publicidad puede ser constitutiva de un delito canónico. El delito de blasfemia está tipificado en el Codex Iuris Canonici, c. 1369: “Quien, en un espectáculo o reunión públicos, en un escrito divulgado, o de cualquier otro modo por los medios de comunicación social, profiere una blasfemia, atenta gravemente contra las buenas costumbres, injuria la religión o la Iglesia o suscita odio o desprecio contra ellas, debe ser castigado con una pena justa”.

O sea, que no se trata de “cagarse en Dios” cuando uno se machaca el dedo con el martillo. A no ser que se machaque el dedo en una obra de teatro, o en una reunión de la comunidad de vecinos… o si le graba alguien y sube el video a redes y tiene la mala suerte de hacerse viral. Entonces, el Codex llega y despliega sus efectos. Te castigarán con una pena justa. Justa, justísima.

Quien dice machacarte del dedo con un martillo, dice que te sorprenda cualquier cosa. Yo tenía un amigo, que tenía una enfermedad terminal, y su padre se pasa el día cagándose en Dios. Yo, reconozco que pegaba un brinco cada vez que lo escuchaba. Y un día le dije que si no le daba miedo que “dios le castigase” (yo era pequeña y además, fui educada en un colegio de monjas, imagínese). Así que me dijo: “¿tú crees que con la enfermedad de mi hijo puede castigarme más?”. Y lo entendí. ¿Qué le iba a contar yo de Dios a este hombre, que tenía que recolocar a su hijo en la silla de ruedas cada diez minutos porque se le caía la cabeza? Pues entendí aquello, y ya no me sorprendía tanto cada vez que lo decía.

Luego ya escuché cosas parecidas cuando me fui haciendo mayor. Y alguien me dijo una vez que eso de cagarse en algo que no había pruebas reales de que existiera era como no cagarse en nada. También puede ser. Pero sonaba rotundo. Y he visto a gente mosquearse por escuchar algo así. Pero nunca he visto cabreo semejante como cuando un día, en un ensayo de una banda de rock en la que tocaba, uno de mis compañeros espetó: “Me cago en Bon Jovi”. No se imagina usted la que se montó. El cantante, que era absoluto fan del rockero, montó en cólera, se cabreó, cogió su “chupa de cuero” y se marchó del local de ensayo. No le volvimos a ver hasta el siguiente ensayo y nos prohibió meternos con su estrella.

Pues bien: hay quien se toma las cosas con humor, hay quien se ofende. Hay quien denuncia, como las mujeres que organizaron la procesión del coño insumiso, que pasearon por las calles de Sevilla una vagina de dos metros de grande, como si fuera un paso de Semana Santa. Algunos se ofendieron mucho por ver un coño en una carroza. Y las denunciaron, porque no sé de qué manera pensaron que eso insultaba sus sentimientos religiosos. Como si un coño pudiera ofender a alguien… ¿no sabe la gente que todos hemos salido de uno? Las acusadas fueron absueltas, “gracias a Dios”. Porque digo yo que el coño no puede ser malo, ¿o si? No sé, una ya no sabe qué pensar. Porque ya sabemos que lo aburrido es un coñazo y lo estupendo “es la polla”. Igual fue por eso que alguno se ofendió… bueno, da igual.

El caso es que a Willy Toledo el asunto le tocó las narices. Y al conocer que habían denunciado a estas mujeres por aquel paso del Coño Insumiso, él reaccionó en sus redes sociales con un “Yo me cago en Dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María. Y Me cago en la Virgen del Pilar y me cago en todo lo que se menea”. Nunca una frase así ha sido tantas veces comentada y compartida: supongo que eso al Códex no le gusta. Y por eso una asociación de abogados cristianos, muy cristianos, le denunciaron.

Y resulta que el juzgado 11 de Madrid decidió procesar al actor por un delito contra los sentimientos religiosos. El delito en sí se conoce como “escarnio” y está recogido en el artículo 525 del código Penal. Se prevé por ello una multa de ocho a doce meses a los que haya ofendido los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, haciendo escarnio público de los dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen públicamente a quienes los profesan y practican. Es muy parecido a lo que se dice en el Codex canónico. Ahora toca probar que tenía intención de ofender, para que pueda juzgarse algo más allá de la libertad de expresión. Precisamente la Fiscalía pide absolución por esto: porque entiende que entra dentro del margen de la libertad de expresión del actor. Así que la única parte actora en este asunto es la asociación de abogados cristianos.

Las denuncias de este tipo se han doblado desde el año 2016, pasando de 9 a 18. Sin embargo las condenas no son tantas. La mayoría de las denuncias se terminan archivando porque se entiende que son ejercicios de crítica, no de burla.

Ahora yo me pregunto, si no atenta contra mis sentimientos más íntimos cuando escucho a algún obispo de la iglesia católica tirar contra la eutanasia, diciendo que aquí hemos venido a sufrir como Cristo y que nada de endulzarnos el final de nuestras vidas. Eso, a mi que soy atea, que no creo en cielos ni infiernos, me duele en lo más profundo de mi ser, me parece una burla a quienes creemos que la vida merece vivirse en plenas facultades y que cuando uno dice “hasta aquí he llegado”, tiene derecho a bajarse del carro con la ayuda que necesite. No sé, mis sentimientos no religiosos, ¿quién me los cuida?

Abogada.