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Los once principios de la propaganda nazi y la crisis del COVid-19. Principio de orquestación y principio de renovación


“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”.

Este es el enunciado del primero de los principios que analizamos hoy, el de orquestación. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Si hemos estado al tanto (y cómo no estarlo) de la información acerca de la pandemia, este principio es total y absolutamente meridiano.

Tanto Vox como el PP crearon varias ideas fuerza, y en ellas se han mantenido de manera impertérrita, difundiéndolas a través de sus medios palmeros, como OK Diario, El Mundo, Libertad Digital, La Razón o ABC. Esas ideas son, primero, que la pandemia se debe a la manifestación del 8 de marzo (hoy hace un mes). No vamos a negar que el hecho de que en ese fin de semana se concitaran una cantidad de eventos, entre ellos la manifestación feminista, no contribuyera al contagio, pero fue la noche del domingo cuando se dispararon las alarmas por la gran cantidad de personas que presentaban síntomas, personas que se habían contagiado como mínimo una semana antes, cuando los datos de ninguna manera eran graves. Cuesta creer la hipocresía de VOX que ese mismo fin de semana programó, o mejor dicho, contraprogramó su asamblea en Vistalegre, en donde el secretario general de la formación, que volvía de su periplo por lugares en los que ya había sido detectado una situación más grave, como el norte de Italia, o en el País Vasco, distribuyó a diestro y siniestro besos y abrazos ya enfermo, como se constató tres días después. Por ese orden de cosas podemos decir que Ortega Smith es el culpable de todos los casos de coronavirus que hayan surgido entre los asistentes al acto de VOX.

Por otra parte, también se instituyen las ideas de que la culpa es de Pedro Sánchez, del que el Gobierno actúo tarde y de que miente acerca de las cifras de muertos, y que hay que cambiar de gobierno. Y esos tres días se repiten, con algún matiz, un día tras de otro, machaconamente tanto para justificar, otras cosas, la amenaza de no respetar el confinamiento, o de llevar al Tribunal constitucional el decreto de alarma. En síntesis, se trata de hacer un retrato del gobierno de España como mentiroso, incapaz y dictatorial, sin haber aportado ni una solución.

Respecto al séptimo de los principios, el de renovación, necesita de la emisión constantemente de informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. Poco más que añadir al ver la avalancha de noticias cada minuto en la que la ciudadanía se siente como el toro en la rueda de peones. Incluso se llega a llevar a cabo tareas de contrainformación, como se ha llegado en ocasiones en las que Casado, cuando está hablando el presidente del Gobierno en televisión, convoca él una rueda de prensa.

Asimismo, si la crítica es entorno a los PCR o a los test rápidos, y se da una respuesta, rápidamente por parte del gobierno se irá a decir que eso es mentira (volvemos al principio 6), y se sacará otra noticia acerca de la posibilidad de un cambio de gobierno (tela marinera), para luego apuntillar con la de que el confinamiento no es la mejor manera de controlar el contagio, a pesar de que en tres semanas hemos bajado de u 20% a un 3%. Se dice que hay quien convierte las soluciones en problemas, y, en mi opinión, es esa la actitud de una parte de la clase política en esta crisis, que surge, no lo olvidemos, de un enemigo desconocido, con una rapidez de contagio inmensa, y que ha cogido como diana a los más vulnerables: los mayores.

Pero qué más da. Aquí lo que importa es tumbar al gobierno como sea, aunque para ello haya que proponer un cambio de gobierno presidido por Rosa Díez, o Felipe González o José María Aznar (VOX dixit). Una majadería del tamaño de una catedral, pero que repetida una y otro día hay a quien le suena hasta sensato.

En resumen, toda la artillería, políticos y medios, de la derecha y la ultraderecha puesta en marcha para generar noticias, muchas son bulos, anécdotas o tergiversaciones, para ocultar que las medidas están funcionando.

¡Viva la propaganda, fuera la información, señor Goebbels!

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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