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EL PERIÓDICO
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"El primero de nuestros ciudadanos"


© Fito Vázquez © Fito Vázquez

Preguntaba con sorna la gran Maruja Torres, todo un referente, si nos acordábamos de cuando en el periodismo había que contrastar las noticias antes de publicarlas. Ese saludable hábito fue el que le salvó el cuello en su día a un colega de la prensa, anónimo ahora y anónimo entonces, aún en rodaje, pero ya con un un oficio y una vocación a prueba de casas reales.

Este verano se cumplirán veinte años desde que este periodista amigo tuvo la osadía y el pulso de investigar el que se conoce popularmente como el caso del yate ‘Fortuna’ . El artículo, claro y conciso, sin márgenes de interpretación personal ni más veleidad que el deseo de informar, ponía sobre la mesa, a ojos del lector soberano, las sombras que empezaban a emerger acerca de una institución sacralizada hasta ese momento.

En palabras del periodista, por fin saltaba a una cabecera nacional lo que estaba pasando con los regalos al Jefe de Estado, una forma de corrupción por más que aquello no estuviera recogido en el código penal.

Aquel artículo -“carne” o “celulosa de hemeroteca” - es historia dentro de una cabecera histórica de la prensa progresista, ‘Diario 16’, que en aquellos años vivía una agónica segunda existencia después de haber sido adquirida por el ‘Grupo Voz’ Quizá por ello accedieron a publicar la comprometida información sin medir (menos mal) las consecuencias, por lo demás bastante previsibles. O por tener un director con suficiente arrojo. Luis Ventoso (actualmente, subdirector en ABC) no se lo pensó: “adelante, publícalo”, me dijo. Demostró mucha valentía. Y tanto. Inmediatamente, la redacción del periódico y el propio periodista fueron asediados por llamadas incesantes desde la Casa Real exigiendo la retractación y, como es costumbre en las historias de sesgo monárquico, la cabeza del mensajero.

El director me llamó a los dos días para decirme: tú y yo estamos despedidos. Se montó un buen revuelo. La familia Rey, propietaria del grupo, terminó pidiendo disculpas a la familia real. Mientras José Manuel García -que así se llama el plumilla- me cuenta aquellos momentos de tensión, pienso que no deja de ser un curioso baile dialéctico el de unos Rey hincando rodilla ante unos Borbones. La historia pintaba mal para García: Pensé que mi carrera había terminado casi antes de empezar, pero al final el despido duró sólo cuarenta y ocho horas. El episodio le resulta ahora lejano, tiene que hacer un esfuerzo para evocar los datos, pero la sensación, en cambio, se le quedó en el cuerpo, y vuelve cada vez que en los medios se trata de tapar un nuevo escándalo de los monarcas. ¡Buf, my dear familia real!

En aquellos dos días de suspensión, mientras se dirimía el futuro profesional del periodista, y lo más importante, su amor propio (lo digo porque le conozco bien), en realidad lo que se estaba decidiendo era el papel de los medios de comunicación en un periodo que podríamos llamar “Democracia: tiempo de descanso” o “Transición: la prórroga”, según como se mire. En todo caso, a ojos del que esto escribe, aquel artículo fue un auténtico punto de inflexión.

Pero si la libertad de prensa real y efectiva en España pasó entonces sus preceptivas cuarenta y ocho horas de cuarentena, la reputación del joven periodista nunca estuvo en riesgo, salvaguardada por fuentes incontestables que, al entender que las prebendas al Jefe de Estado no faltaban a la ética democrática, no tuvieron problema en ofrecerle la información con la que escribió su artículo. Al menos, esa es la conclusión que José Manuel extrae de la facilidad con la pudo reunir todos los datos. Hablé con los lobbys de empresarios afectos al rey, entre ellos el jefe de prensa de ‘Globalia’, Graciano Palomo, y también con cronistas del entorno de la familia real con tanto prestigio como Javier de Montini, por los que supe cómo el regalo de aquel yate de lujo, el ‘Fortuna II’, era un agradecimiento por la perfecta promoción que el rey hacía de Palma de Mallorca.

Los “donantes” fueron Gabriel Barceló (‘Grupo Barceló’ ) y Gabriel Escarrer (‘Meliá’), además de Miguel Fluxá (‘Iberostar’) que desde su liberalidad privada agasajaron al Jefe de Estado con cuatro de los veinte millones que costaba el ‘Fortuna’, conocido como también como “el Rolls Royce del mar” Pero los otros dieciséis “kilos” vinieron por la gracia política del ex ministro del PP, Jaume Matas, entonces presidente del gobierno balear. O sea, a cargo del erario. El título de embajador de la isla se cotizaba alto, y el ciudadano tenía que entender ese concepto desde la más estricta “normalidad democrática” Sin embargo, algo no encajaba dentro de tanta normalidad cuando en el trámite de confeccionar su artículo, el periodista fue advertido. Yo estaba en comunicación con con el segundo de María Asunción Valdés, la jefa de prensa de la Casa Real entonces, que era por quien pasaba todo, y desde allí me decían, ¿Pero cómo vas a publicar eso?

Y es que, además, el artículo no se refería solo al regalo del yate a la familia real, sino que incidía en todo el coste que suponía para las arcas públicas su mantenimiento, el combustible, los amarres... Y no se quedaba allí tampoco, sino que, puestos a tirar del “hilo de oro”, adjuntaba un faldón con todos los otros regalos que el soberano guardaba en su garaje, incluidos los del régimen Saudí, que de un modo u otro los españoles acabábamos pagando. Cuando menos era sonrojante ver cómo todo aquel fastuoso parque móvil del monarca estaba siendo ‘blanqueado’ por Patrimonio Nacional.

Efectivamente, el ‘Fortuna’ había sido “adquirido” por Patrimonio para uso y disfrute exclusivo de Don Juan Carlos, parentela y corte, de manera legal o legalizada -valórese como se quiera- pero con unos modos que remiten a expedientes tan representativos de una forma de entender la sociedad y sus contratos como es el del Pazo de Meirás, pongamos por caso. Y si mi reflexión les parece demagógica, concédanme que el ejemplo no queda demasiado a trasmano. (Por lo que se ve, la “normalidad democrática” aquí es hereditaria, incluso sin democracia) Con todos los portales de transparencia que se quiera, la monarquía española garantiza y perpetúa un sistema de élites que prima en nuestro suelo desde la noche de los tiempos.

Volviendo al protagonista de esta pequeña gran historia, prefiere no dar demasiada importancia a aquel preclaro ejercicio de responsabilidad periodística, si bien le asoma un prurito de orgullo profesional -y republicano, por añadidura- cuando dice: Ahora sería fácil sacar una cosa así, pero en aquella época era impensable, tenías la sensación de estar convirtiéndote en un antisistema.

Y es cierto que actualmente, con todo lo que ya sabemos y en previsión de lo que todavía no ha salido a la luz, se ha abierto una espita de desahogo a la indignación ciudadana, un alzamiento de veda informativa, al menos en cuento al “(d) emérito” se refiere. Mientras, desde Palacio, tras una sucesión de aspavientos institucionales, actos de contrición y abdicaciones, llega la renuncia plausible -oh, prudencia- a una dudosa fortuna personal, aunque eso suponga de facto señalar al propio padre como culpable. Pero a ningún vasallo lúcido - esto es, los forzados- se le escapa que el último gesto de Felipe VI, ejecutado “con enfermedad y alevosía” vergonzantes, en plena alerta sanitaria y con el pueblo en shock recontando muertos, responde más al intento de salvar la Corona que a una toma de conciencia de la infección institucional.

A día de hoy es fácil, casi evidente, establecer una metáfora entre la devaluación del flamante “Rolls Royce del Mar”, que nadie está dispuesto a comprar ni por una quinta parte de su precio de origen, y la de la propia monarquía. Pero más que atender a los méritos de Don Juan Carlos en la defenestración de la Corona, quiero atender al hecho de poder contarlo, y en eso tiene mucho que ver aquel artículo publicado hace ya veinte años por un joven periodista que ni fue ni es un héroe, sino un “picateclas rompehielos” de la profesión que consiguió abrir la primera brecha en el silencio oficial impuesto en nuestro sistema. José Manuel García es, en realidad, el primero de nuestros ciudadanos.

Termino ya este artículo que podría ser de opinión política pero prefiero ubicar en el apartado cultural, porque de cultura se trata: Cultura Democrática.

Y a todo esto, ¿Cuándo era que iban a derogar la ‘Ley Mordaza’?

Humorista multidisciplinar: Guionista de televisión y viñetista desde los tiempos de “Diario 16”. La realidad no sólo supera a la caricatura sino también al dibujante.

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