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La gran pandemia económica. La crisis de los años 20

“No te rindas”  

Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo


de alcanzar y comenzar de nuevo,


aceptar tus sombras,


enterrar tus miedos,


liberar el lastre,


retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,


continuar el viaje,


perseguir tus sueños,


destrabar el tiempo,


correr los escombros,


y destapar el cielo.

La epidemia del coronavirus ha puesto en evidencia cómo, desde el punto de vista de la economía mundial, China, el gigante asiático, es el centro neurálgico y el principal motor del desarrollo, pero en este momento el origen de un nuevo fenómeno mundial, una pandemia sanitario – económica a partir del covid 19. Se estima que la propagación del coronavirus, desde oriente hacia occidente costará a la economía mundial más de 280.000 millones de dólares en los primeros meses, una vez finalizado el confinamiento a nivel global.

Existen muchos tipos de coronavirus, solo dos de ellos han causado anteriormente enfermedades en el ser humano, conocidos como “virus del SARS” y “virus del MERS” con una tasa de mortalidad del 10% y 37% respectivamente. El nuevo coronavirus, conocido como 2019-nCoV tiene según la OMS una tasa de mortalidad del 2%, pero ha desencadenado por sorpresa una de las mayores crisis sanitaria y económica a nivel mundial.

La mayor crisis global después de la segunda guerra mundial, después de la crisis sistémica del 2008; y otra vez la factura la pagaran los más débiles, los desprotegidos, los trabajadores, 25 millones de nuevos parados según la OIT. La pérdida de empleo redundará, igual que sucedió en la crisis de la década pasada, un descenso de los ingresos de los trabajadores. La OIT estima un impacto negativo que podría alcanzar los tres billones de euros, para finales del 2020, lo que además podrá repercutir en una disminución del consumo de bienes y servicios.

“Ya no se trata solamente de una crisis sanitaria global, la mayor en un siglo desde la mal llamada gripe española de 1918, sino que supone una grave crisis económica y laboral que está teniendo un fuerte impacto en las personas”, según ha declarado el Director General de la OIT, Guy Ryder.

La Pandemia contribuirá, como no, a un aumento significativo de los empleos en precario, al subempleo o a la generación de una mayor economía sumergida, al dar como resultado de la crisis, un recorte de horas trabajadas y lógicamente de salarios a nivel general, pero especialmente una rebaja salarial para aquellos empleos nuevos.

Los trabajadores que conserven sus empleos después del parón por confinamiento de la economía tendrán mucha dificultad en ajustar sus ingresos a la realidad económica, para el empleador puede resaltar más conveniente nuevos empleados con un coste inferior, lo que redunda en la conveniencia de despedir, para luego contratar a mejor precio.

Mientras en anteriores procesos de crisis, donde el autoempleo o la emprendeduría amortiguó este tipo de cambios, ahora este tipo de solución no será igualmente favorable, ya que los estímulos para la recuperación económica global, del entre otros supuesto “plan Marshall 2”, se verán dirigidos a los grandes empleadores.

De tal modo que la conocida como Pobreza Laboral, se incrementará de manera significativa, ya que la recesión y la caída de la actividad se cebará especialmente en los trabajadores más cercanos o por debajo del umbral de la pobreza.

En España, los sectores que probablemente se vean más afectados, serán sin duda alguna, los trabajadores de la industria turística, especialmente la hostelería, los trabajadores de la construcción y los obreros y los pequeños empresarios del campo, un sector que ya estaba castigado antes del desenlace de la crisis. Así mismo, es previsible que el número de empresarios de un solo trabajador (autónomos o free lance) disminuirá significativamente, aunque aumentarán los autónomos que trabajen como externos dependientes.

Según la OIT, el número de trabajadores pobres aumentará a finales de este 2020, entre 8 y 35 millones, a su vez, aumentará la desigualdad, particularmente en los grupos de personas más jóvenes, las personas mayores de 55 años y el colectivo de migrantes y a si mismo aumentará la brecha salarial de género1.

Las consecuencias psicológicas también tendrán, en esta ocasión, una repercusión que podría considerarse importante, ya que presumiblemente se observará un aumento de la ansiedad, la intolerancia a la frustración causará una elevación del nivel de agresividad social, se observará un incremento de los casos de estrés agudo y una elevación de la sintomatología en aquellas personas que se encuentran actualmente con alguna sintomatología psicógena.

En cualquier caso, muchas personas conseguirán superar el impacto, al igual que sucedió en la anterior década, lo conseguirán reciclándose, reinventándose, se apuntarán a nuevos procesos de formación que les abrirán nuevos horizontes, cambiarán de oficio, se fortalecerán, etc. Se prepararán para afrontar una nueva época. Estos colectivos suelen, por lo general, ser personas con buena autoestima y alto nivel de auto seguridad, gente que quiere hacer cosas para superarse en la vida, la mayoría entre 30 y 45 años.

Un estudio publicado por la revista británica Lancet, una de las publicaciones médica más prestigiosas del mundo, abordó el miedo y la soledad que afrontan quienes se enfrentan a una cuarentena como consecuencia del coronavirus y llegaron a la conclusión de que los efectos psicológicos negativos de la cuarentena incluyen estrés postraumático, confusión e ira, además de ansiedad y estrés, como he mencionado anteriormente.

Los factores que más estresan a las personas aisladas son no conocer el tiempo que va a durar la cuarentena, temores a infectarse, frustración, aburrimiento, suministros o información inadecuados, posibles pérdidas financieras y que, al salir del confinamiento, puedan quedarse con el estigma de la enfermedad, explica a BBC Mundo Jolie Goodman, de la Fundación de Salud Mental de Reino Unido.

El conflicto laboral puede transformarse en un malestar psíquico

Sin embargo, en estas situaciones, en el momento en que el trabajador no alcanza a tener una vida personal al margen del trabajo, cuando no consigue desenchufar mentalmente del conflicto y se encuentra día y noche atrapado por la idea del desempeño laboral, tal vez para no perder el puesto de trabajo, para no perder el tren del futuro; cuándo el trabajo le ocupa muchas más horas de las convenientes en su cabeza, en sus pensamientos, el malestar laboral se convierte en un malestar psicológico.

Todas estas circunstancias conducirán a un mayor esfuerzo personal, las personas van entendiendo que a partir de ahora se le exigirán un mayor número habilidades personales, de competencias; y este es el lado positivo, ya que despertará el interés por prepararse mejor. Mucha gente se adaptará con esta crisis al cambio, a la nueva era, a los nuevos paradigmas que se avecinan.

Sin lugar a duda, esta crisis ha despertado a ese monstruo llamado miedo, y hoy más que nunca se hace necesario enfrentarse al miedo, no vivir con él, aprender a vivir con la realidad del momento, observarla, aceptarla, asumirla y cambiar de actitud.

Esta crisis, también ha despertado la hipocondría, los temores a que las relaciones puedan afectarle y ello conduce en muchas ocasiones a buscar culpables. Las personas deberán volver a confiar en los procesos de socialización, pero sin duda veremos un recrudecimiento del rechazo a los diferentes, a los migrantes, a los otros; a todos ellos, a los que culpabilizarán de los males endémicos y económico laborales.

En cualquier caso, este confinamiento de la población a nivel prácticamente mundial puede dar lugar a nuevas formas, usos y costumbres que de algún modo den paso a nuevos paradigmas. La experiencia del trabajo on line, puede redundar en generalizar esta forma de vida laboral, que favorece de algún modo la conciliación laboral, evita la toxicidad por relaciones laborales, disminuye costes para el empleador y puede aumentar la eficiencia en algunos campos.

No solo el teletrabajo, puede cambiar el mercado laboral, también la empleabilidad de equipos de trabajo, a modo de oustsourcing, (subcontratas), puede constituirse en una práctica mucho más difundida que hasta ahora, que ahorra costes a la empresa, pero que genera, claro está, una mayor inestabilidad laboral, pero que, a la vez, alumbra un nuevo modelo operativo para un futuro próximo.

En cualquier caso, si hay algo seguro que siempre ha existido, es el cambio y la gestión del cambio, que implica elementos tangibles e intangibles. La gestión del cambio es una necesidad irrefutable en la gestión de la crisis.

*Andrés Cascio, Doctor, Psicólogo Social, Conferenciante. Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, Ha sido Director de Business Programs, Profesor de la Escuela de Estudios Empresariales y el Instituto de Formación Continua - IL3, Universidad de Barcelona, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. Director de Proyectos de UNICEF (Panamá) y del Fondo Social Europeo. España. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades de España y América Latina.

1Véase Expansión 18-3-20

Doctor en Psicología Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Docente de distintas universidades de España y América Latina.

Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE.