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Responsabilidad social y colectiva en desescalada

Tras un largo periodo de confinamiento inédito y sin ninguna situación comparable con muchas situaciones de incertidumbre, crisis y cambio aún pendientes, empezamos a salir del mismo con bastantes riesgos nuevos que están hoy haciéndose presentes; el primero de ellos es ,a mi juicio, la irresponsable llamada a las vísceras, el odio y el miedo que usan los traficantes del miedo para los que valen cualquier bulo, mentira o montaje en pro de conseguir sus objetivos de sembrar el odio, pasar facturas y conseguir cambios de régimen por las redes y no por las urnas, un reto que hay que abordar sí o sí porque el virus del miedo se expande y a la crisis sanitaria y económica puede venirle añadida una crisis global de la democracia, global por personajes que no creen en la democracia, léase Trump, Bolsonaro, Fini, Le Pen o VOX en España.

El segundo de los retos es no dejar a nadie atrás, es nuestra responsabilidad construir respuestas que no dejen a nadie atrás, reinventando nuestros servicios sociales y servicios básicos y extrayendo de todo esto la necesidad de no recortar en lo fundamental como la sanidad, la educación o los servicios sociales un bien y patrimonio de todos y todas que deberíamos preservar y cuidar.

El tercero es quizá más a corto plazo y tiene que ver con cómo abordar el futuro; de momento hay una mezcla entre reacciones negativas saltándose las medidas de seguridad establecidas a reacciones de denuncia de estas situaciones tomándose como vulgarmente se dice algunos ciudadanos "la justicia por su mano". No sabemos cuál es la dimensión de los incumplimientos pero no parecen pocos dadas las noticias que van llegando sobre salidas masivas, concentraciones o reuniones colectivas, y no solo en España sino también fuera, en una especie de reacción en cadena de respuesta de cansancio ante las restricciones anteriores; hay, en este sentido que seguir apelando a la prudencia y el sentido cívico colectivo para que no tengamos luego que lamentar las consecuencias, al sentido cívico individual y al colectivo para que la norma a seguir sea respetar las normas establecidas, y actuar con prudencia y no saltárselas, y para que no se produzcan tensiones ni conflictos innecesarios entre ciudadanos y ciudadanas, cuando lo que en realidad está en juego y necesitamos todos y todas es la cohesión y la solidaridad, porque otra de las cosas a reconstruir es el civismo, la solidaridad mutua, la buena vecindad, las redes de apoyo mutuo basadas en un ejercicio de la ciudadanía al tiempo responsable y solidario como comprometido porque nuevamente o salimos de esta todos juntos y en un marco de sociedad de derechos, una sociedad cuidadora, o el futuro que nos aguarda será aciago y complejo. Recuperar la política (espacio de discusión de lo público y colectivo), recuperar la necesidad de ponernos en el lugar del otro, de empatizar, de cuidarnos, recuperar el sentido de ciudadanos y ciudadanas debe estar en el centro de lo que queda por hacer pasando por encima de reacciones insolidarias, egoístas o de un individualismo radical, sumamente dañino pero muy efectivo que en los últimos tiempos impera en nuestro mundo bajo la máxima del "sálvese quien pueda" en un mundo, como dice Trump, de "triunfadores y vencidos" en el que solo cada uno puede elegir en que bando quiere estar en una reducción de la realidad que, sin embargo sigue engañando a la gente que compra y sigue este discurso. Hay que romper con el egoísmo individualista y con los análisis individualizadores o saldremos como sociedad debilitados aún más de una crisis como esta y sin haber aprendido nada.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.