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Tras el confinamiento nada será igual

El virus lo cambio todo y la adaptación a lo que supone el post virus será complicada, sin duda; uno de los primeros problemas y quizá el más importante a abordar es que quedan muchos espacios de incertidumbre que siempre son la situación más complicada de abordar porque, no saber a qué nos podemos enfrentar y no tener un plan de respuesta es la peor de las situaciones posibles, ya que supone manejarse en un terreno de incertidumbre siempre difícil de gestionar. No tener un plan de acción o respuesta es el peor de los escenarios.

No sabemos cómo podrá reducirse esta incertidumbre y si tendremos un marco de respuesta con el que poder abordar lo que tenemos delante, en muchos casos no sabemos si habrá respuesta y esta situación es la peor de las imaginables, especialmente desde el punto de vista psicológico porque se produce indefensión que es la peor de las situaciones de estrés imaginable: no saber a qué nos podemos enfrenar o que tenemos delante complica mucho las cosas y puede paralizarnos o situarnos en estado de crisis permanente porque se agolpan las preguntas: ¿Qué hago?, ¿qué pasara?, ¿cómo respondo? ¿hacia dónde camino? Si uno no encuentra y da un sentido a la realidad tenemos un serio problema de afrontamiento y cómo hacerlo. Y pueden aparecer también marcos de interpretación alternativos que dificulten el enfrentamiento o nos metan en interpretaciones alternativas complejas y difíciles y en sentidos que nos equivoquen que puedan ser útiles a corto plazo, pero perjudiciales a largo plazo, terreno abonado para los bulos, los rumores o la creación de chivos expiatorios y también para la manipulación de la realidad.

Entre las incertidumbres y sobre cargas está también, especialmente, la situación en la que nos encontremos, ¿tenemos trabajo?, ¿podríamos perderlo?, ¿podremos volver a nuestra antigua vida o se producirán muchos cambios? A más cambios y especialmente si se producen dificultades en las cuestiones clave como tener garantizado el sustento y poder sobrevivir los problemas aumentan. No es lo mismo tener trabajo que no tenerlo o tener mayores o menores dificultades para poder encontrar trabajo igual que no es lo mismo que el trabajo que tengas te de posibilidades de sobrevivir a que el trabajo que tengas te mantenga en la precariedad en lo que conocemos como "precariado": trabajar y ser pobre. No es lo mismo tampoco haber sufrido pérdidas en este periodo que no haberlo sufrido, y no es lo mismo tampoco que tus hábitos de vida tengan que transformarse más o menos, a mayor transformación y cambio, más dificultades de respuesta porque la situación nos requerirá más recursos, más habilidades, más adaptación y flexibilidad, y esa situación complicará las cosas.

Estamos ante situaciones que denominamos situaciones vitales estresantes y con ellas ocurrirá que se ponen en juego nuestras capacidades y habilidades, si tenemos habilidades y capacidades suficientes ante el cambio que tenemos delante podremos superarlo e incluso crecer (lo que suele ser lo habitual porque solo en situaciones de crisis y reto somos capaces de crecer), pero si la situación nos supera tendremos serias dificultades fundamentalmente de manejo del estrés o con respuestas de estrés que, en muchos casos, y especialmente si la situación de desborde se mantiene en el tiempo, producirán problemas importantes de sobre carga y saturación que producirá problemas psicológicos pero también físicos (tradicionalmente o como más frecuentes, problemas de sueño, corazón, hipertensión, dolores musculares) y sociales (problemas de relación con los otros, irritabilidad). También esta nuestra imaginación porque somos de los pocos animales capaces de construir en nuestra imaginación amenazas ficticias que podemos vivir como reales.

Otro de los factores clave que contaran en la respuesta y las consecuencias tendrá que ver con que hicimos ante los primeros retos o en la propia situación de confinamiento, por ejemplo, si no mantuvimos un horario pautado las cosas se complicarán especialmente o si nos dejamos guiar por el miedo y por los bulos arrastrándonos por el terror o si sumamos al aislamiento físico sanitario el aislamiento también emocional o social.

Si los cambios a abordar son de mayor magnitud, los problemas o la posibilidad de que se desborden las respuestas serán mayores y esta será otra dimensión clave, a menos cambio, más facilidad. También contara nuestra propia flexibilidad para adaptarnos, algo que puede y debe educarse y aprenderse.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.