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La cultura y los toros

Las “ocurrencias” de la presidenta de la Comunidad de Madrid nos están dando mucha cuerda larga para los comentarios. Lo fueron las famosas fotos híbridas entre la Dolorosa y la niña gótica de “Ring”; también ocupó la primera plana la “D” del nombre del CoviD 19, por ubicarlo en diciembre; qué decir tiene la cascada de comentarios al respecto de la escultura en homenaje de las víctimas del virus, una especie de fantasma escatológico que parece ser duerme el sueño de los justos en el hueco de una escalera del palacio de la Puerta del Sol.

Pero no podía dejarnos la “original” Díaz Ayuso sin una guinda, como ha sido el sugerir una corrida de toros como homenaje a los sanitarios madrileños que han peleado y pelean hasta la extenuación para librarnos de la enfermedad. Que sí, mis queridos lectores, que esto que os cuento es así.

Creo que si el objetivo era protagonizar portadas, tuits y comentarios en redes sociales, el equipo de comunicación de Ayuso lo ha conseguido. Otra cosa es que sea admisible, a pesar de las fotografías que Rocío Monasterio, tal vez envidiosa del estrellato de la presidenta, se ha hecho envuelta en el capote de grana y oro frente a la puerta grande de la plaza de Las Ventas, defendiendo la “Fiesta Nacional”.

Al hilo de esto, llevo leyendo en redes la misma pregunta hace días: “¿son los toros cultura?”. Me atrevería a decir que no, pero arriesgándome a no ser políticamente correcta, sí afirmo que los toros forman parte de nuestra cultura, que no es lo mismo.

El toro y la cuenca mediterránea, en sus manifestaciones artísticas y religiosas, están totalmente imbricados uno en otra. Basta con mirar las cerámicas minoicas vinculadas a la figura del toro de Creta subyugado por Hércules, o recordar la leyenda del Minotauro, ese monstruo oculto en el laberinto de la isla y que halló la muerte bajo la espada de Teseo. El origen de Europa se vincula a la doncella del mismo nombre raptada por Zeus convertido en morlaco.

Incluso en la religión cristiana el toro tiene un lugar privilegiado entre las cuatro figuras, el tetramorfo, que simbolizan a los evangelistas, siendo el astado el que corresponde a Lucas.

La propia cultura romana, de la que somos herederos directos, utiliza a este animal para sus espectáculos, y era el salto de la garrocha, una de las suertes, la misma que podemos ver muchos siglos después, representados en la Tauromaquia de Francisco de Goya.

No se pueden poner puertas al campo, al igual que no se puede renegar el papel en todos los órdenes culturales que el toro, el torero y la Fiesta han supuesto. Sería objeto de decenas de artículos enumerar las obras musicales, pictóricas o cinematográficas en la que el centro son las corridas de toros y sus protagonistas.

Así mismo es absurdo pensar que el gusto por los espectáculos taurinos depende de ser de derechas o de izquierdas. Lo que sí es cierto es que han ido creciendo quienes abominan de la muerte de un animal como espectáculo, aunque a veces se nos olvida que también se puede asistir a la muerte de una persona en vivo y en directo por una cogida. No ha lugar, en una sociedad en la que se defiende la vida y los derechos de los animales a que persista una fiesta de estas características.

No ha lugar se mire por donde se mire. Reconozco su estética, el colorido, e incluso la belleza del toreo del capote. Pero cuando ya entramos en la “carnicería” de la varas, banderillas o estoque, todo se convierte en un sin sentido de sangre y muerte.

Cuando vamos a Roma visitamos el Coliseo, en donde se sacrificaron hombres y fieras, y es uno de los monumentos más emblemáticos de la cultura clásica. Pero a nadie se le ocurriría resucitar el circo romano y la lucha a muerte de gladiadores.

Reconozcamos el papel que la tauromaquia ha tenido en nuestra cultura. No es incompatible con dejar que el toro bravo viva en la dehesa para poder ser contemplado y disfrutado como tantos otros animales, en su entorno natural y libre.

El mejor homenaje a los sanitarios será, seguro, unas condiciones de trabajo dignas, que cubran las necesidades de la Sanidad pública y nos salvaguarden ante cualquier enfermedad, pandemia o no.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.