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¿Quien sufre más con el confinamiento y la pandemia?

Ante esta interesante pregunta quiero hoy ampliar el foco de reflexión y la mirada, la salud y la afección de cualquier enfermedad en nuestra salud depende siempre de determinantes sociales, de elementos externos al propio cuerpo y sus condiciones y siempre, aunque con frecuencia olvidamos o minusvaloramos esta máxima o la ignoramos, son los más vulnerables los que más sufren y más padecen porque a la posibilidad de enfermar le suman otras cargas añadidas que empeoran su situación.

¿Cómo decirle, por ejemplo, a personas que no tienen acceso al agua que extremen las medidas de higiene y se laven las manos con frecuencia, como decírselo a, por ejemplo, indigentes o transeúntes?, ¿cómo hacerlo con personas que no tienen acceso al agua en espacios de pobreza? O, ¿cómo plantearles distanciamiento si viven afinados o como decirles que dejen de trabajar y de actuar si no tienen ni lo necesario para sobrevivir?

Ninguna catástrofe es solo natural, ninguna pandemia es democrática, no afecta a todos por igual, igual que un terremoto de igual magnitud en El Salvador causa miles de muertes y en Japón ninguna o casi ninguna, una enfermedad global afecta más a aquellos que tienen peores condiciones de salud, mayor vulnerabilidad y la mayor vulnerabilidad o peores condiciones de vida tienen que ver con factores de desigualdad.

Las enfermedades no son democráticas ni afectan a todos por igual, ni afectan a todos los grupos sociales por igual. Todos los estudios y evidencias de los que disponemos a lo largo de la historia indican que siempre hay más mortalidad en cualquier de las situaciones críticas, pandemias o epidemias en aquellas personas con mayor vulnerabilidad, no es lo mismo disponer de recursos que no tenerlos, vivir o no hacinado, tener o no acceso a medicamentos o a atención sanitaria.

Como diría Barricada “el sol no calienta por igual en todas las cabezas y sino que se lo pregunten al que están debajo de nuestros pies”.

Además de diferencias en afección en la salud podemos encontrar diferencias también en cómo llevar la situación porque no es lo mismo, por ejemplo, tener trabajo o no o tener trabajo que nos permita vivir y sobrevivir (que con este mundo de capitalismo salvaje cada vez es más amplia y extensa la nueva clase de trabajadores pobres y del precariado), no es lo mismo tener problemas de salud o salud mental previos que no.

Los determinantes sociales de la salud son una evidencia y son los que explican las desigualdades y la mayor afección, y hay que trabajar activamente sobre ellos, también, por supuesto es un factor determinante el sistema de salud que tengamos y del que dispongamos y si se recorta en personal y recursos tendremos más afección y problemas como está pasando en nuestro país especialmente en aquellos sitios como en Madrid en los que se consideró desde hace un tiempo (en palabras de Aguirre y el PP) que la sanidad era un mercado y un negocio y había que privatizar y recortar. Lo mismo, por cierto, ocurre con nuestro sistema de respuesta residencial con persona mayores, algo de lo que quizá conviene hablar más y mejor otro día, pero si se recorta en recursos y lo único que cuenta es hacer una atención lo más barata posible en una ley de la selva sin piedad al final lo que ocurre es que sopla el viento en forma de virus esta vez y mueren los vulnerables y olvidados, las personas mayores en residencias.

Hay determinantes políticos y socio económicos que determinan nuestra salud, esta es una evidencia clara desde la Organización Mundial de la Salud y todo lo que sabemos y luego estas desigualdades o vulnerabilidades se cruzan con las enfermedades y entonces en interacción se producen las crisis y las afecciones.

Cabría, como también están haciendo algunos eminentes pensadores, filósofos o sociólogos preguntarse por la pandemia y sus causas globales: igual el modelo neoliberal radical tiene algo que ver: hacinamiento, deforestación, pérdida de biodiversidad, cambios en los usos de la tierra, hiper producción, vidas poco saludables, aumento de desigualdades, recortes en servicios públicos esenciales como la sanidad son factores muchísimo más reales y con impacto que las miles de ideaciones paranoides que se están desarrollando hoy una y otra vez en forma de rumores.

Como señala Bauman, por primera vez se puede hablar de una humanidad global y lo que pasa en una parte del mundo repercute en cualquier otra parte, estamos interconectados, aunque reconozcamos que, en muchos casos, no sabremos cómo, cuándo, ni cuáles serán esos efectos.

Esta crisis es una crisis sanitaria, sí, pero lleva consigo también acompañándola una crisis económica y social, y o nos hace pensar y cambiar de modelo y de condiciones de vida o será solo el principio de muchas más.

Un sistema como el actual de crecimiento exponencial sin freno aparente cuando, sin embargo, los recursos sí son limitados, y de aumento sin freno de las desigualdades es un sistema insostenible. Igual la enfermedad global a combatir se llama capitalismo neoliberal porque a él le debemos el recorte de la sanidad pública o de un modelo de atención de calidad a las personas mayores o los recórtese en servicios sociales o las formas de vida poco saludables o el aumento de las desigualdades, un sistema para el que la prevención de enfermedades, por cierto, como señala Chomsky, no es rentable. Si se recorta en servicios públicos la vulnerabilidad aumenta y la prevención de enfermedades desaparece, no hay salud colectiva.

El covid- 19 es una pandemia de la desigualdad también como todas las pandemias y desgraciadamente nuestro mundo rebosa de espacios de desigualdad e indigencia, con sistemas de salud débiles, falta de alimentos, falta de agua potable y otros déficits enormes. La gente muere día a día abandonados a su suerte en un sistema depredador.

Llueve, y llueve sobre mojado, pero no llueve igualmente para todas las personas por igual.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.