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El voto inútil: la Derecha y más allá

Nunca en la vida de la democracia reciente española se ha constatado una inutilidad mayor que el voto a la derecha y a la ultraderecha en las últimas elecciones generales. No cabe la menor duda de que la inmensa mayoría de su electorado, tras ese ruido de caceroladas y de insultos, debe sentir la mayor de las frustraciones. La misma que siente un aficionado al fútbol cuando ve que su equipo es derrotado una y otra vez por la inoperancia y la vaguería de sus jugadores, que en vez de buscar la portería se dedican a hacer entradas sucias y a provocar faltas hasta que el árbitro termina por echarles del campo.

La imagen de Javier Maroto vociferando como si estuviera arreando ganado, y no en un debate en el Senado, debe de remover hasta los cimientos a sus votantes educados en costosos colegios de pago. Qué decir tiene si hablamos de quienes votaros a los nuevos reconquistadores, que juraron por la espada de Cid que iban a devolver España (¿?) a los españoles, y, de momento, solo valen para organizar caravanas por Madrid.

En todos estos meses podríamos contar mil y una anécdotas acerca de las butades, insultos, bulos y falsedades que desde la derecha y más allá han ido pergeñando nuestro día a día, pero iniciativas, soluciones, aportaciones, ni una. En los anales de la Historia pocas referencias encontraremos, en el futuro, de estos partidos a la hora de buscar su utilidad a nivel nacional ante la crisis del CoVid19. Eso sí, si queremos testimonios gráficos de lo más parecidos a un triste comic podremos ver a Casado en el baño, entre ovejas, a Olona con mascarilla legionaria o a Álvarez de Toledo, de riguroso luto, asumiendo su papel de viuda negra, tan venenosa como ella. De banda sonora la batería de una cuchara, a lo mejor de plata repujada, contra una cazuela de acero alemán…

Eso sí, todos y cada una de los diputadas y diputadas de la derecha y más allá cobrando su sueldo religiosamente para no hacer lo que deben hacer, que para eso se les ha elegido, control, que no derribo, al gobierno, e iniciativas para mejorar la vida de las personas.

Ya se les han olvidado los muertos por la pandemia, y el estado de alarma, y la situación económica, a excepción de asombrarse por los bajos datos como si la pandemia solo nos afectara a España; todo se ha olvidado excepto, ahora, presentar una querella contra el ministro del interior por cesar, y tiene competencias para ello, a un cargo de confianza. El día a día marca su psicótico calendario de agravios: un día son los agricultores, otro día son los guardias civiles.

Es esta derecha tan inútil que acaba, ya lo he dicho muchas veces, como al Coyote de los dibujos animados: todas las trampas que pone al Correcaminos se vuelven contra él. Pero como el tonto que sigue la linde, se acaba esta y ellos no se apean del burro, machacando con los espantajos del comunismo, de Venezuela y de la dictadura democrática.

En política se puede tener la ideología que la ley te permita y blasonar de ella, pero lo que no se debe por respeto a los votantes es resultar total y absolutamente inoperante. De ahí mi observación respecto a la frustración. ¡Ah!, me diréis mis queridos lectores, el PP está subiendo en las encuestas. Cierto, porque todos los partidos tienen una fidelidad casi filial que hace que antes de que gane el enemigo prefieren seguir al lado de los suyos, aún a sabiendas de la inutilidad de su voto.

Quizá algunos de esos votantes de derechas recuerden ahora que Pablo Casado no fue el candidato de la militancia. Las primarias por voto directo de afiliados las ganó Soraya Sáez de Santamaría, a la que se le podría criticar muchas cosas, menos que no era una mujer de estado (cualquier comparación con Álvarez de Toledo sería una irrisión). Pero el aparato de Génova, con la larga mano de Aznar, presionó y nombró al que ahora está resultando un fiasco.

No se trata de hacer desaparecer a la derecha. Se trata de que la derecha no haga desaparecer la dignidad de la democracia. De los otros, de los que representan el más allá, del más allá, los de la mascarilla verde, mejor ni hablar. ¡Para qué!

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.