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Normalidad, anormalidad o nueva normalidad

El lenguaje es, sin duda, un elemento fundamental para configurar la realidad y enmarcarla, lo que determina la mayor parte de las respuestas; es tan importante, que desde hace años en el estudio de los movimientos sociales o de las configuraciones de valores políticos sabemos que es el elemento central; también lo saben movimientos sociales desde el célebre lema de lo privado es político del movimiento feminista, que centraba la atención en “politizar” y hacer problema colectivo y de todos lo que antes se trataba de recluir a la familia o la situación personal.

Definir la situación es, por tanto, un elemento clave para cualquier movimiento político o social o para quien quiera introducir valores y realidades, el marco es la clave.

Y a vueltas con el lenguaje encontramos hoy el debate o planteamiento de la “nueva normalidad”; para empezar podría decirse que el concepto normalidad siempre es relativo e incluso está cargado de varios peligros, porque las conductas que se consideren no normales o los grupos que se consideren no normales pueden ser perseguidos o sancionados y, por tanto, la definición de que se puede o no considerar normal es un factor de poder; se puede establecer la normalidad mediante criterios estadísticos (lo que hace la mayoría) o por ejemplo de autoridad o poder (lo que hay que hacer).

Lo normal era tocarse, ahora lo normal es no hacerlo, lo normal era ir sin mascarilla, ahora lo normal debería ser llevarla puesta, lo normal, porque nos protege y debería ser lo que todos hagamos, lo normal, porque nos permite adaptarnos mejor a las nuevas circunstancias, así que, en cierto sentido, hay una nueva normalidad, claro, porque hay cosas que antes no eran normales y ahora lo son y sin duda estar encerrado era una situación “anormal” por lo excepcional.

Pero nada vuelve nunca a ser igual tras una situación “anormal” o de crisis, como no lo es después de una pérdida o del duelo aunque deseemos volver a la situación anterior en ocasiones tratando de borrar o negar lo ocurrido especialmente si nos hace daño….nada será igual porque la “anormalidad” cambió como eran las cosas y ya no podrán volver al mismo sitio, solo podemos readaptarnos y cambiar a una nueva situación, cada momento es diferente y las normalidades se adaptan a las situaciones o nos las imponen como nuevas normalidades ligadas, con frecuencia, a luchas de poder: la esclavitud fue en su momento normal o lo fue quemar a brujas en la hoguera, o que las personas de color no pudiesen utilizar los mismos espacios que los blancos pero hoy, afortunadamente, y gracias a la lucha de muchos colectivos que se atrevieron a explorar otras normalidades, se consideran situaciones condenables, contestables y necesariamente cambiables.

Algo será o no normal en función de la valoración que se haga de ello desde diferentes principios de autoridad y desde el propio criterio estadístico, pero siempre será un terreno para la lucha, la pelea y la configuración de nuevas y diferentes realidades, un terreno en el que confrontarán opiniones y propuestas variadas, porque a veces lo anormal es el camino para cambiar las cosas y otras lo anormal es también un camino para volver atrás, sin duda la normalidad está ligada al cambio.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.