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EL PERIÓDICO
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Todo cambiará... o todo seguirá igual


Suele ser más fácil decir cuando algo ha empezado que cuando ha acabado. La realidad en la que nos movíamos sufre una interrupción brusca, y nunca se vuelve al punto en el que las cosas quedaron. En algún momento recordaremos estos días y constataremos los límites del suceso. La cuestión ahora es tomar conciencia de si esto va a ser un aprendizaje para futuros eventos, o si va a ser “ese acontecimiento del que usted me habla”. ¿Lo veremos como un suceso aislado, un caso único, o vamos a ser conscientes de que ha sido una primera vez? Porque como ya he denunciado anteriormente, esta pandemia no es una maldición bíblica ni un experimento que ha salido mal, sino la consecuencia de nuestro modelo de desarrollo. Y que las cosas vuelven a la vía por la que discurrían garantiza que volveremos a tropezar con la misma piedra.

Que el modelo de globalización mercantil irrestricta esté en crisis, y sea visible debido a las actuales circunstancias, no implica que vaya a desaparecer por las buenas, vamos a tener que hacer algunas cosas para reemplazarlo. Porque como toda estructura institucionalizada, posee mecanismos de permanencia, y los defensores del “business as usual” ya están trabajando en su conservación. Así, el presidente de Estados Unidos ha tardado poco en suspender las garantías de protección ambiental. Los hilos ideológicos que conectan a Trump con Moreno Bonilla quedan de manifiesto cuando vemos que la Junta de Andalucía se propone hacer lo mismo ¿Servirá de algo? ¿Tiene sentido reactivar de nuevo el falso debate economía-medio ambiente? No hay tal, obviamente. Sin vida ni salud no hay economía, y de hecho lo que está en crisis es el conjunto, al que ya estábamos subsidiando muy generosamente. Como ha circulado en twitter estos días, la economía mundial se ha hundido porque hemos empezado a gastar sólo en las cosas que necesitamos.

El modelo económico español se ha basado en actividades como el turismo, la inmobiliaria o el automóvil, del tipo que primero se abandona en cuanto vienen mal dadas, por lo que no es descabellado que nos adviertan de una reducción del PIB de un 8 o un 10%, y tampoco sería sorprendente que fuera mayor. Son las actividades que ya se hundieron en 2008, y que los gobiernos del PP se esforzaron en reflotar. Y ahí está el problema: hablamos de recuperación, de volver donde estábamos, cuando lo que necesitamos es construir un nuevo modelo y dirigir la inversión y el gasto a las actividades que permitirán una transición justa.

Los liberales han desaparecido… hasta que haya que pagar las facturas. Hemos podido ver hasta a exministros del PP defendiendo la sanidad pública y una renta básica, y a la mismísima directora gerente del FMI animando a los gobiernos a que hagan lo que sea necesario. A corto plazo será inevitable disparar el déficit público y la deuda, y por lo que se ve no habrá obstáculos. Otra cosa será a la vuelta de un año empezar a pagar, porque eso se hace con impuestos. No es el momento de bonificaciones o bajadas de impuestos, sino de contribuir. Tendremos que reformar el sistema fiscal para hacerlo realmente progresivo y una herramienta eficaz en la descarbonización de la economía. Nada que no sepamos, pero ahora es urgente.

Atender a las personas y las empresas afectadas por la paralización de la actividad es algo que hay que hacer con urgencia y generosidad. Se han perdido ingresos del trabajo y de actividades económicas, unas legales y otras alegales, porque la economía sumergida estaba ahí, y se ha visto igualmente afectada. Quienes vivían de esas actividades informales (talleres, venta ambulante, etc.) se han quedado sin ingresos, sin actividad en un futuro previsible y sin protección para los próximos meses. Si no se les ofrece alguna clase de amparo, la delincuencia organizada ocupará ese espacio y se creará un problema estructural para los próximos años.

Las políticas “liberales” arrasaron la ciencia, la cultura y la educación, y ahora queremos una vacuna en tres meses, diversión para el confinamiento y que nuestros hijos continúen sus estudios on line. La realidad es que muchos centros de investigación están cerrados, la estructura del sector cultural es precaria y corre un riesgo cierto de desaparecer, y nuestro sistema educativo solo puede plantearse herramientas telemáticas como paliativo. Y sin duda, son tres áreas esenciales sobre las que basar nuestro desarrollo económico en los próximos años. Y será así si somos conscientes de que esta epidemia es un aviso para que nos pongamos a la tarea y todo cambie. Si no, nada cambiará.

Nacido en 1967, es economista desde 1990 por la Universidad Complutense. En 1991 se especializó en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente por la Politécnica de Valencia, y en 1992 en Transportes Terrestres por la Complutense, empezando a trabajar en temas territoriales, fundamentalmente como profesional independiente contratado por empresas de ingeniería.

Ha realizado planeamiento urbanístico, planificación territorial, y evaluación de impacto ambiental. En 2000 empezó a trabajar en temas de desarrollo rural, y desde 2009 en cuestiones de políticas locales de cambio climático y transición con su participación en el proyecto de la Fundación Ciudad de la Energía (en Ponferrada, León).

En 2012 regresó a Madrid, hasta que, en diciembre pasado, previa oposición, ingresó en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, en el Servicio de Análisis Económico.