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El informe de la ONU de la pobreza o el patriotismo caduco

Aunque hace ya unos meses nos hicimos eco de la visita de Philip Alston, relator de la ONU y sus declaraciones sobre las dos Españas que había visto, ahora sale el informe definitivo, que nos produce una doble sensación. Por un lado, confirma lo que se ha venido denunciando desde que estalló la crisis económica y se puso en marcha la política de la austeridad y el recorte, y lo confirma no un partido de izquierdas o un sindicato de clase, ni una ONG, sino la ONU. Así pues, aquella política fue nefasta, condenó a la pobreza a muchos españoles, y aumentó la desigualdad de forma desorbitada. Pero esta posible satisfacción se empaña enseguida porque lo que nos cuentan las páginas del informe no es para alegrarse nada de nada.

Por eso, en estos tiempos de acendrado patriotismo de banderas hasta en las mascarillas, de banderas en coches descapotables o en forma de capas, que hemos visto en estos tiempos en las calles del Madrid más elegante, conviene recordar que ese patriotismo ha llevado a una parte de esa España que, supuestamente, tanto aman a una pobreza propia del mundo subdesarrollado. Una vez más, como siempre, porque esto no es nuevo, ni mucho menos.

El informe ve con esperanza el cambio de rumbo político, y llega hablar de la renta mínima, de política fiscal, de esfuerzo en la educación, de transparencia en la gestión de los dineros públicos, de lucha contra el cambio climático, y de imaginación a la hora de abordar los problemas. En una palabra, nos está hablando de otra manera de construir España, menos desigual, más justa, más solidaria.

Por eso, la Administración Central no debe descansar ni un momento, y menos en estos tiempos, debe recoger estas sugerencias, aunque algunas ya están en marcha o son una realidad. Ahora toca una reforma fiscal, una fuerte inversión en servicios públicos, con la educación y la sanidad como prioridades indiscutibles. Es la hora del rescate de las personas, de que nadie se quede atrás, pero de verdad, aunque se grite desde los escaños del Congreso que se sitúan en la parte derecha del hemiciclo, es hora de hacer mucha pedagogía, de combatir con hechos y palabras la demagogia populista, intensamente reaccionaria que padecemos. Avala la ONU, no ningún grupo bolivariano, supuestamente infiltrado en nuestro país.

La ONU sirve, claro que sirve, aunque solamente sea para que un relator visite nuestro país y nos muestre, sin retóricas, en pocas páginas, que hay una España que sufre, mientras nosotros vemos una que parece henchida de patriotismo y banderas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.