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EL PERIÓDICO
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El secuestro de la ciudadanía


La última felonía de la derecha, y uso esta palabra tan suya con conocimiento de causa, es el chantaje al gobierno de España, amenazando con no renovar el estado de alarma, aunque deja abierta la puerta de que si se explica a Casado personalmente el decreto, se lo pensará.

Cuando una piensa que en política lo último es anteponer el yo al nosotros, este líder de opereta, príncipe de Bekelar pasando revista — es de flipar—, como si fuera el propio presidente de la Comunidad de Madrid, mientras que la que ostenta el cargo se dedica a organizar fiestorros de mil personas cuando todavía no se ha podido erradicar el virus, este líder digo, cuyo complejo de inferioridad se pone de manifiesto una vez y otra en el Congreso, cuando agacha la cabeza, sin poder soportar escuchar su deslealtad, sus incapacidad de aportar nada más que el insulto, no tiene otra alternativa que cogernos de rehenes a los españoles y españolas para forzar el que “le hagan caso”.

Esto no dejaría de ser algo anecdótico si no estuviera apoyado por una pléyade de medios de comunicación, que incluso se dedican a hacer encuestas a falta de tres años de legislatura, encuestas que dada la línea de bulos de esos periódicos y de retorcimiento de la palabra, habrán cocido hasta encontrarlas irreconocibles, y que no tienen ninguna credibilidad.

Que alguien que vive en Somosaguas, o que cobra un pastón al mes, o que pertenece al IBEX 35 apoye a esta derecha inútil, es comprensible, ya que cuanto más inane, más manejable para los intereses neoliberales. Pero que alguien que tiene un trabajo precario, que no encuentra una vivienda digna, que ve como la hucha de las pensiones se ha ido derrochando, que ha vivido la angustia de una sanidad pública que no podía llegar a dar respuesta a la pandemia, que ha sido testigo de la situación de la residencia de mayores, vaya en contra de un gobierno que pone por delante el bien social a los intereses de las grandes fortunas, es incomprensible, más allá de que haya germinado el odio al socialismo, abonado por mentiras y bulos que es el pan de cada día. Se ha llamado criminal al gobierno por parte de quien recortó la sanidad a niveles intolerables; se ha llamado genocida al gobierno por parte del partido neonazi que ahora sienta en el parlamento; se ha llamado inútil al gobierno por parte de quien como toda aportación a la crisis ha ido a Mercamadrid, se ha paseado con un rebaño de ovejas, y se ha disfrazado de príncipe del ¡Hola!

Pero no caben razonamientos lógicos, no caben esfuerzos en que nadie se quede atrás, en mostrar que por primera vez los autónomos han cobrado una ayuda, que se han hecho ERTES para que las pequeñas y medianas empresas no caigan como en el 2008.

No vale que en mes y medio se haya podido controlar mayoritariamente la pandemia. Somos el país de “que me saquen un ojo paraqué a ti te saquen los dos”. No puede haber reconocimiento de la gestión en estas semanas en la que no han faltado alimentos, ni gasolina, ni medicamentos a los que en el día a día afrontábamos el confinamiento.

Esta pandemia ha sacado todos los esqueletos que estaban enterrados, la mezquindad, el odio y la venganza que esperaba agazapada desde la moción de censura que llevo al partido socialista al gobierno de España. Muchos de nosotros hemos visto como personas cercanas, amigos incluso, se convertían en caricaturas irreconocibles vestidos de un odio visceral hacia todo lo que oliera a gestión solidaria.

Para rematar la jugada la afirmación de que el estado de alarma prolongado tiene como fin el adoctrinamiento ideológico de la izquierda por este gobierno “social comunista”. Tal vez piensen que la ciudadanía sufrimos una especie de síndrome de Estocolmo y que nos encanta estar encerrados en casa, por propio gusto y no por convicción ciudadana… Bromas, penosas bromas aparte, la idiotez es de tal calibre que avergüenza verlas impresas en diarios que una vez fueron serios (¡Ay, don Torcuato Luca de Tena, si levantara la cabeza!).

Levantar el estado de alarma significa volver a una situación en las que las comunidades autónomas podrían, descoordinadamente, desescalar a su antojo, algo que Feijó, Torra y Urcullu querrían porque electoralmente y partidistamente les interesa, y Ayuso pues…, ya sabemos cómo es Ayuso… Entonces, si hubiera un rebrote ¿De quién sería la culpa?

En fin, mis queridos lectores, esto es como la piedra de Sísifo, que rueda una vez y otra desde la cumbre de la montaña, aunque nos empeñemos algunos y algunas en que aun merece la pena la lucha por la igualdad, por la justicia y por la solidaridad, y nos negamos que nos secuestren para chantajear al gobierno legítimo y que es de todos.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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