LA ZURDA

De lo que es previsible en Madrid

Después de los prometedores resultados de las generales de abril, los de las municipales y autonómicas fueron un golpe muy duro para la izquierda madrileña, singularmente la de la ciudad, específicamente el PSOE. Lamento tener que decir que era previsible, los indicadores estaban ahí para quien quisiera verlos.

Los había de corto y de largo plazo, esto es, sobre la acción política inmediatamente antes de las elecciones y sobre lo realizado a lo lago de la legislatura. Respecto de los primeros se ha discutido bastante, y sin duda tienen peso, pero solo explican una parte del desastre. El error del PSOE fue fiar todo en Gabilondo, que es un gran activo, pero acompañado de un candidato para la ciudad de Madrid simplemente irrelevante, asumiendo que Carmena seguiría teniendo tirón. Del resto de la izquierda, lo habitual: navajeo, malos usos y bronca interna. Todo muy ilusionante.

Los números son conocidos: Pepu Hernández tuvo (todas las cifras que siguen son redondeos) unos 200.000 votos menos que Gabilondo en la ciudad de Madrid, y si lo comparamos con las generales de Abril fueron 280.000. Todavía peor es constatar que si los resultados de Carmona en 2015 eran malos, Pepu los empeoró, pues fueron 25.000 votos menos. Esa pérdida es, en gran medida, la responsable del éxito de la derecha, pues la suma de votos de izquierda en 2015 fue de 796.000 y en 2019 de 770.000. ¿Podría ser peor y podría quedar la dirección regional más en ridículo? Por supuesto. Quiso la fatalidad que las elecciones se tuvieran que repetir, y con un nuevo competidor (Más País) que en principio aspiraba a capitalizar el resultado de las locales y autonómicas. Al final, el PSOE sólo perdió 35.000 votos respecto a Abril (o sea, 245.000 más que en las municipales de mayo), y eso con una participación muy menguada. Resultó ser una forma muy simple de constatar que el problema no era el partido, sino el candidato (en singular, porque el problema es en la ciudad de Madrid). No se entiende como el secretario general madrileño, José Manuel Franco, no ha dimitido aún.

La verdad es que no hay una forma maravillosa de tener un buen candidato, un ganador, y a veces depende de factores exógenos o la suerte. Cabe recordar como se forjaron algunas estrellas políticas, como Alberto Ruiz Gallardón, que se consideraron imbatibles en su momento y tuvieron comienzos mas que difíciles. En todo caso, la experiencia demuestra que es mejor apuestas a largo plazo (no hay experiencias de éxito con paracaidistas) y a ser posible endógenas: las primarias demostraron que, cuando llegó el momento, sí había banquillo.

El foco del problema es la ciudad de Madrid, y no sólo por el candidato y la oferta política. Se trata del largo plazo que decía al principio, es un problema estructural. Madrid es en realidad dos ciudades separadas por una enorme brecha de desigualdad. Ahora Madrid fracasó a la hora de implementar políticas reales de reequilibrio porque no tenía un modelo de ciudad (como queda patente, por ejemplo, en la “operación Chamartín”) y las propuestas con más impacto se quedaron en los distritos centrales.

Mala cosa es que uno de los principales activos de la corporación de Carmena haya sido reducir la deuda, porque se ha hecho por la incapacidad de gastar lo que estaba comprometido. Eso era esencial para combatir esa desigualdad estructural que es la que hace que ese mismo mapa sea el de la abstención, un indicador de exclusión social que normalmente no se tiene en cuenta. La gente que no fue a votar necesitaba políticas progresistas, de reequilibrio territorial, no ha encontrado gran cosa en cuatro años y, en muchas ocasiones, su situación ha empeorado, así que el resultado ha sido, lamentablemente, el previsible.

Mantener ese modelo de ciudad que solo se pudo impulsar el breve periodo de tiempo que Madrid ha tenido un alcalde socialista es la gran esperanza de cara al futuro. Vemos a diario como la derecha ahonda en el modelo de ciudad neocon que ha venido construyendo durante décadas. La única respuesta, por ahora, es defender los parámetros que definen una ciudad más humana, equitativa y sostenible, y en ese sentido constituir una unidad política de la ciudad que integre a las agrupaciones madrileñas es imprescindible. Siempre, claro está, que sea un instrumento efectivo para plantear políticas de izquierda, confrontar de manera real con la derecha, y ahorre retrocesos como la aceptación de la operación Chamartín. Caso contrario, estaremos construyendo el próximo desastre electoral, que también será previsible.

Nacido en 1967, es economista desde 1990 por la Universidad Complutense. En 1991 se especializó en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente por la Politécnica de Valencia, y en 1992 en Transportes Terrestres por la Complutense, empezando a trabajar en temas territoriales, fundamentalmente como profesional independiente contratado por empresas de ingeniería.

Ha realizado planeamiento urbanístico, planificación territorial, y evaluación de impacto ambiental. En 2000 empezó a trabajar en temas de desarrollo rural, y desde 2009 en cuestiones de políticas locales de cambio climático y transición con su participación en el proyecto de la Fundación Ciudad de la Energía (en Ponferrada, León).

En 2012 regresó a Madrid, hasta que, en diciembre pasado, previa oposición, ingresó en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, en el Servicio de Análisis Económico.