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Renta Mínima Vital: un error técnico y político

Los últimos datos de Eurostat nos informan de que el 22,5 % de la población en la UE está en riesgo de pobreza o de “exclusión social”. Éste último es un eufemismo; un “púdico” eufemismo para evitar decir “miseria”, que eso es lo que significa. Una miseria que no es un fruto de una crisis inesperada, sino la consecuencia de una política premeditada practicada consciente de sus consecuencias; por eso, cuando éstas han aparecido, ha seguido aplicándose: ése era el objetivo; dicho cínicamente, “un daño colateral”, otro eufemismo; en realidad es “un daño intrínseco”.

Durante tres años consecutivos entre 2009 y 2012 estuvo creciendo hasta llegar casi el 25 %. ¿Se hizo algo? ¡Quizá sí! 2019 se ha cerrado con ¿solo? 112,9 millones de personas; ¡más del doble de todos los españoles! El informe señala el éxito de esa cifra porque es 1,2 % menos del nivel de 2008 y 1 % menos que el nivel de 2016. Llevamos una década conviviendo con una realidad social de más de 100 millones de miserables en la UE ¡y tan tranquilos!

El informe ofrece más datos; el desempleo de larga duración de las personas con pobreza y pobreza extrema (miseria), ¡por si fuera poco la que había!, aumentó del 2,9 % en 2009 al 3,4 % en 2017 ¡un incremento del 17 %! Dicho en términos de trabajadores pobres pasan del 7,6 % en 2006 al 9,5 % en 2016. Su deterioro aumenta el 20 %. ¿Habrá límite?

Estos datos actuales anticipan el futuro. En 2016 había en la UE más de 6,3 millones de jóvenes (15 a 24 años) que ni trabajaban, ni estudiaban, ni recibían formación, “ni-ni-ni”. El desempleo juvenil superaba el 40 % en varios Estado.

¿Estamos educando a la juventud diciéndole que no vale la pena el esfuerzo de estudiar y formarse para conseguir un empleo porque su probabilidad es de 6 de cada 10? Eso es poco más que tirar una moneda al aire; un puro cara o cruz, aunque con diferencias muy grandes: 7 % en Alemania pero 44 % en España y 47 % en Grecia. ¿Estamos educando en el pasotismo institucional? El que se fabrica para el futuro es más atroz: 26 millones de niños están en situación de pobreza y exclusión (miseria); ¡más de la mitad de todos los españoles. Son el 27 % de la población menor de 18 años. Se habla del abandono escolar, lo sorprendente es que no haya deserción escolar.

Se dice que se han desbordado los "amortiguadores de crisis social" para atender esta espantosa situación; otro eufemismo, se han anegado, porque se quiso anegarlos. Ahora se propone la institucionalización de la Renta Mínima Vital (RMV) porque en los países donde existe "reducen" la desigualdad. Se quiere integrar la desigualdad institucionalizándola. ¡Un disparate! Los apaños, los remiendos y los zurcidos son una solución admisible en emergencias pero sólo si tienen fecha de caducidad. No se pueden integrar como algo ordinario en un sistema que declara ¿cínicamente? que el trabajo es un derecho fundamental, que es parte del desarrollo de la persona.

Este problema político y económico, un mal reparto de la riqueza, tiene solución económica en las leyes del mercado. Además, la ética no permite institucionalizar la injusticia, institucionalizar el atropello a los derechos que, por otra parte, cínicamente, declara fundamentales. El derecho a la autoestima de vernos capaces de auto-mantenernos después de habernos formado, de producir riqueza, de disfrutar del placer de crearla, de recibir el aprecio de la sociedad que premia nuestro esfuerzo con el progreso en nuestro trabajo, de ser un ejemplo para nuestros hijos, de tantas cosas.

La RMV tira todo esto por el sumidero. Aún más, arruina la fraternidad y la solidaridad con el desafortunado; provoca una sensación insolidaria de huésped de un parásito que vive a su costa sin dar ni golpe, aunque sea contra su voluntad. Cierto que ese involuntario parásito que vive mal, pero el cociente beneficio / esfuerzo, con un cero en el denominador, es infinito. Y no creo que ningún hijo de padres parásitos se sienta bien, como ya tampoco ellos mismos, cuando identifique esa situación. Este sucedáneo de la "justicia civil" es tan humillante como la “caridad religiosa” de la recepción de la limosna a la salida de misa de 12. Substituir el "pobre de la Srª Marquesa", que con su cariada ganaba su cielo, por el "pobre del papá Estado", que así sobrevive, es igual de indeseable. Puede ser un remiendo, no una solución.

¿Cómo es posible que nadie, ni siquiera los sindicatos, se opongan a este atropello de la ética y de la dignidad del trabajador, que es la dignidad del ciudadano, que debían defender todos los partidos políticos? ¿Cómo nadie puede autocalificarse de progresista proponiendo este atropello "con ánimo de permanencia"? ¿Cómo tampoco elevan su voz los economistas si es en las leyes del mercado está la solución, y no en los subsidios, que eso son, aunque se les llame “renta” o se llamen como se llamen?

Gay Rider, Secretario General de la OIT ha dicho "No estoy convencido de que esa sea la mejor forma de plantear el futuro del trabajo. Hay un debate a corto y a largo plazo y hay que diferenciar ambos".

Ésta es mi contribución al debate.

Secretario primero del Ateneo de Madrid.

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