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EL PERIÓDICO
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Siempre Portugal


El 25 de abril siempre es una fiesta que tenemos muy presente, justo once días de otra que también está en nuestra memoria. Abril es un mes de alegrías: un pueblo acabó con una tiranía casi eterna, y otro intentó despedazarse de tanta incuria para alumbrar su Segunda República, y todo en primavera, y todo en la Península Ibérica.

Hemos vivido a espaldas de Portugal, hemos despreciado, ninguneado u olvidado a un pueblo que en la Historia contemporánea nos ofrece tres lecciones sin prepotencias, con elegancia, con ese saber estar y ser de un pueblo que no grita, pero que demuestra un civismo constante.

El 25 de abril, entre claveles rojos en las bocas de los fusiles, y entre las tuercas de los tanques, con alegría, acabaron con su dictadura, cansados de tanta mentira, opresión, y hartos de la guerra en África. En 1974 nuestra dictadura estaba muy enferma, hasta el dictador tuvo que hospitalizarse, pero seguía viva, reprimiendo y matando. Hubo de fallecer el dictador para que, muy lentamente, y todo muy medido y pactado comenzará a brillar un poco el sol en nuestro horizonte, con un trabajo enorme, con muchas cesiones, y también con muertos.

Pero Portugal nos ofrece más lecciones, y las dos últimas muy recientes. En primer lugar, cuando la última crisis vapuleó al país de una forma mucho más violenta que al nuestro, el país optó por combatirla, con dolor y sacrificios, pero sin olvidar a los que sufrían, sin la carnicería que los recortes provocó en la ciudadanía española gracias a un Administración que aprovechó la coyuntura para practicar su ideología neoliberal, sin sensibilidad alguna, mientras gran parte de los miembros de la formación que la sostenía nos demostraron qué hacer con el dinero público, hasta que la ignominia fue tal que el Parlamento les apartó del poder.

Y ahora mismo, en el espanto del coronavirus, Portugal se alza en Europa contra el egoísmo de algunos, y, sobre todo, su derecha se pone al servicio de su Gobierno para colaborar, y no para desestabilizar ni para generar bulos.

Muchos españoles, llenos de complejos imperiales, que no son más que ejercicios de las peores operetas, deberían mirar a ese país al oeste, y aprender algunas virtudes cívicas, algunas maneras de hacer política.

Siempre Portugal.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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