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¿Bastará sólo con la memoria?


Me había propuesto no entrar en polémicas relacionadas con la política por dos motivos fundamentales: el primero, porque no creo que beneficie al ambiente; segundo, por mi propio bienestar. Sin embargo, me ha sido imposible evitarlo, pues he estallado ante la miseria moral que recorre las bancadas de la derecha en el Congreso de los Diputados. ¿Que Vox anuncia que va a asistir con sus 52 diputados al pleno del Congreso? El PP, moderado, anuncia que sólo irá con la mitad. Unos dan palmas, los otros bailan al son del compás verde. No es sólo que contradigan las indicaciones que ha dado el Gobierno en el Estado de Alarma, sino todo lo que arrastra. La imagen de una oposición que, de forma absolutamente desleal, se desentiende de las medidas que tomen el Presidente, la ministra y los ministros encargados. Les importa poco, no respetan la voluntad del pueblo español que puso al frente del Gobierno a Pedro Sánchez. Desde la oposición se lamentan de que Sánchez no se comunica con ellos (videoconferencias con los presidentes autonómicos y llamadas telefónicas personales al margen, claro está) así que, en una actitud digna de un párvulo, montan la pataleta y desobedecen para que les hagan caso. Actúan como niños malcriados que piensan que el mundo, o España en este caso, es algo suyo.

El PSOE en el Ayuntamiento de Madrid ha hecho más de 90 propuestas y un número de críticas al Gobierno Municipal próximo a cero. No es difícil hacer oposición con sentido de la responsabilidad y ahí está para demostrarlo la oposición en Castilla y León o la propia Madrid. Eso sí, cuesta trabajo, cuesta horas y exige de ciertos valores cívicos. Por eso, quizás, Martínez Almeida se haya ganado el respeto de su oposición o, Arrimadas, que ha mantenido una voz crítica con el Gobierno, no sea vista como una absoluta irresponsable.

¿Se dan cuentan, Vox y PP, de lo que están incubando? Algo similar al huevo de un reptil. Ese desplante al Gobierno y a las normas que se están aprobando para contener la pandemia puede favorecer que, los imprudentes como ellos, se vean legitimados a hacer lo que quieran. ¿De qué valdrá, entonces, todo el esfuerzo y sacrificio del personal sanitario, del personal que asegura los servicios mínimos, del personal que garantiza el abastecimiento, de la mayoría de la sociedad española confinada en sus hogares? Puede que, si eso ocurre, el esfuerzo colectivo no valga para nada. Sin embargo, esta imprudencia que van a cometer Vox y el PP creo que no gozará de ese efecto llamada, pues hay que dar las gracias de que el país está por encima de esa derecha que dice defenderle. ¡Que se hunda España, que ya la rescataremos! Esa es la lógica que opera y quizás, por eso, les veamos taladrar la madera del barco en lugar de verles en los remos. Tomando como referencia la célebre rueda de prensa de Margarita Robles me pregunto: ¿serán dignos de llamarse responsables políticos Abascal y Casado? Dejaré la pregunta como retórica ya que, si la respondo, la columna se convertiría en un ensayo.

A pesar de todo lo que he dicho, puede que en el fondo de nuestras mentes supiésemos que la derecha iba a actuar con semejante irresponsabilidad. Puede que así fuera, pero desde luego lo que parece seguro es que nunca van a cambiar en su manera de (des)hacer política. Por esto me pregunto si bastará con la memoria para hacerles frente. Lamentablemente, creo que no, también hará falta sentido de la responsabilidad. La derecha siempre va junta a votar. La izquierda que es crítica, como debe ser, no siempre va a votar, y no porque no tenga memoria, sino porque lo pretende todo. Basta un gesto, una medida, un desacuerdo para que el voto de la izquierda se esfume, pues “nadie me representa al cien por cien”. Quizás es hora de que las personas de izquierdas entendamos que eso es imposible. No debemos, si embargo, resignarnos a luchar y a pelear por el mundo mejor que tenemos en nuestro horizonte ideológico. Lo que sí digo es que, en ciertos momentos, nos hace falta pragmatismo y pensar que no sólo votamos a favor de ese horizonte, también votamos en contra de ir por otro camino. Votar, por ejemplo, a una fuerza política que defiende un sistema público de dependencia es votar, a su vez, en contra de la privatización de ese derecho, votar en contra de que ese derecho no sea dejado de lado. Pongo el ejemplo de la dependencia por evitar el de la Sanidad que ya hay artículos y textos de sobra sobre el tema. Votar a favor de un partido político que defiende la memoria democrática implica votar en contra de quienes no condenan el franquismo. Digo todo esto porque en las próximas elecciones nos encontraremos con alguna persona puritana, de la izquierda inmaculada y verdadera que dirá que no va a votar “porque el sistema esto”, “la coalición PSOE-UP lo otro”, etc.

Permítame la futurible persona adalid de la izquierda única y verdadera decirle lo siguiente: no vote a favor de nada si no quiere, pero, hágase este favor a usted y vote en contra de que Casado y Abascal gestionen una posible crisis como esta del coronavirus. Porque no sabemos cuándo volverá a ocurrir, así que mejor tener guardadas las espaldas. No vote a favor de la coalición PSOE-UP, vote en contra de la coalición PP-Vox, porque como usted y yo no vayamos a votar, los verdiazules llegan y, desde luego, ni usted ni yo queremos ese horizonte.