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Falta democracia, sobra demagogia

Si algo ha puesto de relieve esta situación de crisis es que aún nos falta bastante recorrido para ser una democracia consolidada.

Esto que acabo de decir puede que a muchos les parezca absurdo, porque se celebran elecciones libres y controladas en las que elegimos a nuestros representantes políticos en todas las administraciones.

Cierto, cada cuatro años, o menos, dependiendo si hay o no circunstancias que nos empujan a convocar elecciones, la ciudadanía es llamada a las urnas, y, entonces, hombre y mujeres electos se convierten en los que han de tomar decisiones y mejorar nuestras vidas.

Pero la democracia no es solo esto. No es un hecho cuatrianual, o bianual, o del periodo de tiempo que establezcamos. La democracia es una manera de concebir el desarrollo de la sociedad, con la participación de la ciudadanía. Y eso se consigue con otros órganos que no tienen que ser aquellos que todos conocemos: Las Cortes, las asambleas regionales, los plenarios municipales. En muchas ciudades, en muchos pueblos, en barrios se aprueben consejos de ciudad, sectoriales, de distrito en los que podemos llevar nuestra voz y aportar iniciativas, reclamaciones, que no tengan que esperar a que llegue un periodo electoral.

No me duelen prendas al decir que España es un país en el que se sabe reclamar poco, en el que se participa poco y, sin embargo, nos quejamos demasiado y a destiempo. Y esa queja, fundamentada no en una implicación personal, con conocimiento de nuestros derechos y nuestros deberes sino en las emociones más viscerales, es ampliamente aprovechada por la demagogia.

Si acudimos a la etimología de las palabras, costumbre tan perdida y tan aclaratoria, democracia y demagogia están compuestas en una parte por la misma palabra griega: demos, que significa pueblo. Pero se diferencia en la segunda parte: -cracia, poder, -ago, conducir. Por tanto, la democracia permite ejercer el poder al pueblo; la demagogia lo conduce. Porque si de algún instrumento se vale la demagogia es de la zanahoria, aunque sabiendo que nunca, nunca se podrá alcanzar, porque desde el principio es imposible.

La demagogia hoy en día se ha traducido por populismo. Bueno, lo compramos. Al fin y al cabo es llenar las primeras planas y los titulares de los medios con medidas que a todos nos gusta escuchar pero a todas luces irrealizables, y la mayoría no responden a la verdad.

No cabe duda de que para que prospere la demagogia debe de encontrar cierto terreno abonado. Normalmente surge cuando hay crisis, económica o de salud, como en el caso que nos ocupa. Además, también se sustenta en el miedo a perder que tenemos los seres humanos, a que nos arrebaten lo poco que poseemos, aunque ese expolio se fundamente en razones absurdas. Necesita, también, de una baja formación en el razonamiento crítico y en conocimientos, que permiten que la mayor barbaridad tenga cabida y sea creíble.

Por último, la demagogia, al contrario que la democracia, solo beneficia a unos pocos.

Estos tiempos son bastante propicios, para nuestra vergüenza, para que la demagogia campe por sus respetos. Bulos y falsedades se alían para hacer pasar por cierto lo que no lo es, para hacer llegar promesas que nacen ya muertas.

Pero ahí están los partidos populistas, los políticos populistas, elegidos democráticamente —paradojas de la vida—, manipulando, y haciendo pasar la democracia por demagogia.

La dicotomía es clara: que la ciudadanía no sea un mero grupo de electores, o perecer como rebaños de borregos en manos de lobos disfrazados de demócratas.

No hay más.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.